viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Puede estremecerse la piel
con el desvanecer de la lluvia
hecha espíritu por el calor.
Y sentir como su cuerpo lento
se vuelve alcohol en la ropa.
Pero entristecerse por la tiniebla
que cierne su mano blanda
en un día encapotado,
nos devuelve vulnerables
a la nostalgia dormida
de la memoria.
Ahora recojo las cenizas
que la tormenta deja olvidadas,
y me tizno los dedos de humedad sombría.
Esos dedos que fueron abrigo de tus pechos,
armas de amor sin las prisas del sueldo,
vaso vacío de otras aguas,
silencio engendrado de un verano
que habla sin gestos sobre el invierno.
Nada más nacer del musgo transparente,
me hago humano de rodillas,
para seguir trabajando en el remedio
que me erija el preso del mes.
Pero no escuchan los dioses
cuando no gritas con fe,
ni siquiera nosotros nos oímos.
Y sólo una bolsa con treinta y tres monedas
zarandea nuestro interés
y capitanea nuestro esfuerzo.
La última vez que vi a mi ilusión
agonizaba adolecida de suspensión de pagos.
Y es que la suerte la pringó
de alguna estupidez venérea.
con el desvanecer de la lluvia
hecha espíritu por el calor.
Y sentir como su cuerpo lento
se vuelve alcohol en la ropa.
Pero entristecerse por la tiniebla
que cierne su mano blanda
en un día encapotado,
nos devuelve vulnerables
a la nostalgia dormida
de la memoria.
Ahora recojo las cenizas
que la tormenta deja olvidadas,
y me tizno los dedos de humedad sombría.
Esos dedos que fueron abrigo de tus pechos,
armas de amor sin las prisas del sueldo,
vaso vacío de otras aguas,
silencio engendrado de un verano
que habla sin gestos sobre el invierno.
Nada más nacer del musgo transparente,
me hago humano de rodillas,
para seguir trabajando en el remedio
que me erija el preso del mes.
Pero no escuchan los dioses
cuando no gritas con fe,
ni siquiera nosotros nos oímos.
Y sólo una bolsa con treinta y tres monedas
zarandea nuestro interés
y capitanea nuestro esfuerzo.
La última vez que vi a mi ilusión
agonizaba adolecida de suspensión de pagos.
Y es que la suerte la pringó
de alguna estupidez venérea.