Ding-Dong.

Nommo

Poeta veterano en el portal
Era tu turno, para besar el santo.
Después de la fila india, en aquel templo religioso.
Pero siendo masculino, varón e hidalgo,
te sentías pletórico y orgulloso de ti mismo, sin necesidad de idealismo, o devoción.


Salimos a dar una vuelta, por las nubes del cielo. Aunque llovía a cántaros.


Resbaladizas son, y toboganes parecen sus lenguas de hielo.
Los truenos te hacían cosquillas, y te transformaban en Luna de miel.
Irradiabas noches de bodas, y rumiabas postres en silencio,
y eras, durante cinco horas seguidas, un tocino de cielo, y un flan.


Luego, bajamos sobre la montaña, y allí, nos esperaban los sauces llorones, de grandes bocas que alimentar.


Esos árboles mastican chicle de fresa.
Nos fuimos a pescar con ellos, al lago de las Vicisitudes.
Donde vive el mago del lago. Conseguiste un calamar rojizo, cuya textura era pétrea y polvorienta.
Magolago, para los amigos guisó sopa de tortuga, con guisantes verdes fritos.


Y ahora, me vas a tirar del pelo. Para llamar al timbre.


Ding-Dong. Ding-Dong.
 
La mujer.
En estado puro...
Es como una madre, para un bebé.
El hombre es el bebé. Muy inocente. Cree conquistarla. Pero ella le abraza y le besa, y le reconforta.
 

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