(Dis-) Utopía Amorosa

Samuel17993

Poeta que considera el portal su segunda casa
(Dis-)Utopía Amorosa (Esperpento amoroso)

Caminaba por la calles del pueblo. Olía a estiércol y, aunque era un pueblo, era raro ese olor tan desagradable, no solía oler así. El Sol de primavera quemaba la piel. Los ruidos eran inexistentes, era la hora de la siesta.

Me dirigía a la casa del “Piraña”. Le llamaban así porque de pequeño le encantaba Verano Azul y, además, tenía un gran parecido con ese gran entrañable personaje. Como milagro de la naturaleza, cambió. Se volvió un cachas de cuidado, daba miedo el muy mamón. Por si no fuera poco, él era un dandi, toda mujer que lo veía quedaba, como arte de magia, enamorada profundamente de él. Hay más, era un gran lector y poeta, cuyos poemas hasta la más realista la enamoraba. Todas caían, las hacía el amor y se buscaba otra; su lección numero uno: “Usar y Tirar”, así se gasta muy poco (Aunque a la larga sea fatal para el medioambiente, sobre todo para la flora). Él era como una especie de maestro: como un Hitch: especialista en seducción.

¿Y qué hay de mí? Me llaman “el Bujías” porque me encanta la Mecánica. Y, a diferencia de mi amigo el piraña, soy un desastre con las mujeres, un esperpento de las relaciones interpersonales amorosas. Mi amigo siempre me ha intentado ayudar; cuando me gustaba una chica él siempre me daba consejos, pero fracasaba siempre, aunque lo intentase como dos mil veces. Una vez, cuando me gustaba una chica llamada Eva, él me planteó un sofisticado y horrible plan, porque ya se veía de lejos mi fracaso monumental.

El plan fracasó. Al final, mi amigo se largó con ella y, como a todas, se la folló en el baño de ese asqueroso garito. Él me decía: “No es mi culpa; es una maldición, lo paso mucho peor que tú”, “Estaba muy buena y yo no soy de piedra”. Quiso repetir el plan, para ver si podía ligar con alguna, pero siempre pasaba lo mismo, pero con diferentes escusas: “No me gustas”, “Estoy enamorada de Piraña”, “Me lo prohíbe mi religión”, “Eres feo” y la mejor de todas: “No quiero cometer ningún crimen”, y, luego, se liaban con el Piraña… Tal fue su desesperación conmigo que incluso me quiso invitar de putas, pero yo decliné, porque no era un salido ni cerdo ni estaba tan desesperado, aunque sí que estaba tan desesperado.

El Piraña y yo dimos un paseo. Le conté que me gustaba una chica nueva. Él me preguntó sobre ella, con resignación: “¿Quién es?¿Es María, Erika, Coral, Sofía, Lucía, Sandra, o Elena?” y le conteste: “No, se llama Soraya” . Nos sentamos en un banco y le conté la historia.


Acababa de terminar de ayudar a mi tío en el taller, por dinero y por mi pasión por el automovilismo, que me venía de pequeño y que sabía que no me llevaría a nada. Para gastar mis fortunas (unos 2 euros de paga) me fui al bar de al lado. Me dirigí a la barra, me pedí una Mixta y vi a una chica llorando en una de las sillas de las mesas del bar. Extrañado por la imagen, me dirigí a su mesa. Entablamos conversación. No parecía muy guapa: era de estatura media, con una arruga diminuta y distintiva en el cuello, unas gafas extrañas que le daban un aire de intelectual y un pelo negro casi pegajoso. Ella estaba peor que yo, tenía una depresión de caballo. La pobre tampoco le iba bien el asunto amoroso, hasta dudaba, por su nulo éxito amoroso, de su sexualidad. Tampoco ayudaba esa personalidad de gusto hacia lo extravagante.

Después de muchos encuentros por pena, me di cuenta que era bastante divertida, pero de extraños gustos. Se llamaba Soraya y leía a un poeta rarísimo llamado: Gottfried Benn, un poeta expresionista alemán, que era su preferido. De sus charlas, ella me indujo a la lectura, pues yo para nada ni nunca me gustó ni la lectura ni lo intelectual. Me recomendó leer a poetas como Rubén Darío, Antonio Machado o Juan Ramón, a escritores como Kafka, Zafón o Valle-Inclán. Al principio, todos esos autores me parecían unos chiflados, pero me los leí e incluso les cogí cariño y me empezaron a gustar. E incluso me leí “El árbol de la Ciencia”, que en un principio me debió de parecer un pedazo de tostón infumable, junto con el resto en un tiempo record para ser un no lector. A ella le encantaba mi conversación y mis mejoras en todos esos campos en que ella se desnudaba y bañaba sus pensamientos. Además, parecía más alegre y feliz, enfundaba una sonrisa de sol a sol. Yo seguía igual de sólo, pero no pensaba en tener nada con ella, porque no me gustaba para nada aunque tuviera un encanto raro para leer o para mirar con esas gafas que mareaban con sólo mirarlas, eran como unos cristales cóncavos que se transfigurase la realidad. Con ella, me evadía de esa soledad en que, muchas veces, me sumergía.

Pero, un día, cuando ella se iba al baño, mi torpe cerebro tuvo un lapsus mental y me sorprendí a mi mismo pensando: “¡Qué culo tiene la muy cabrona!”. Del susto inconsciente, me caí de la silla y cuando volvió estuvo riéndose toda la hora. Pensé: ¡Maldito Freud!


Mi amigo al oír mi historia me dijo: “Es perfecta para ti”, “Me la tienes que presentar, la evaluaré (como si se tratase de un escáner de una maquina)”, “Ahora, entiendo tu mejora de tu vocabulario, de tu pensamiento y de tus conocimientos poéticos… lo que no haga una mujer a un hombre… es imposible”.

Al día siguiente, fuimos los tres al bar de siempre. Ella y él confraternizaron muy bien. Ella se quitó las gafas. Él me dijo en voz baja: “Ataca, me iré al baño y tú… ya sabes”. Él se fue al baño, mientras que ella le miraba sin quitarle un ojo de encima. No me importó ese estúpido detalle que no noté, y me lancé, pero ella me dijo: “Es que me he enamorado de él”, “Sabe de poesía, de filosofía… -resopló- es perfecto”. Pensé: “¿Sabe… ,de qué? ¿Y yo qué?. Yo que te he aguantado y ayudado, me dices esto de un subnormal que acabas de conocer. ¡Qué, payasa, he aguantado esa mierda poética tan inaguantable sólo por ti, pero eso te da igual, hija…!” Se me revolvieron las palabras en alcohol y fuego, que me ardía en el maldito estómago, que parecía que conspiraba contra mi figura. Ella seguía mirando, como una idiota, el lugar por donde se fue mi amigo.

Él volvió del baño y le mostré mi peor cara. Había sufrido los tres golpes más bajos del amor: Celos, desamor y me habían partido el corazón, todos a la vez y concentrados como un coctel molotov a la vieja usanza y sin moderación, todo de golpe. Yo lo miraba como si mi amigo me hubiera intentado asesinar, lo había hecho. Él lo entendió todo y yo me fui. Y Dejando allí a los dos tortolitos, al embrujado hacia el amor y a mi expresionista amor, pensé: “Vaya mierda es el amor. Si sólo hay palos… y más si quien lo recibe es un burro como yo. ¿Por qué seré tan tonto?”

A la semana siguiente supe que estaban saliendo; a él le encantaba su sensibilidad y su intelectualidad y ella no sé, de verdad, no quise saberlo, pero creo que lo que a todas... Ante esto, mi amigo, para consolarme, me invitó esta vez de verdad al comercio de la carne, y su novia Soraya, a la que seguía queriendo, fue diciendo que era un cerdo. Estuvieron emparejados y felices como unas perdices durante 4 años, y, luego, se casaron.

¿Yo? Bueno, me licencié en medicina como Benn, su poeta preferido del que me consideran continuador. Me compre una casa buhardilla conectada con el bar donde conocí a Soraya. Allí, cuando intento olvidar mis fracasos y no tengo fuerzas para continuar, le doy a mi corazón un poco de morfina de alcohol mezclada con versos mal formados de tal su deformidad que da miedo sólo con leerlos. Mi amigo y yo nos vemos por el bar de vez en cuanto, cada vez más amargado, y es que, siempre, fue una fiera indomable a la que nadie pudo domar, y su mordisco es muy dañino para quien se le acerca, por eso yo no me acerco mucho sino que sólo nos dirigimos unas pocas palabras, las necesarias.

Después de tantos años, he vuelto a verla, ella me sonríe intentando disimular felicidad, aunque sé que le pega el Piraña. Quiero odiarla, pero muchas veces viene a mi casa ruinosa y Bohemia, y hacemos el amor sobre la cama deshecha de mi hogar. Me da pena y creo que yo a ella; nos damos mucha pena viviendo vidas que no vivimos. Luego, tuvo tres hijos, se parecen a su padre: les encantan las Bujías.
 
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(Dis-)Utopía Amorosa (Esperpento amoroso)

Caminaba por la calles del pueblo. Olía a estiércol y, aunque era un pueblo, era raro ese olor tan desagradable, no solía oler así. El Sol de primavera quemaba la piel. Los ruidos eran inexistentes, era la hora de la siesta.

Me dirigía a la casa del “Piraña”. Le llamaban así porque de pequeño le encantaba Verano Azul y, además, tenía un gran parecido con ese gran entrañable personaje. Como milagro de la naturaleza, cambió. Se volvió un cachas de cuidado, daba miedo el muy mamón. Por si no fuera poco el era un dandi, toda mujer que lo veía quedaba, como arte de magia, enamorada profundamente de él. Hay más, era un gran lector y poeta, cuyos poemas hasta la más realista la enamoraba. Todas caían, las hacía el amor y se buscaba otra; su lección numero uno: “Usar y Tirar”, así se gasta muy poco (Aunque a la larga sea fatal para el medioambiente, sobre todo para la flora). Él era como una especie de maestro: como un Hitch: especialista en seducción.

¿Y qué hay de mí? Me llaman “el Bujías” porque me encanta la Mecánica. Y, a diferencia de mi amigo el piraña, soy un desastre con las mujeres, un esperpento de las relaciones interpersonales amorosas. Mi amigo siempre me ha intentado ayudar; cuando me gustaba una chica él siempre me daba consejos, pero fracasaba siempre, aunque lo intentase como dos mil veces. Una vez, cuando me gustaba una chica llamada Eva, él me planteó un sofisticado y horrible plan, porque ya se veía de lejos mi fracaso monumental.

El plan fracaso. Al final, mi amigo se largo con ella y, como a todas, se la folló en el baño de ese asqueroso garito. Él me decía: “No es mi culpa; es una maldición, lo paso mucho peor que tú”, “Estaba muy buena y yo no soy de piedra”. Quiso repetir el plan, para a ver si podía ligar con alguna, pero siempre pasaba lo mismo, pero con diferentes escusas: “No me gustas”, “Estoy enamorada de Piraña”, “Me lo prohíbe mi religión”, “Eres feo” y la mejor de todas: “No quiero cometer ningún crimen”, y, luego, se liaban con el Piraña… Tan fue su desesperación conmigo que incluso me quiso invitar de putas, pero yo decline, porque no era un salido ni cerdo ni estaba tan desesperado, aunque sí que estaba tan desesperado.

El Piraña y yo dimos un paseo. Le conté que me gustaba una chica nueva . Él me preguntó sobre ella, con resignación: “¿Quién es?¿Es María, Erika, Coral, Sofía, Lucía, Sandra, o Elena?” y le conteste: “No, se llama Soraya” . Nos sentamos en un banco y le conté la historia.

Acaba de terminar de ayudar a mi tío en el taller, por dinero y por mi pasión por el automovilismo, que me venía de pequeño y que sabía que no me llevaría a nada. Para gastar mis fortunas (unos 2 euros de paga) me fui al bar de al lado. Me dirigí a la barra, me pedí una Mixta y vi a una chica llorando en una de las sillas de las mesas del bar. Extrañado por la imagen, me dirigí a su mesa. Entablamos conversación. No parecía muy guapa: era de estatura media, con una arruga diminuta y distintiva en el cuello, unas gafas extrañas que le daban un aire de intelectual y un pelo negro casi pegajoso. Ella estaba peor que yo, tenía una depresión de caballo. La pobre tampoco le iba bien el asunto amoroso, hasta dudaba, por su nulo éxito amoroso, de su sexualidad. Tampoco ayudaba esa personalidad de gusto hacia lo extravagante.

Después de muchos encuentros por pena, me di cuenta que era bastante divertida, pero de extraños gustos. Se llamaba Soraya y leía a un poeta rarísimo llamado: Gottfried Benn, un poeta expresionista alemán, que era su preferido. De sus charlas, ella me indujo a la lectura, pues yo para nada ni nunca me gusto ni la lectura ni lo intelectual. Me recomendó leer a poetas como Rubén Darío, Antonio Machado o Juan Ramón, a escritores como Kafka, Zafón o Valle-Inclan. Al principio, todos esos autores me parecían unos chiflados, pero me los leí e incluso les cogí carió y me empezaron a gustar. E incluso me leí “El árbol de la Ciencia”, que en un principio me debió de parecer un pedazo de tostón infumable, junto con el resto en un tiempo record para ser un no lector. A ella le encantaba mi conversación y mis mejorar en todos esos campos en que ella se desnudaba y bañaba sus pensamientos. Además, parecía más alegre y feliz, enfundaba una sonrisa de sol a sol. Yo seguía igual de sólo, pero no pensaba en tener nada con ella, porque no me gustaba para nada aunque tuviera un encanto raro para leer o para mirar con esas gafas que mareaban con sólo mirarlas, eran como unos cristales cóncavos que se transfigurase la realidad. Con ella, me evadía de esa soledad en que, muchas veces, me sumergía.

Pero, un día, cuando ella se iba al baño, mi torpe cerebro tuvo un lapsus mental y me sorprendí a mi mismo pensando: “¡Qué culo tiene la muy cabrona!”. Del susto inconsciente, me caí de la silla y cuando volvió estuvo riéndose toda la hora. Pensé: ¡Maldito Freud!

Mi amigo al oír mi historia me dijo: “Es perfecta para ti”, “Me la tienes que presentar, la evaluaré (como si se tratase de un escáner de una maquina)”, “Ahora, entiendo tu mejora de tu vocabulario, de tu pensamiento y de tus conocimientos poéticos… lo que no haga una mujer a un hombre… es imposible”.

Al día siguiente, fuimos los tres al bar de siempre. Ella y él confraternizaron muy bien. Ella se quitó las gafas. Él me dijo en voz baja: “Ataca, me iré al baño y tú… ya sabes”. Él se fue al baño, mientras que ella le miraba sin quitarle un ojo de encima. No me importó ese estúpido detalle que no note, y me lance, pero ella me dijo: “Es que me he enamorado de él”, “Sabe de poesía, de filosofía… -resopló- es perfecto”. Pensé: “¿Sabe… ,de qué? ¿Y yo qué?. Yo que te he aguantado y ayudado, me dices esto de un subnormal que acabas de conocer. ¡Qué, payasa, he aguantado esa mierda poética tan inaguantable sólo por ti, pero eso te da igual, hija…!” Se me revolvieron las palabras en alcohol y fuego, que me ardía en el maldito estomago, que parecía que conspiraba contra mi figura. Ella seguía mirando, como una idiota, el lugar por donde se fue mi amigo.

Él volvió del baño y le mostré mi peor cara. Había sufrido los tres golpes más bajos del amor: Celos, desamor y me habían partido el corazón, todos a la vez y concentrados como un coctel molotov a la vieja usanza y sin moderación, todo de golpe. Yo lo miraba como si mi amigo me hubiera intentado asesinar, lo había hecho. Él lo entendió todo y yo me fui. Y Dejando allí a los dos tortolitos, al embrujado hacia el amor y a mi expresionista amor, pensé: “Vaya mierda es el amor. Si sólo hay palos… y más si quien lo recibe es un burro como yo. ¿Por qué seré tan tonto?”

A la semana siguiente supe que estaban saliendo; a él le encantaba su sensibilidad y su intelectualidad y ella no sé, de verdad, no quise saberlo, pero creo que lo que a todas... Ante esto, mi amigo, para consolarme, me invitó esta vez de verdad al comercio de la carne, y su novia Soraya, a la que seguía queriendo, fue diciendo que era un cerdo. Estuvieron emparejados y felices como unas perdices durante 4 años, y, luego, se casaron.

¿Yo? Bueno, me licencié en medicina como Benn, su poeta preferido del que me consideran continuador. Me compre una casa buhardilla conectada con el bar donde conocí a Soraya. Allí, cuando intento olvidar mis fracasos y no tengo fuerzas para continuar, le dio a mi corazón un poco de morfina de alcohol mezclada con versos mal formados y tal su deformidad que da miedo sólo con leerlos. Mi amigo y yo nos vemos por el bar de vez en cuanto, cada vez más amargado, y es que, siempre, fue una fiera indomable a la que nadie pudo domar, y su mordisco es muy dañino a quien se le acerca, por eso yo no me acerco mucho sino que sólo nos dirigimos unas pocas palabras, las necesarias.

Después de tantos años, he vuelto a verla, ella me sonríe intentando disimular felicidad, aunque sé que le pega el Piraña. Quiero odiarla, pero muchas veces viene a mi casa ruinosa y Bohemia, y hacemos el amor sobre la cama deshecha de mi hogar. Me da pena y creo, que yo a ella; nos damos mucha pena viviendo vidas que no vivimos. Luego, tuvo tres hijos, se parecen a su padre: les encantan las Bujías.



Samuel
Tu historia se parece tanto a cosas reales que he palpado....creo que nunca debiste presentarle a piraña a Soraya, hay cosas que no se hacen.....pero sólo la experiencia de estos amores útopicos son la que nos queda...
Pienso en que hay tantos por ahí deslumbrando con su luz a las mujeres y después de que los conocemos son más oscuros
que orificio en la noche sin luna....y hay tantos seres que están dispuestos a entregar el corazón, pero no lo vemos...
Encantada de leerte en esta prosa que he sentido tan real
Tus estrellas y un abrazo
Ana
 
Cisne, que yo no soy el BUJIAS XD¡¡¡ Yo, por ejemplo, no me gusta la mecánica y siempre me gusto leer, y no tengo una amigo chulo; pero este tipo de historia, aunque tienes cosas mías, es un prototipo, sí parecido a mí, pero que he esperpentizado XD. Ni nunca me gusto una Soraya, es algo más simbólico... XD

Un saludo de Samuel.
 
(Dis-)Utopía Amorosa (Esperpento amoroso)



Caminaba por la calles del pueblo. Olía a estiércol y, aunque era un pueblo, era raro ese olor tan desagradable, no solía oler así. El Sol de primavera quemaba la piel. Los ruidos eran inexistentes, era la hora de la siesta.

Me dirigía a la casa del “Piraña”. Le llamaban así porque de pequeño le encantaba Verano Azul y, además, tenía un gran parecido con ese gran entrañable personaje. Como milagro de la naturaleza, cambió. Se volvió un cachas de cuidado, daba miedo el muy mamón. Por si no fuera poco el era un dandi, toda mujer que lo veía quedaba, como arte de magia, enamorada profundamente de él. Hay más, era un gran lector y poeta, cuyos poemas hasta la más realista la enamoraba. Todas caían, las hacía el amor y se buscaba otra; su lección numero uno: “Usar y Tirar”, así se gasta muy poco (Aunque a la larga sea fatal para el medioambiente, sobre todo para la flora). Él era como una especie de maestro: como un Hitch: especialista en seducción.

¿Y qué hay de mí? Me llaman “el Bujías” porque me encanta la Mecánica. Y, a diferencia de mi amigo el piraña, soy un desastre con las mujeres, un esperpento de las relaciones interpersonales amorosas. Mi amigo siempre me ha intentado ayudar; cuando me gustaba una chica él siempre me daba consejos, pero fracasaba siempre, aunque lo intentase como dos mil veces. Una vez, cuando me gustaba una chica llamada Eva, él me planteó un sofisticado y horrible plan, porque ya se veía de lejos mi fracaso monumental.

El plan fracaso. Al final, mi amigo se largo con ella y, como a todas, se la folló en el baño de ese asqueroso garito. Él me decía: “No es mi culpa; es una maldición, lo paso mucho peor que tú”, “Estaba muy buena y yo no soy de piedra”. Quiso repetir el plan, para a ver si podía ligar con alguna, pero siempre pasaba lo mismo, pero con diferentes escusas: “No me gustas”, “Estoy enamorada de Piraña”, “Me lo prohíbe mi religión”, “Eres feo” y la mejor de todas: “No quiero cometer ningún crimen”, y, luego, se liaban con el Piraña… Tan fue su desesperación conmigo que incluso me quiso invitar de putas, pero yo decline, porque no era un salido ni cerdo ni estaba tan desesperado, aunque sí que estaba tan desesperado.

El Piraña y yo dimos un paseo. Le conté que me gustaba una chica nueva . Él me preguntó sobre ella, con resignación: “¿Quién es?¿Es María, Erika, Coral, Sofía, Lucía, Sandra, o Elena?” y le conteste: “No, se llama Soraya” . Nos sentamos en un banco y le conté la historia.

Acaba de terminar de ayudar a mi tío en el taller, por dinero y por mi pasión por el automovilismo, que me venía de pequeño y que sabía que no me llevaría a nada. Para gastar mis fortunas (unos 2 euros de paga) me fui al bar de al lado. Me dirigí a la barra, me pedí una Mixta y vi a una chica llorando en una de las sillas de las mesas del bar. Extrañado por la imagen, me dirigí a su mesa. Entablamos conversación. No parecía muy guapa: era de estatura media, con una arruga diminuta y distintiva en el cuello, unas gafas extrañas que le daban un aire de intelectual y un pelo negro casi pegajoso. Ella estaba peor que yo, tenía una depresión de caballo. La pobre tampoco le iba bien el asunto amoroso, hasta dudaba, por su nulo éxito amoroso, de su sexualidad. Tampoco ayudaba esa personalidad de gusto hacia lo extravagante.

Después de muchos encuentros por pena, me di cuenta que era bastante divertida, pero de extraños gustos. Se llamaba Soraya y leía a un poeta rarísimo llamado: Gottfried Benn, un poeta expresionista alemán, que era su preferido. De sus charlas, ella me indujo a la lectura, pues yo para nada ni nunca me gusto ni la lectura ni lo intelectual. Me recomendó leer a poetas como Rubén Darío, Antonio Machado o Juan Ramón, a escritores como Kafka, Zafón o Valle-Inclan. Al principio, todos esos autores me parecían unos chiflados, pero me los leí e incluso les cogí carió y me empezaron a gustar. E incluso me leí “El árbol de la Ciencia”, que en un principio me debió de parecer un pedazo de tostón infumable, junto con el resto en un tiempo record para ser un no lector. A ella le encantaba mi conversación y mis mejorar en todos esos campos en que ella se desnudaba y bañaba sus pensamientos. Además, parecía más alegre y feliz, enfundaba una sonrisa de sol a sol. Yo seguía igual de sólo, pero no pensaba en tener nada con ella, porque no me gustaba para nada aunque tuviera un encanto raro para leer o para mirar con esas gafas que mareaban con sólo mirarlas, eran como unos cristales cóncavos que se transfigurase la realidad. Con ella, me evadía de esa soledad en que, muchas veces, me sumergía.

Pero, un día, cuando ella se iba al baño, mi torpe cerebro tuvo un lapsus mental y me sorprendí a mi mismo pensando: “¡Qué culo tiene la muy cabrona!”. Del susto inconsciente, me caí de la silla y cuando volvió estuvo riéndose toda la hora. Pensé: ¡Maldito Freud!

Mi amigo al oír mi historia me dijo: “Es perfecta para ti”, “Me la tienes que presentar, la evaluaré (como si se tratase de un escáner de una maquina)”, “Ahora, entiendo tu mejora de tu vocabulario, de tu pensamiento y de tus conocimientos poéticos… lo que no haga una mujer a un hombre… es imposible”.

Al día siguiente, fuimos los tres al bar de siempre. Ella y él confraternizaron muy bien. Ella se quitó las gafas. Él me dijo en voz baja: “Ataca, me iré al baño y tú… ya sabes”. Él se fue al baño, mientras que ella le miraba sin quitarle un ojo de encima. No me importó ese estúpido detalle que no note, y me lance, pero ella me dijo: “Es que me he enamorado de él”, “Sabe de poesía, de filosofía… -resopló- es perfecto”. Pensé: “¿Sabe… ,de qué? ¿Y yo qué?. Yo que te he aguantado y ayudado, me dices esto de un subnormal que acabas de conocer. ¡Qué, payasa, he aguantado esa mierda poética tan inaguantable sólo por ti, pero eso te da igual, hija…!” Se me revolvieron las palabras en alcohol y fuego, que me ardía en el maldito estomago, que parecía que conspiraba contra mi figura. Ella seguía mirando, como una idiota, el lugar por donde se fue mi amigo.

Él volvió del baño y le mostré mi peor cara. Había sufrido los tres golpes más bajos del amor: Celos, desamor y me habían partido el corazón, todos a la vez y concentrados como un coctel molotov a la vieja usanza y sin moderación, todo de golpe. Yo lo miraba como si mi amigo me hubiera intentado asesinar, lo había hecho. Él lo entendió todo y yo me fui. Y Dejando allí a los dos tortolitos, al embrujado hacia el amor y a mi expresionista amor, pensé: “Vaya mierda es el amor. Si sólo hay palos… y más si quien lo recibe es un burro como yo. ¿Por qué seré tan tonto?”

A la semana siguiente supe que estaban saliendo; a él le encantaba su sensibilidad y su intelectualidad y ella no sé, de verdad, no quise saberlo, pero creo que lo que a todas... Ante esto, mi amigo, para consolarme, me invitó esta vez de verdad al comercio de la carne, y su novia Soraya, a la que seguía queriendo, fue diciendo que era un cerdo. Estuvieron emparejados y felices como unas perdices durante 4 años, y, luego, se casaron.

¿Yo? Bueno, me licencié en medicina como Benn, su poeta preferido del que me consideran continuador. Me compre una casa buhardilla conectada con el bar donde conocí a Soraya. Allí, cuando intento olvidar mis fracasos y no tengo fuerzas para continuar, le dio a mi corazón un poco de morfina de alcohol mezclada con versos mal formados y tal su deformidad que da miedo sólo con leerlos. Mi amigo y yo nos vemos por el bar de vez en cuanto, cada vez más amargado, y es que, siempre, fue una fiera indomable a la que nadie pudo domar, y su mordisco es muy dañino a quien se le acerca, por eso yo no me acerco mucho sino que sólo nos dirigimos unas pocas palabras, las necesarias.

Después de tantos años, he vuelto a verla, ella me sonríe intentando disimular felicidad, aunque sé que le pega el Piraña. Quiero odiarla, pero muchas veces viene a mi casa ruinosa y Bohemia, y hacemos el amor sobre la cama deshecha de mi hogar. Me da pena y creo, que yo a ella; nos damos mucha pena viviendo vidas que no vivimos. Luego, tuvo tres hijos, se parecen a su padre: les encantan las Bujías.

Vaya historia que te has creado, buena trama y fluidez de pensamientos. Buenas letras. Mis felicitaciones, estrellas, besos y abrazos.:)
 
Sabes Samuel, me pregunto si uno de los tres hijos no tendrá cara de piraña jejeje:::sorpresa1::: a lo mejor Sí.

Relatas muy bien tu historia con creatividad y emotividad. Soraya, el Bujias y el Piraña me llevaron hasta el final de la historia con gran curiosidad. Plasmas situaciones vividas por personas adultas y las aterrizas de manera sorprendente para tu edad. Mi punto de vista en una situación así: El piraña debido conseguir una mujer y no mostrarsela a nadie, nunca debió seguir con Soraya como el amante. Pero bueno, precisamente que sea diferente a como dice la moral es lo que hace que tu historia llame la atención.

Te felicito amiguito. Gracias por compartir. Abrazos a tu corazón. Osa.



Posible cara del hijo del Piraña jejeje


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Gracias Osa, pero la historia es así, por un motivo: Esperpento. Jaja no quiero explicarme más, es que ahora no te quiero echar una charla XD.

Un saludo de Samuel.
 
Gracias por invitarme puesto que me diste oportunidad de conocer tu bella prosa. Está muy bien plasmada y los otros comentarios lo confirman. TE FELICITO Y TE ESTRELLO.
 
Un placer leerte amigo,mucha verdad y mucha telapara reflexionar sobre nuestros actos y los ajenos.Busca la luz en tu camino el camino oscuro siempre nos trae depresion.Suerte

hasta pronto
 
La venganza es un plato que se come frío.A los tres niños les encantan las bujías,jejeje.Fue un placer leerte,amigo Samuel.Gracias por compartie esta historia con todos nosotroas.Un abrazo,amigo escritor.
 
Jaja, sí, las bujias son referente paterno XD. Vamos un esperpento valleinclanesco... Gracias Dulcinista por leer. Un saludo de Samuel.
 
Hola, Tu relato es interesante, más no extraño porque son cosas que ocurren, pienso que el protagonista no debe desesperarse, porque como dicen: "A cada santo le llega su función" y "No hay mal que por bien no venga" si de estas experiancias él no aprendió...entonces que hace en la vida? Ha sido muy agradable leerte, para serte franca sonrei como loca por tu forma de narrar, estuvo divertido... saludos y estrellas
¡SONRIE
 
Genial relato !! Estrellitas y un abrazo .

(Dis-)Utopía Amorosa (Esperpento amoroso)

Caminaba por la calles del pueblo. Olía a estiércol y, aunque era un pueblo, era raro ese olor tan desagradable, no solía oler así. El Sol de primavera quemaba la piel. Los ruidos eran inexistentes, era la hora de la siesta.

Me dirigía a la casa del “Piraña”. Le llamaban así porque de pequeño le encantaba Verano Azul y, además, tenía un gran parecido con ese gran entrañable personaje. Como milagro de la naturaleza, cambió. Se volvió un cachas de cuidado, daba miedo el muy mamón. Por si no fuera poco el era un dandi, toda mujer que lo veía quedaba, como arte de magia, enamorada profundamente de él. Hay más, era un gran lector y poeta, cuyos poemas hasta la más realista la enamoraba. Todas caían, las hacía el amor y se buscaba otra; su lección numero uno: “Usar y Tirar”, así se gasta muy poco (Aunque a la larga sea fatal para el medioambiente, sobre todo para la flora). Él era como una especie de maestro: como un Hitch: especialista en seducción.

¿Y qué hay de mí? Me llaman “el Bujías” porque me encanta la Mecánica. Y, a diferencia de mi amigo el piraña, soy un desastre con las mujeres, un esperpento de las relaciones interpersonales amorosas. Mi amigo siempre me ha intentado ayudar; cuando me gustaba una chica él siempre me daba consejos, pero fracasaba siempre, aunque lo intentase como dos mil veces. Una vez, cuando me gustaba una chica llamada Eva, él me planteó un sofisticado y horrible plan, porque ya se veía de lejos mi fracaso monumental.

El plan fracaso. Al final, mi amigo se largo con ella y, como a todas, se la folló en el baño de ese asqueroso garito. Él me decía: “No es mi culpa; es una maldición, lo paso mucho peor que tú”, “Estaba muy buena y yo no soy de piedra”. Quiso repetir el plan, para a ver si podía ligar con alguna, pero siempre pasaba lo mismo, pero con diferentes escusas: “No me gustas”, “Estoy enamorada de Piraña”, “Me lo prohíbe mi religión”, “Eres feo” y la mejor de todas: “No quiero cometer ningún crimen”, y, luego, se liaban con el Piraña… Tan fue su desesperación conmigo que incluso me quiso invitar de putas, pero yo decline, porque no era un salido ni cerdo ni estaba tan desesperado, aunque sí que estaba tan desesperado.

El Piraña y yo dimos un paseo. Le conté que me gustaba una chica nueva . Él me preguntó sobre ella, con resignación: “¿Quién es?¿Es María, Erika, Coral, Sofía, Lucía, Sandra, o Elena?” y le conteste: “No, se llama Soraya” . Nos sentamos en un banco y le conté la historia.

Acaba de terminar de ayudar a mi tío en el taller, por dinero y por mi pasión por el automovilismo, que me venía de pequeño y que sabía que no me llevaría a nada. Para gastar mis fortunas (unos 2 euros de paga) me fui al bar de al lado. Me dirigí a la barra, me pedí una Mixta y vi a una chica llorando en una de las sillas de las mesas del bar. Extrañado por la imagen, me dirigí a su mesa. Entablamos conversación. No parecía muy guapa: era de estatura media, con una arruga diminuta y distintiva en el cuello, unas gafas extrañas que le daban un aire de intelectual y un pelo negro casi pegajoso. Ella estaba peor que yo, tenía una depresión de caballo. La pobre tampoco le iba bien el asunto amoroso, hasta dudaba, por su nulo éxito amoroso, de su sexualidad. Tampoco ayudaba esa personalidad de gusto hacia lo extravagante.

Después de muchos encuentros por pena, me di cuenta que era bastante divertida, pero de extraños gustos. Se llamaba Soraya y leía a un poeta rarísimo llamado: Gottfried Benn, un poeta expresionista alemán, que era su preferido. De sus charlas, ella me indujo a la lectura, pues yo para nada ni nunca me gusto ni la lectura ni lo intelectual. Me recomendó leer a poetas como Rubén Darío, Antonio Machado o Juan Ramón, a escritores como Kafka, Zafón o Valle-Inclan. Al principio, todos esos autores me parecían unos chiflados, pero me los leí e incluso les cogí carió y me empezaron a gustar. E incluso me leí “El árbol de la Ciencia”, que en un principio me debió de parecer un pedazo de tostón infumable, junto con el resto en un tiempo record para ser un no lector. A ella le encantaba mi conversación y mis mejorar en todos esos campos en que ella se desnudaba y bañaba sus pensamientos. Además, parecía más alegre y feliz, enfundaba una sonrisa de sol a sol. Yo seguía igual de sólo, pero no pensaba en tener nada con ella, porque no me gustaba para nada aunque tuviera un encanto raro para leer o para mirar con esas gafas que mareaban con sólo mirarlas, eran como unos cristales cóncavos que se transfigurase la realidad. Con ella, me evadía de esa soledad en que, muchas veces, me sumergía.

Pero, un día, cuando ella se iba al baño, mi torpe cerebro tuvo un lapsus mental y me sorprendí a mi mismo pensando: “¡Qué culo tiene la muy cabrona!”. Del susto inconsciente, me caí de la silla y cuando volvió estuvo riéndose toda la hora. Pensé: ¡Maldito Freud!

Mi amigo al oír mi historia me dijo: “Es perfecta para ti”, “Me la tienes que presentar, la evaluaré (como si se tratase de un escáner de una maquina)”, “Ahora, entiendo tu mejora de tu vocabulario, de tu pensamiento y de tus conocimientos poéticos… lo que no haga una mujer a un hombre… es imposible”.

Al día siguiente, fuimos los tres al bar de siempre. Ella y él confraternizaron muy bien. Ella se quitó las gafas. Él me dijo en voz baja: “Ataca, me iré al baño y tú… ya sabes”. Él se fue al baño, mientras que ella le miraba sin quitarle un ojo de encima. No me importó ese estúpido detalle que no note, y me lance, pero ella me dijo: “Es que me he enamorado de él”, “Sabe de poesía, de filosofía… -resopló- es perfecto”. Pensé: “¿Sabe… ,de qué? ¿Y yo qué?. Yo que te he aguantado y ayudado, me dices esto de un subnormal que acabas de conocer. ¡Qué, payasa, he aguantado esa mierda poética tan inaguantable sólo por ti, pero eso te da igual, hija…!” Se me revolvieron las palabras en alcohol y fuego, que me ardía en el maldito estomago, que parecía que conspiraba contra mi figura. Ella seguía mirando, como una idiota, el lugar por donde se fue mi amigo.

Él volvió del baño y le mostré mi peor cara. Había sufrido los tres golpes más bajos del amor: Celos, desamor y me habían partido el corazón, todos a la vez y concentrados como un coctel molotov a la vieja usanza y sin moderación, todo de golpe. Yo lo miraba como si mi amigo me hubiera intentado asesinar, lo había hecho. Él lo entendió todo y yo me fui. Y Dejando allí a los dos tortolitos, al embrujado hacia el amor y a mi expresionista amor, pensé: “Vaya mierda es el amor. Si sólo hay palos… y más si quien lo recibe es un burro como yo. ¿Por qué seré tan tonto?”

A la semana siguiente supe que estaban saliendo; a él le encantaba su sensibilidad y su intelectualidad y ella no sé, de verdad, no quise saberlo, pero creo que lo que a todas... Ante esto, mi amigo, para consolarme, me invitó esta vez de verdad al comercio de la carne, y su novia Soraya, a la que seguía queriendo, fue diciendo que era un cerdo. Estuvieron emparejados y felices como unas perdices durante 4 años, y, luego, se casaron.

¿Yo? Bueno, me licencié en medicina como Benn, su poeta preferido del que me consideran continuador. Me compre una casa buhardilla conectada con el bar donde conocí a Soraya. Allí, cuando intento olvidar mis fracasos y no tengo fuerzas para continuar, le dio a mi corazón un poco de morfina de alcohol mezclada con versos mal formados y tal su deformidad que da miedo sólo con leerlos. Mi amigo y yo nos vemos por el bar de vez en cuanto, cada vez más amargado, y es que, siempre, fue una fiera indomable a la que nadie pudo domar, y su mordisco es muy dañino a quien se le acerca, por eso yo no me acerco mucho sino que sólo nos dirigimos unas pocas palabras, las necesarias.

Después de tantos años, he vuelto a verla, ella me sonríe intentando disimular felicidad, aunque sé que le pega el Piraña. Quiero odiarla, pero muchas veces viene a mi casa ruinosa y Bohemia, y hacemos el amor sobre la cama deshecha de mi hogar. Me da pena y creo, que yo a ella; nos damos mucha pena viviendo vidas que no vivimos. Luego, tuvo tres hijos, se parecen a su padre: les encantan las Bujías.
 
Gracias Mujerbonita. El pobre Bujias le hago sufrir como yo sufro, aunque él es valiente y yo no eso es una gran diferencia, el Bujias no tiene nada que ver conmigo pero le he dado parte de mi alma y también la risa, soy como un Dios loco, como el de Judios y Cristianos, aunque , por lo menos, no hago como Pío Baroja: personaje que le cae bien, para no sufrir, lo mata Xd, yo no, a lo mejor es peor, pero es una forma de lucha por la vida que él tanto represento.

Un saludo de Samuel.
 
Me encanta ese desparpajo que tienes Samuel, hablando de ti...ode tu personaje, con ese desprecio casi cómico, yo lo llamaría más que una parodia, una tragicomedia. Me ha gustado el tono en que lo has contado. Y dan ganas de quererte, mucho más que al imbécil de tu amigo.
Gracias por el ratito y ¡Viva la literatura en cualquiera de sus múltiples registros!
 
Me he divertido mucho con tus personajes, al final, inesperado, una venganza silenciosa.
Saludos, amigo, gracias por la invitacion.
Sinceramente: ISABEL
 
Plagado de humor, interesante, un punto surrealista y, a la vez, la dura realidad se abre paso en el cruce de las relaciones humanas. Muy bueno, Samuel, he disfrutado un buen rato con tu descripción zoológica jeje. Besos,
 
Gracias Susi. Claro, humor irónica que es el drama de la realidad como espejos cóncavos como decía Valle-Inclan. A mi pobre protagonista lo destripe como lo hace un médico, viendo todo su ser. De la Risa, que en los hispano y el mundo general parece ser que es lo único que les gusta, he aprovechado para hacer tocar el corazón que tenemos para criticar la realidad.

Un saludo de Samuel.
 
Interesante relato con un final curioso,las vueltas que da la vida,al final una historia entrelazada de tres personas que no han conseguido ser felices,algo nada alejado de la cruda realidad de muchas relaciones.
Un gusto pasar por tu obra,Samuel,me parece muy interesante.
Un abrazo.
 
Comentarte quiero mi querido Samuel que me ha atrapado tu relato desde el principio al fin, es extraordinario, crea un ambiente
del que no se puede uno deconectar, muy bien relatado, sin que sobre ni falte nada y un tema muy sugerente, interesante y fresco, mis estrellas y mis aplauso me has sorprendido.
 

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