Y ví la muerte sentada
como monarca en su trono
entre su pálido rostro
y su sonrisa de invierno.
Sentí su aliento seco
erizando la piel desnuda
sobre el umbral del alma.
Terrible expectro,
ladrón de sueños...
!Odié su magia!
Ví a la muerte trocando
melodías en lamentos
sobre sus ojos distantes,
sobre sus labios dormidos
como charco entre las cañas;
y a mi corazón marchito
que agoniza junto a ella,
mientras callado plagia
sonrisas de primavera.
!He llorado por dentro!
Duele mostrarse roble
y ocultar raíces endebles
o mirar al horizonte
con los párpados caídos.
Duele que el tiempo se disuelva
entre manos temblorosas,
justo cuando las ansias
por los sueños de ultramar,
más te colman la vida.
!Qué tormento!
Dejo mis lágrimas quemadas
en el altar de Dios;
mis suspiros ocultos, y espero
las sombras de un milagro,
mientras contemplo a la muerte,
vil depredador que arrastra
lentamente su presa inerte
hacia la oscura maleza
del silencio y el olvido.
!La observo y callo!
como monarca en su trono
entre su pálido rostro
y su sonrisa de invierno.
Sentí su aliento seco
erizando la piel desnuda
sobre el umbral del alma.
Terrible expectro,
ladrón de sueños...
!Odié su magia!
Ví a la muerte trocando
melodías en lamentos
sobre sus ojos distantes,
sobre sus labios dormidos
como charco entre las cañas;
y a mi corazón marchito
que agoniza junto a ella,
mientras callado plagia
sonrisas de primavera.
!He llorado por dentro!
Duele mostrarse roble
y ocultar raíces endebles
o mirar al horizonte
con los párpados caídos.
Duele que el tiempo se disuelva
entre manos temblorosas,
justo cuando las ansias
por los sueños de ultramar,
más te colman la vida.
!Qué tormento!
Dejo mis lágrimas quemadas
en el altar de Dios;
mis suspiros ocultos, y espero
las sombras de un milagro,
mientras contemplo a la muerte,
vil depredador que arrastra
lentamente su presa inerte
hacia la oscura maleza
del silencio y el olvido.
!La observo y callo!