coral
Una dama muy querida en esta casa.
¿Donde estarás amado mío?
¡Nadie sabe, nadie sabe, nadie sabe!
Si su alma, se perdió en el infinito,
si su cuerpo yace inerte,
envuelto entre perfumados lirios.
¡Nadie sabe, nadie sabe!
Y ninguno me lo ha dicho,
si su barca naufragó…
cuando venía por el rio.
Un lamento, un hastío,
un grito desgarrador,
¡queriendo arrancar este dolor!
que carcome los sentidos.
Mi corazón hecho un lago
de duelo por su silencio,
no sé ,ni nadie mi lo ha dicho
si aun, tibio duerme en su lecho.
Mi piel, se hace cual territorio baldío,
que cuando despunta el alba,
se cubre con la fría escarcha.
¡Nadie sabe, ni me lo han dicho!
¡Nadie sabe que lo amo!
Y nada me responden,
porque nada les he preguntado,
¡preguntado, donde se encuentra mi dulce amado!
y yo… esperando, esperando, esperando,
que su voz venga cual relámpago,
en un huracán de versos, escritos por mi dulce amado.
Yo le pregunto a la luna,
¿por que la noche tan fúnebre y tan oscura?
alzo mis ojos hacia el firmamento…
elevando una oración al dueño del universo,
¡Que me de razón de mi amor!
¡de mi amor que tanto quiero!
que si he de pedirle perdón,
perdón por lo que guardo en mi pecho…
de rodillas rogaré para que me dé su perdón,
¡pero que tú, que tú me siga queriendo!
¡Nadie sabe, nadie sabe, nadie sabe!
Si su alma, se perdió en el infinito,
si su cuerpo yace inerte,
envuelto entre perfumados lirios.
¡Nadie sabe, nadie sabe!
Y ninguno me lo ha dicho,
si su barca naufragó…
cuando venía por el rio.
Un lamento, un hastío,
un grito desgarrador,
¡queriendo arrancar este dolor!
que carcome los sentidos.
Mi corazón hecho un lago
de duelo por su silencio,
no sé ,ni nadie mi lo ha dicho
si aun, tibio duerme en su lecho.
Mi piel, se hace cual territorio baldío,
que cuando despunta el alba,
se cubre con la fría escarcha.
¡Nadie sabe, ni me lo han dicho!
¡Nadie sabe que lo amo!
Y nada me responden,
porque nada les he preguntado,
¡preguntado, donde se encuentra mi dulce amado!
y yo… esperando, esperando, esperando,
que su voz venga cual relámpago,
en un huracán de versos, escritos por mi dulce amado.
Yo le pregunto a la luna,
¿por que la noche tan fúnebre y tan oscura?
alzo mis ojos hacia el firmamento…
elevando una oración al dueño del universo,
¡Que me de razón de mi amor!
¡de mi amor que tanto quiero!
que si he de pedirle perdón,
perdón por lo que guardo en mi pecho…
de rodillas rogaré para que me dé su perdón,
¡pero que tú, que tú me siga queriendo!
Prudencia Arenas
Coral©
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