Amadís
Poeta fiel al Portal
Dos jinetes
Al llegar la media noche
en la torre de la Vela,
invitándonos al sueño
doce campanadas suenan.
Está mi balcón abierto
a un limpio cielo de estrellas,
y un vientecillo del sur
hace girar las veletas.
Aromas hay a galán
que traspasando mi puerta
dejan absorta mi alma
que en soñarte se me vuela.
Oigo a lo lejos la Zambra:
guitarras y castañuelas
donde bailan los gitanos
y sus cantos reverberan.
Viste la luna de plata
y en la fuente se refleja,
un perro a lo lejos ladra,
la calle duerme desierta.
Me dirijo a su ventana
y ella atraviesa la reja
y montados en mi jaca
voy picando las espuelas.
Y en el silencio nocturno
escapamos a la era,
ella desnuda su cuerpo
nunca vi tanta belleza.
Sus cabellos de azabache,
son sus ojos como perlas,
es su cuerpo tan hermoso
que a las ninfas se asemeja.
Tú sabes bien de mi amor
y dudas de mí no tengas,
qué soy hombre de palabra
y me visto por las piernas.
Ese hombre mal nacido
a las cartas tu honra juega,
no tiene hombría ni alma,
ni te quiere ni respeta.
Yo te doy lo que mereces
eres para mí una reina,
nunca te faltará nada:
otra vida nos espera.
Vente conmigo, mi niña,
y de mí jamás tú temas,
que yo velaré tu sueño
cuando en mis brazos te duermas.
Despunta la madrugada
y lejos una silueta
de una jaca y dos jinetes
que van cruzando la sierra.
*Tercer romance
Al llegar la media noche
en la torre de la Vela,
invitándonos al sueño
doce campanadas suenan.
Está mi balcón abierto
a un limpio cielo de estrellas,
y un vientecillo del sur
hace girar las veletas.
Aromas hay a galán
que traspasando mi puerta
dejan absorta mi alma
que en soñarte se me vuela.
Oigo a lo lejos la Zambra:
guitarras y castañuelas
donde bailan los gitanos
y sus cantos reverberan.
Viste la luna de plata
y en la fuente se refleja,
un perro a lo lejos ladra,
la calle duerme desierta.
Me dirijo a su ventana
y ella atraviesa la reja
y montados en mi jaca
voy picando las espuelas.
Y en el silencio nocturno
escapamos a la era,
ella desnuda su cuerpo
nunca vi tanta belleza.
Sus cabellos de azabache,
son sus ojos como perlas,
es su cuerpo tan hermoso
que a las ninfas se asemeja.
Tú sabes bien de mi amor
y dudas de mí no tengas,
qué soy hombre de palabra
y me visto por las piernas.
Ese hombre mal nacido
a las cartas tu honra juega,
no tiene hombría ni alma,
ni te quiere ni respeta.
Yo te doy lo que mereces
eres para mí una reina,
nunca te faltará nada:
otra vida nos espera.
Vente conmigo, mi niña,
y de mí jamás tú temas,
que yo velaré tu sueño
cuando en mis brazos te duermas.
Despunta la madrugada
y lejos una silueta
de una jaca y dos jinetes
que van cruzando la sierra.
*Tercer romance
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