Dos llamas en equilibrio.

Cuando el amor arde,
los cuerpos respiran;
no se buscan: se invocan, se inspiran.
No son dos, sino un solo temblor
que, en la carne, despierta su flor.

Amor no es calma, ni el deseo, febril:
son dos llamas que tiemblan en auxilio,
como un rezo desnudo, sin exilio,
que, al tocarse, se vuelven abril.
El amor es dinámico, cambiante, transformador, una experiencia única.

Saludos
 

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