F. Noctívago
Poeta recién llegado
Cuando el amor arde,
los cuerpos respiran;
no se buscan: se invocan, se inspiran.
No son dos, sino un solo temblor
que, en la carne, despierta su flor.
Amor no es calma, ni el deseo, febril:
son dos llamas que tiemblan en auxilio,
como un rezo desnudo, sin exilio,
que, al tocarse, se vuelven abril.
los cuerpos respiran;
no se buscan: se invocan, se inspiran.
No son dos, sino un solo temblor
que, en la carne, despierta su flor.
Amor no es calma, ni el deseo, febril:
son dos llamas que tiemblan en auxilio,
como un rezo desnudo, sin exilio,
que, al tocarse, se vuelven abril.