Nancysant
Poeta que no puede vivir sin el portal
Querida amiga Geralda, gracias por tu linda presencia y comentario, un saludo y gran abrazo.Bellos versos impregnados de melancolía. Un gusto detenerme. Abrazo grande.
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Querida amiga Geralda, gracias por tu linda presencia y comentario, un saludo y gran abrazo.Bellos versos impregnados de melancolía. Un gusto detenerme. Abrazo grande.
Me alegra mucho, Luis, que te haya gustado y lo celebro amigo mío. Te envío un gran abrazo navideño. Feliz Navidad.Uffff...Honda nostalgia, hermosas imágenes...que más puede brindar un poema de esta belleza. El eco de la lluvia siempre trae tristezas pero a pesar de ello, me encanta pasear bajo la lluvia.
Un verdadero placer disfrutar de esta hermosura de versos Nancy.
Mis saludos cordiales y gran abrazo.
Muchas gracias querida Lourdes, me alegra verte por aquí, espero que este nuevo año sea lleno de emociones y muchas oportunidades que te llenen de felicidad. Feliz 2017. Un gran abrazo.Hermoso poema impregnado de sentimiento y melancolía que brota del corazón. Encantada de leerte como siempre. Saludos y Bendiciones.
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Eco de agua
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Solía decir la llaneza de las cosas,
las de la carne hechas de caricias,
las de suaves tulipanes y narcisos,
la del leño en fuego,
las de humedad de jungla
y esas sin cordura que son de sangre
y hacen temblar la compostura
cual si fuera el de un ramaje
por entero estremecido.
A veces susurraba un horizonte solitario,
otras acercaba el arrebato del gentío,
en ocasiones su páramo nostálgico
con algo del verdor de los caminos.
Germinaba en él un tono de mañanas,
hablaba las ideas sin resistir el ruido,
logrando la fuerza abierta del oleaje
y el bullicio del rumor en mis oídos
que en revueltas se iniciaba entrañable
con la ya existencia del recuerdo mío.
Contagiaba alguna rebeldía a su vocablo
al compartir lo clásico de la vida;
símbolos de ajenas circunstancias
que logré guardar en mis sentidos
para revivir la convergencia de palabras,
unas con otras en giratoria algarabía,
hasta que tomaron un rumbo de infinito
en blanco y el acento de su voz baja
se fue haciendo distancia enmudecida.
Ya no se escucha la mente alborotada
ni las fatigas de las sonoras risas,
ni el canto aquel de los pensamientos
que flotaron en la escena,
adquiriendo paisajes y sonidos.
Ahora solo se oye un eco de leve lluvia
enredado en el cenizo de un nosotros,
cuando una lágrima colgada de sus ojos
se viste con el agua de la mía.
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Muchas gracias Luzabsenta por hacer el recorrido a través del poema, me alegra que te haya gustado. Un saludo cordial.Armonia de versos para ir abriendo la sensibilidad
del lector, parado el eco para en telon abierto
llenarse de sentimientos nostalgicos. siempre
magia en tus lineas.
felicidades. disfrute al maximo. luzyabsenta
Tus palabras son muy grandes para mí estimado Alonso, pero las atesoro con cariño porque las valoro con la misma grandeza con que has mirado este sencillo poema, muchas gracias por estar. Siempre agradecida por tus cálidos comentarios. Un abrazo cordialmente.Si alguien pudiera creer que la poesía no existe, le convido a leer este poema: una maravilla en la dicción, un paisaje en cada imagen, un sentimiento en todos y cada uno de los versos... un eco de belleza sinigual.
Lleva la melancolía mucho de ese arte que atesoras y que no me canso de leer en cada entrega.
Un saludote desde estas tierras Nancy.
¡Qué bella nostalgia rezuman tus letras! y que hermoso final. Son palabras que tocan la fibra sensible del lector, que te atrapan con ese encanto del verso que, como dardo, llega al corazón. Un abrazo. LUIS.![]()
Eco de agua
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Solía decir la llaneza de las cosas,
las de la carne hechas de caricias,
las de suaves tulipanes y narcisos,
la del leño en fuego,
las de humedad de jungla
y esas sin cordura que son de sangre
y hacen temblar la compostura
cual si fuera el de un ramaje
por entero estremecido.
A veces susurraba un horizonte solitario,
otras acercaba el arrebato del gentío,
en ocasiones su páramo nostálgico
con algo del verdor de los caminos.
Germinaba en él un tono de mañanas,
hablaba las ideas sin resistir el ruido,
logrando la fuerza abierta del oleaje
y el bullicio del rumor en mis oídos
que en revueltas se iniciaba entrañable
con la ya existencia del recuerdo mío.
Contagiaba alguna rebeldía a su vocablo
al compartir lo clásico de la vida;
símbolos de ajenas circunstancias
que logré guardar en mis sentidos
para revivir la convergencia de palabras,
unas con otras en giratoria algarabía,
hasta que tomaron un rumbo de infinito
en blanco y el acento de su voz baja
se fue haciendo distancia enmudecida.
Ya no se escucha la mente alborotada
ni las fatigas de las sonoras risas,
ni el canto aquel de los pensamientos
que flotaron en la escena,
adquiriendo paisajes y sonidos.
Ahora solo se oye un eco de leve lluvia
enredado en el cenizo de un nosotros,
cuando una lágrima colgada de sus ojos
se viste con el agua de la mía.
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Eco de agua
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Solía decir la llaneza de las cosas,
las de la carne hechas de caricias,
las de suaves tulipanes y narcisos,
la del leño en fuego,
las de humedad de jungla
y esas sin cordura que son de sangre
y hacen temblar la compostura
cual si fuera el de un ramaje
por entero estremecido.
A veces susurraba un horizonte solitario,
otras acercaba el arrebato del gentío,
en ocasiones su páramo nostálgico
con algo del verdor de los caminos.
Germinaba en él un tono de mañanas,
hablaba las ideas sin resistir el ruido,
logrando la fuerza abierta del oleaje
y el bullicio del rumor en mis oídos
que en revueltas se iniciaba entrañable
con la ya existencia del recuerdo mío.
Contagiaba alguna rebeldía a su vocablo
al compartir lo clásico de la vida;
símbolos de ajenas circunstancias
que logré guardar en mis sentidos
para revivir la convergencia de palabras,
unas con otras en giratoria algarabía,
hasta que tomaron un rumbo de infinito
en blanco y el acento de su voz baja
se fue haciendo distancia enmudecida.
Ya no se escucha la mente alborotada
ni las fatigas de las sonoras risas,
ni el canto aquel de los pensamientos
que flotaron en la escena,
adquiriendo paisajes y sonidos.
Ahora solo se oye un eco de leve lluvia
enredado en el cenizo de un nosotros,
cuando una lágrima colgada de sus ojos
se viste con el agua de la mía.
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Eco de agua
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Solía decir la llaneza de las cosas,
las de la carne hechas de caricias,
las de suaves tulipanes y narcisos,
la del leño en fuego,
las de humedad de jungla
y esas sin cordura que son de sangre
y hacen temblar la compostura
cual si fuera el de un ramaje
por entero estremecido.
A veces susurraba un horizonte solitario,
otras acercaba el arrebato del gentío,
en ocasiones su páramo nostálgico
con algo del verdor de los caminos.
Germinaba en él un tono de mañanas,
hablaba las ideas sin resistir el ruido,
logrando la fuerza abierta del oleaje
y el bullicio del rumor en mis oídos
que en revueltas se iniciaba entrañable
con la ya existencia del recuerdo mío.
Contagiaba alguna rebeldía a su vocablo
al compartir lo clásico de la vida;
símbolos de ajenas circunstancias
que logré guardar en mis sentidos
para revivir la convergencia de palabras,
unas con otras en giratoria algarabía,
hasta que tomaron un rumbo de infinito
en blanco y el acento de su voz baja
se fue haciendo distancia enmudecida.
Ya no se escucha la mente alborotada
ni las fatigas de las sonoras risas,
ni el canto aquel de los pensamientos
que flotaron en la escena,
adquiriendo paisajes y sonidos.
Ahora solo se oye un eco de leve lluvia
enredado en el cenizo de un nosotros,
cuando una lágrima colgada de sus ojos
se viste con el agua de la mía.
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Que preciosidad amiga Nancy, que colección de bellas y certeras metáforas y que sentimiento tan melancólico y hermoso se va adueñando de tus versos a la vez que crece el poema para acabar con un cierre verdaderamente maravilloso. Me ha encantadooo amiga mía. Abrazote de colores para ti. Paco.
Ayyy Nancy, el eco de tus versos empapa el alma de sensaciones de amor, de caricias y recuerdos que envuelven al alma en una atmósfera de poesía y belleza. Puro placer para todos los sentidos deleitarse en la lectura de este hermosísimo poema. Me ha encantadooooo querida amiga, siempre me encanta. Besazos repletos de mucho cariño y de mucha admiración....muááááácksssss....
Impecable como siempre.
Un gustazo el haber disfrutado con la lectura de tan bello poema.
Besos y un fuerte abrazo Nancy.
La senda de la nostalgia se vuelve jardín en la melancolía, de aquello que supo estar florido, lleno de mariposas y abejas, un tejido multicolor con el que se vestía el corazón, hasta el día en que la despedida se hizo lluvia en las almas enamoradas y tan solo quedan las historias grabadas y doliendo en el alma. ¡Sublime poema! Un inmenso placer disfrutar de su magistral poesía, Nancysant, reciba mi mayor y más humilde felicitación y saludo.
Muchísimas gracias amigo malco, es grato recibir tu compañía, un saludo y gran abrazo.Susurrantes letras bordadas de exquisitas imágenes, cariños.
Impresionante como las imágenes se transforman hasta ser la evocación de una sublime tristeza. Simplemente una maravilla.![]()
Eco de agua
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Solía decir la llaneza de las cosas,
las de la carne hechas de caricias,
las de suaves tulipanes y narcisos,
la del leño en fuego,
las de humedad de jungla
y esas sin cordura que son de sangre
y hacen temblar la compostura
cual si fuera el de un ramaje
por entero estremecido.
A veces susurraba un horizonte solitario,
otras acercaba el arrebato del gentío,
en ocasiones su páramo nostálgico
con algo del verdor de los caminos.
Germinaba en él un tono de mañanas,
hablaba las ideas sin resistir el ruido,
logrando la fuerza abierta del oleaje
y el bullicio del rumor en mis oídos
que en revueltas se iniciaba entrañable
con la ya existencia del recuerdo mío.
Contagiaba alguna rebeldía a su vocablo
al compartir lo clásico de la vida;
símbolos de ajenas circunstancias
que logré guardar en mis sentidos
para revivir la convergencia de palabras,
unas con otras en giratoria algarabía,
hasta que tomaron un rumbo de infinito
en blanco y el acento de su voz baja
se fue haciendo distancia enmudecida.
Ya no se escucha la mente alborotada
ni las fatigas de las sonoras risas,
ni el canto aquel de los pensamientos
que flotaron en la escena,
adquiriendo paisajes y sonidos.
Ahora solo se oye un eco de leve lluvia
enredado en el cenizo de un nosotros,
cuando una lágrima colgada de sus ojos
se viste con el agua de la mía.
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