iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Camino el eco de tu nombre.
¿Cómo irse, cuando se queda mi alma
en el sitio
que ocupaba la carne?
Se inmaterializa el cuerpo
se me queda la esencia
ante tus manos
expectante de que el resto vuelva.
Desmoronándose en minutos,
queda este espíritu de mí,
sucumbiendo a la tentación de no irse
dejando las carnes desnudas
ausentes de alma.
Vuélveme el aliento
cuando se topa con las letras
conformando un nombre:
Tu nombre, repetido
como estación de un solo bus
que gira y vuelve siempre del viaje.
Cielorraso de estrellas zurcidas
donde van a parar esas que tú desgarras,
esas que muerdes con colmillos violentos.
Ungidos de la savia de mi tronco,
del tallo de mis madreselvas.
Caminos esteparios de mi corazón atónito,
perderán algunos pasos
al transitar tus besos.
Son veredas intricadas,
de un azul profundo.
Bordeadas de flores carnívoras
y panteras de acecho, hambrientas.
Ecos, y recovecos
luces deslumbradas
por la espesura
del loco transcurrir sin ritmo de tambores.
No labra, disocia los colores,
se forma cada uno de los gritos
desparramados por la pradera verde
que me forma tu nombre.
Laberintos en papel,
descifrados por grafitos
en cada extensión de las garras de la piel.
Mirada plagada de noche,
y un anhelo único donde te llama
el sabor de mi cuerpo, y la lujuria.
¿Cómo irse, cuando se queda mi alma
en el sitio
que ocupaba la carne?
Se inmaterializa el cuerpo
se me queda la esencia
ante tus manos
expectante de que el resto vuelva.
Desmoronándose en minutos,
queda este espíritu de mí,
sucumbiendo a la tentación de no irse
dejando las carnes desnudas
ausentes de alma.
Vuélveme el aliento
cuando se topa con las letras
conformando un nombre:
Tu nombre, repetido
como estación de un solo bus
que gira y vuelve siempre del viaje.
Cielorraso de estrellas zurcidas
donde van a parar esas que tú desgarras,
esas que muerdes con colmillos violentos.
Ungidos de la savia de mi tronco,
del tallo de mis madreselvas.
Caminos esteparios de mi corazón atónito,
perderán algunos pasos
al transitar tus besos.
Son veredas intricadas,
de un azul profundo.
Bordeadas de flores carnívoras
y panteras de acecho, hambrientas.
Ecos, y recovecos
luces deslumbradas
por la espesura
del loco transcurrir sin ritmo de tambores.
No labra, disocia los colores,
se forma cada uno de los gritos
desparramados por la pradera verde
que me forma tu nombre.
Laberintos en papel,
descifrados por grafitos
en cada extensión de las garras de la piel.
Mirada plagada de noche,
y un anhelo único donde te llama
el sabor de mi cuerpo, y la lujuria.