Egeón de Villalpando

Kein Williams

Poeta fiel al portal
Oh noble caballero, retoño de la tierra,
en tus manos confío el honor de mi pluma,
pues aunque soy un mancebo, puedo ser un poeta,
y con palabras tejer una historia de espuma.

Egeón de Villalpando
es el héroe de esta oda
hijo de Isidoro el Galo
y Beatrice la Visigoda.

Nacido en cuna de oro
bajo crianza de sabios
el príncipe de Viloro,
quien fue profetizado.

Mío es el cúmulo de versos y rimas,
y con ellos haré un poema épico sin igual,
que evocará batallas, amores y hazañas,
y llenará tus ojos de un brillo celestial.

Deja que mi mente viaje al pasado,
a una época de héroes y gestas,
donde la lucha por el honor era sagrada,
y las espadas cantaban al viento con fiereza.

Así comenzaré mi poema, con la historia,
del valeroso caballero que el tiempo ha vencido,
que alzó su espada por el honor y la gloria,
y en cada batalla demostró su valor y su temple ardido.

Cabalgaba con su corcel por los campos y llanos,
luchando contra los infieles y defensores del mal,
en cada combate dejaba su huella, su legado,
y el respeto y admiración de todos era su aval.

Se decía que el cielo estaba con él,
que su corazón era noble y puro,
y aunque la emboscada fuera cruel,
él siempre saldría victorioso, seguro.

Así transcurrieron los años de su vida,
repletos de batallas, amores y traiciones,
y en cada una de ellas se hacía más fuerte y valiente,
y se ganaba el respeto y la admiración de las naciones.

Venció al dragón de San Jorge
al nigromante de Catalunya
salvó a la doncella de la torre
a la que atrapó una bruja.

En las guerras celtíberas
triunfó ante Mastivegio
y fue por ello que los druidas
impusieron un día de festejo.

Fue quien logró amansar
a Cellux rey de los equinos
a quien llegó a cabalgar
en toda batalla que intervino.

Vención al trol de Rocadura
y desterró a los moros de Atalá
y bajo su mando hubo fortuna
paz, armonía y bienestar.

Fue tan grande su poder
que ganaba guerras sin pelear
era solo verlo llegar en su corcel
y el enemigo se rendía sin chistar.

Y con su pueblo repartió su riqueza
bajó los impuestos y creó reformas
incentivó el comercio, la ley de tierras
la educación, salud y otras normas.

Llamó a elecciones
bajo su protectorado
los reyes no son dioses
le dijo a sus ciudadanos.

Hasta que un día, al final de su camino,
decidió retirarse a su castillo, a descansar,
y allí, rodeado de su familia y amigos,
recordó con nostalgia sus tiempos de luchar y ganar.

Y así termino mi poema, noble caballero,
espero que te haya gustado y emocionado,
pues aunque soy un tan solo un mancebo,
espero que con mi poesía, tu alma haya tocado.
 
Entretenida tu fantástica historia que nos lleva a un supuesto medioevo, un personaje muy democrático para su época.

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Oh noble caballero, retoño de la tierra,
en tus manos confío el honor de mi pluma,
pues aunque soy un mancebo, puedo ser un poeta,
y con palabras tejer una historia de espuma.

Egeón de Villalpando
es el héroe de esta oda
hijo de Isidoro el Galo
y Beatrice la Visigoda.

Nacido en cuna de oro
bajo crianza de sabios
el príncipe de Viloro,
quien fue profetizado.

Mío es el cúmulo de versos y rimas,
y con ellos haré un poema épico sin igual,
que evocará batallas, amores y hazañas,
y llenará tus ojos de un brillo celestial.

Deja que mi mente viaje al pasado,
a una época de héroes y gestas,
donde la lucha por el honor era sagrada,
y las espadas cantaban al viento con fiereza.

Así comenzaré mi poema, con la historia,
del valeroso caballero que el tiempo ha vencido,
que alzó su espada por el honor y la gloria,
y en cada batalla demostró su valor y su temple ardido.

Cabalgaba con su corcel por los campos y llanos,
luchando contra los infieles y defensores del mal,
en cada combate dejaba su huella, su legado,
y el respeto y admiración de todos era su aval.

Se decía que el cielo estaba con él,
que su corazón era noble y puro,
y aunque la emboscada fuera cruel,
él siempre saldría victorioso, seguro.

Así transcurrieron los años de su vida,
repletos de batallas, amores y traiciones,
y en cada una de ellas se hacía más fuerte y valiente,
y se ganaba el respeto y la admiración de las naciones.

Venció al dragón de San Jorge
al nigromante de Catalunya
salvó a la doncella de la torre
a la que atrapó una bruja.

En las guerras celtíberas
triunfó ante Mastivegio
y fue por ello que los druidas
impusieron un día de festejo.

Fue quien logró amansar
a Cellux rey de los equinos
a quien llegó a cabalgar
en toda batalla que intervino.

Vención al trol de Rocadura
y desterró a los moros de Atalá
y bajo su mando hubo fortuna
paz, armonía y bienestar.

Fue tan grande su poder
que ganaba guerras sin pelear
era solo verlo llegar en su corcel
y el enemigo se rendía sin chistar.

Y con su pueblo repartió su riqueza
bajó los impuestos y creó reformas
incentivó el comercio, la ley de tierras
la educación, salud y otras normas.

Llamó a elecciones
bajo su protectorado
los reyes no son dioses
le dijo a sus ciudadanos.

Hasta que un día, al final de su camino,
decidió retirarse a su castillo, a descansar,
y allí, rodeado de su familia y amigos,
recordó con nostalgia sus tiempos de luchar y ganar.

Y así termino mi poema, noble caballero,
espero que te haya gustado y emocionado,
pues aunque soy un tan solo un mancebo,
espero que con mi poesía, tu alma haya tocado.


Bella historia. Con un final digno de tan épico héroe.
Gracias por compartir, ha sido un placer pasar.
Mis saludos.
 

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