El aire sin tu risa

Luis de Pablos

Poeta veterano en el Portal
Hoy por fin he comprendido
que el vivir no me redime
de la muerte.

Que lo que contigo era
una redención continua,
ahora que estoy solo
es un pequeño paseo
hacia la nada.

Que las horas
no tienen su luz propia
y que los días
transcurren subterráneos,
como un silencioso
río oscuro, anónimo,
incluso avergonzado.

Y que la soledad
no es un privilegio
que me otorgan tus labios,
si no un no saber estar
en la senda marchita
por la que deambulan otros.

Me queda mucho
que aprender
de la vida
en tu ausencia.

Quizá alguna vez
también comprenda
que merece la pena
el aire sin tu risa.
 
Hoy por fin he comprendido
que el vivir no me redime
de la muerte.

Que lo que contigo era
una redención continua,
ahora que estoy solo
es un pequeño paseo
hacia la nada.

Que las horas
no tienen su luz propia
y que los días
transcurren subterráneos,
como un silencioso
río oscuro, anónimo,
incluso avergonzado.

Y que la soledad
no es un privilegio
que me otorgan tus labios,
si no un no saber estar
en la senda marchita
por la que deambulan otros.

Me queda mucho
que aprender
de la vida
en tu ausencia.

Quizá alguna vez
también comprenda
que merece la pena
el aire sin tu risa.
Asumida tristeza que trata de buscar ese aire
no aprendido desde la pena conjugada. se abre asi
como un paseo melancolico que es infusion de
estadios plenos de sinceridad apropiada. el
poema es hermoso y deja como un rescoldo
de desolacion. felicidades. excelente.
saludos de luzyabsenta
 
No diga nada, mi querido Luis de Pablos, deje que el tiempo le devuelva el equilibrio
y se curen sus heridas; sólo así... quizás... pueda con el tiempo, lograr una mejor decisión.
Sencillamente bello su poema, pero sobre todo profundo y bien elaborado... ha sido un
gusto recorrer sus líneas...
Lo saluda: El Gitano.​
 
Hoy por fin he comprendido
que el vivir no me redime
de la muerte.

Que lo que contigo era
una redención continua,
ahora que estoy solo
es un pequeño paseo
hacia la nada.

Que las horas
no tienen su luz propia
y que los días
transcurren subterráneos,
como un silencioso
río oscuro, anónimo,
incluso avergonzado.

Y que la soledad
no es un privilegio
que me otorgan tus labios,
si no un no saber estar
en la senda marchita
por la que deambulan otros.

Me queda mucho
que aprender
de la vida
en tu ausencia.

Quizá alguna vez
también comprenda
que merece la pena
el aire sin tu risa.
No es lo visto verla que imaginarla, grato leerte
 

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