Amado mío, tan lejano y mudo.
Ayer el céfiro otoñal ungía
nuestra materia. Musgo, arcilla y líquido
en un solo hemisferio recostados.
El sol nos embriagaba las espaldas
y luego los celajes cárdenos y oro
ponían en tus olas sus libélulas
que extasiaban el eje de mi sombra.
Agonizante en el poniente el fénix
adoctrinaba el arco de la tarde
sobre el ángel risueño de tu espuma,
sobre mi patria desolada y triste
que te añora. Distante mar. Amor.
No van mis trenes ni los tuyos vienen.
Febrero 13, 2020