David Valdés Estrada
Fantasma sin número
Ha pasado un año y la ciudad
parece no haberse enterado que partiste.
¿Será acaso que sabe algo que yo no
y tú sigues quemando los parques,
con nubes fosforescentes y baba de caracoles
conseguidos en tus viajes a otros planetas?
¿Habrás sido tú el cupido que puso fin
a la soledad de una vaga y un mendigo?
¿Habrás puesto tu mano en mi hombro
mientras distraído lloraba frente al espejo?
No sé, no sé, y no me lo permito
saber, abrir la mente, dejarme tocar,
porqué tú, ángel hermoso,
terrorista de mi vida,
decidiste poner punto final a tu vida
en los días que arrancaba una mariposa,
los pedazos de capullo que sobraron
en sus alas después de la huída.
Desconozco del todo la razón
y eso me ata a una mazmorra,
custodiada por un ángel envenenado
con una pócima para hacer hablar a las ratas.
Podría salir si regresaras
e impidieras que mi sombra continuara
apareciendo cada noche
para sacarme a patadas de mi sueño,
y olvidarme que existo en este mundo
y ser parte de tu sueño entero.
Pero termino como siempre,
con esa esperanza de los primeros días,
esperando que cada lágrima
pueda ahogar todo rastro de tu antigua vida,
y hacerme creer que eres esa sombra
detrás de la espina, dentro de un huevo
que revienta a golpes de sofoco
un pollito, naciendo por milésima vez
a este mundo de karmas, amores,
y vidas como naves a la deriva.
Y encontrarte un día
en un puente a media asta,
o en un puerto, antes de mi final partida.
No necesitas que te nombre
sabes que te invoco cada noche.
Te amo princesa
:: Nuria.