Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Ella me despertó a las dos de la mañana el día de su cumpleaños, sus gritos venían desde el garaje.
Afuera cantaban los mariachis la tanda de canciones especial para los cumpleaños.
-Ven, ven, ven a ver.... mira qué hermoso cochecito, es rojo, es deportivo, le gritaba a su marido que dormía plácidamente a esas horas, lo acaban de traer. Seguramente es un regalo de mi padre.
Los mariachis terminaron de cantar lo más pronto posible las canciones que había contratado y se marcharon. La calle quedó nuevamente en silencio a expensas de la locura de los canes que parece juegan a descubrir un bulto trasnochado perturbando a la calle.
Amaneció, se levantó y fue a la cochera. Ahí estaba, era rojo, deportivo y chiquito, pero muy chiquito.
Se acercó con cuidado para no pisarlo, con la punta de la pluma hizo el intento de abrir las puertas pero no pudo, tenía puesto el seguro. Pegó de gritos para que le llevaran las llaves y nadie respondió, todos dormían. Fue él mismo a buscarlas, estaban ahí sobre el mueble que soporta al teléfono y su directorio, eran minúsculas, del tamaño de un alfiler doblado a la mitad. Volvió con él al patio de la entrada y se echo al piso, se puso los lentes para leer y así pudo introducir las llaves en la cerradura. Lo abrió pero de ninguna forma pudo meter la mano para echarlo a andar, los dedos de la mano no entraban en el espacio destinado al conductor por culpa del asiento. Lo cerró y se fue a dormir.
Por la mañana, entre sueños escuchó que ella ponía a andar el motor, muy claro se escuchó cómo se abrían las puertas de madera, y cómo el auto salia a la calle.
Vino Francisca a media mañana para preguntarle qué quería de desayuno.
-¿Y mi mujer?...
-Se fue con su hermana a probar el auto.
-¿Las dos?
-Sí, las dos...
-¿Y cómo pudieron meterse dentro? El auto es muy chiquito.
-Pues ya ve, la señora está rete delgadita y su hermana se fue en el asiento de al lado del chofer...
Le hablaron a usted pero estaba bien dormido, y ya no lo esperaron.
Afuera cantaban los mariachis la tanda de canciones especial para los cumpleaños.
-Ven, ven, ven a ver.... mira qué hermoso cochecito, es rojo, es deportivo, le gritaba a su marido que dormía plácidamente a esas horas, lo acaban de traer. Seguramente es un regalo de mi padre.
Los mariachis terminaron de cantar lo más pronto posible las canciones que había contratado y se marcharon. La calle quedó nuevamente en silencio a expensas de la locura de los canes que parece juegan a descubrir un bulto trasnochado perturbando a la calle.
Amaneció, se levantó y fue a la cochera. Ahí estaba, era rojo, deportivo y chiquito, pero muy chiquito.
Se acercó con cuidado para no pisarlo, con la punta de la pluma hizo el intento de abrir las puertas pero no pudo, tenía puesto el seguro. Pegó de gritos para que le llevaran las llaves y nadie respondió, todos dormían. Fue él mismo a buscarlas, estaban ahí sobre el mueble que soporta al teléfono y su directorio, eran minúsculas, del tamaño de un alfiler doblado a la mitad. Volvió con él al patio de la entrada y se echo al piso, se puso los lentes para leer y así pudo introducir las llaves en la cerradura. Lo abrió pero de ninguna forma pudo meter la mano para echarlo a andar, los dedos de la mano no entraban en el espacio destinado al conductor por culpa del asiento. Lo cerró y se fue a dormir.
Por la mañana, entre sueños escuchó que ella ponía a andar el motor, muy claro se escuchó cómo se abrían las puertas de madera, y cómo el auto salia a la calle.
Vino Francisca a media mañana para preguntarle qué quería de desayuno.
-¿Y mi mujer?...
-Se fue con su hermana a probar el auto.
-¿Las dos?
-Sí, las dos...
-¿Y cómo pudieron meterse dentro? El auto es muy chiquito.
-Pues ya ve, la señora está rete delgadita y su hermana se fue en el asiento de al lado del chofer...
Le hablaron a usted pero estaba bien dormido, y ya no lo esperaron.