Son turquesas de ríos sonorosos
las que brillan con prístinos fulgores,
y despiertan con gélidos ardores
emociones y llantos silenciosos.
Manantiales sublimes y furiosos,
alocados y libres de temores,
torrenciales, perversos, pecadores,
alimentan parajes muy hermosos.
La mirada del niño se mecía
en los rápidos bucles de la espuma
que -sin causa- persigue su agonía.
Sin embargo su estrépito perfuma
los amores de aquella infancia mía,
y ese néctar de bálsamo me abruma.
--..--
las que brillan con prístinos fulgores,
y despiertan con gélidos ardores
emociones y llantos silenciosos.
Manantiales sublimes y furiosos,
alocados y libres de temores,
torrenciales, perversos, pecadores,
alimentan parajes muy hermosos.
La mirada del niño se mecía
en los rápidos bucles de la espuma
que -sin causa- persigue su agonía.
Sin embargo su estrépito perfuma
los amores de aquella infancia mía,
y ese néctar de bálsamo me abruma.
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