El camino del Amor

Vicent

Poeta recién llegado
Pasaba por unos momentos difíciles. Las malas circunstancias visitaron mi vida y empecé a girar en una espiral de negatividad. Me sentía triste, y no lo deseaba. No deseaba sentir la sensación que producía la tristeza, y esa lucha, esa lucha interior, provocaba en mi una mayor tensión. Intentaba escapar pero no podía. Sentía la necesidad de llorar. Mis lágrimas querían ser expresadas, pero me negaba a ello. Me negaba a ser un perdedor; me negaba a verme yo mismo como un débil, y las reprimía.
Fue un periodo de desgaste. Yo seguía con mi estrategia, la estrategia de luchar contra el sentimiento, la estrategia de intentar alejarlo de mi, la estrategia de negarme a sentir aquello, y eso generaba mayor malestar. Se retroalimentaba, y no parecía tener fin. Pero comprendí que no había sabido aceptar la situación, y lo hice.
Comprendí que mi estrategia era errónea, y que en lugar de alejar a la tristeza de mí lo que conseguía era añadir mayor inquietud a mi ser. Y comprendí que no era tan malo sentir esa sensación, y que era cuestión de tiempo el que marchara y dejara manifestarse a la alegría, mi estado natural, nuestro estado natural.
En primer lugar permití a mi alma que se expresara. Me di el permiso para que mis lágrimas salieran de mí, y no quedaran dentro, y me di el permiso de ser más humano. Llorar ya no era de cobardes sino de valientes, y ya no era de débiles sino de seres humanos. Lloré, lo que necesitaba y más, y me liberé.
También dejé de luchar. Aquel intento por desprender por la fuerza a la tristeza de mí había sido un error, y eso en verdad a ella la hacía fuerte. Y la acepté.
La acepté. Acepté su visita. Acepté su visita como un huesped no solicitado, un huesped que estaría un tiempo y se marcharía. Acepté que durante un periodo de tiempo me iba a acompañar, para después marchar. Empecé a dejar de luchar para comenzar a sentir. Y se produjo lo esperado. La tristeza comenzó a debilitarse y ya no era perturbadora para mí. Yo le quité su fuerza, le quité su importancia, le quité su razón de ser.
Y reforcé mi nuevo plan con el amor. Comprendí que el amor supondría ya mi completa sanación, y supe que era el antídoto para la insatisfacción. Di amor a todo el que se cruzó en mi camino, intenté sentir ese profundo sentimiento junto con la solidaridad y la compasión, y lo logré. El amor lo cura todo, el amor lo puede todo.

Hace mucho tiempo ya de todo esto. Hace mucho tiempo ya que salí de mis errores y falsas interpretaciones, pero doy gracias a Dios por haber pasado por todo ello, pues me permitió encontrar el sentido de mi vida, me permitió encontrar el camino del Amor.
 

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