Es algo cruel que en la vida
nos arranquen como a sellos
los sentimientos más bellos
o la ilusión más querida
cuando en la corta subida
en busca de muchos años,
finalizan los peldaños
mientras volvemos la vista
añorando la conquista
que no llevó a desengaños.
Te asaltan celos extraños
cuando con rostro de adulto
vas deseando un indulto
al castigo de los años.
Pensamientos hermitaños
te arrinconan cuestionando
por qué se va desgastando
el cuerpo solo por fuera,
sin que adentro se te muera
la pasión que vas guardando.
Quisiera irme saltando
por los trillos de algún monte,
descubrir aquel sinsonte
que en la rama está trinando;
escuchar qué está cantando
la cascada en su caída;
lanzarme cuando decida
loma abajo en una yagüa
y mojarme con el agua
de una nube distraída.
Robarle a la tía Sigfrida
una guayaba y un mango,
tirarle bolas de fango
a la puerquita dormida.
Sentir de nuevo la vida
de unos labios que al besar
empiezan a revelar
que es un beso quinceañero
dejando que algun "Te quiero"
tímido logre escapar.
Y me gustaría montar
sobre el potro que mi abuelo
con tesón y con desvelo
se esmeraba por cuidar;
hasta quisiera escuchar
a mi madre muy sonriente
cantando sones de oriente
o brindándome cariño,
!Si pudiera ser el niño
que bebió su amor ardiente!
Lo difícil de la gente
a quien toca envejecer
es que empieza a perecer
teniendo vivo en su mente
el pasado y el presente
como una dulce canción.
Pero sin una razón,
para sus oídos moldeable,
se va volviendo inestable
el vigor del corazón.
Quedaron a la sazón
en el pasado los sueños,
mientras se tornan pequeños
los pasos y la visión,
guardando en el corazón
mucha rabia contenida
por la fuerza sustraída
sin nuestro consentimiento,
y por ver cómo el aliento
va preparando su huída.
Es algo cruel que en la vida
nos arranquen como a sellos
los sentimientos más bellos
o la ilusión más querida
cuando en la corta subida
en busca de muchos años,
finalizan los peldaños
mientras volvemos la vista
añorando la conquista
que no llevó a desengaños.
nos arranquen como a sellos
los sentimientos más bellos
o la ilusión más querida
cuando en la corta subida
en busca de muchos años,
finalizan los peldaños
mientras volvemos la vista
añorando la conquista
que no llevó a desengaños.
Te asaltan celos extraños
cuando con rostro de adulto
vas deseando un indulto
al castigo de los años.
Pensamientos hermitaños
te arrinconan cuestionando
por qué se va desgastando
el cuerpo solo por fuera,
sin que adentro se te muera
la pasión que vas guardando.
Quisiera irme saltando
por los trillos de algún monte,
descubrir aquel sinsonte
que en la rama está trinando;
escuchar qué está cantando
la cascada en su caída;
lanzarme cuando decida
loma abajo en una yagüa
y mojarme con el agua
de una nube distraída.
Robarle a la tía Sigfrida
una guayaba y un mango,
tirarle bolas de fango
a la puerquita dormida.
Sentir de nuevo la vida
de unos labios que al besar
empiezan a revelar
que es un beso quinceañero
dejando que algun "Te quiero"
tímido logre escapar.
Y me gustaría montar
sobre el potro que mi abuelo
con tesón y con desvelo
se esmeraba por cuidar;
hasta quisiera escuchar
a mi madre muy sonriente
cantando sones de oriente
o brindándome cariño,
!Si pudiera ser el niño
que bebió su amor ardiente!
Lo difícil de la gente
a quien toca envejecer
es que empieza a perecer
teniendo vivo en su mente
el pasado y el presente
como una dulce canción.
Pero sin una razón,
para sus oídos moldeable,
se va volviendo inestable
el vigor del corazón.
Quedaron a la sazón
en el pasado los sueños,
mientras se tornan pequeños
los pasos y la visión,
guardando en el corazón
mucha rabia contenida
por la fuerza sustraída
sin nuestro consentimiento,
y por ver cómo el aliento
va preparando su huída.
Es algo cruel que en la vida
nos arranquen como a sellos
los sentimientos más bellos
o la ilusión más querida
cuando en la corta subida
en busca de muchos años,
finalizan los peldaños
mientras volvemos la vista
añorando la conquista
que no llevó a desengaños.