Teo Moran
Poeta fiel al portal
Despacio, con las costuras del alma herida,
en la desigualdad del sendero agreste,
con solo una determinación apropiada
dejo caer las esporas del pinar antiguo
sobre el cauce del río escaso y tibio,
meto mis pies en la horma de su cristal
y me sumerjo en busca de su nostalgia,
porque quiero dibujar a las amapolas
hoy que el trigo ha sido cosechado,
pintar sus pétalos con la delicadeza
y con la tersura de un leve suspiro
a sabiendas de que yo también muero,
de que también he sido de nuevo segado,
mas hoy necesito ser parte de su camino,
ser el ganglio que da forma a su corazón.
En la vertiente, en las voces dejadas atrás
se apuran las últimas horas del día,
veo a las caras conocidas silenciosas,
como me miran tras sus párpados flácidos
bajo el renglón de una página en blanco,
no desean ninguna dificultad para vivir
sus últimos días en la apatía del pueblo.
-¡Pero dejo atrás mi huella en el río desnutrido
dando vida a las amapolas en el campo vacío!
Dibujando las espigas rotas bajo el sol
intento cerrar las costuras rotas del alma
mientras el sendero me lleva reposado
por entre las calles del pueblo dormido,
donde los días se visten de nostalgia,
y siento que aquellas miradas no me miran,
son solo parte del mobiliario del recuerdo
que lentamente van apagando su corazón,
son solo sombras de un cauce apropiado
que llevará de nuevo vida al campo en flor.
en la desigualdad del sendero agreste,
con solo una determinación apropiada
dejo caer las esporas del pinar antiguo
sobre el cauce del río escaso y tibio,
meto mis pies en la horma de su cristal
y me sumerjo en busca de su nostalgia,
porque quiero dibujar a las amapolas
hoy que el trigo ha sido cosechado,
pintar sus pétalos con la delicadeza
y con la tersura de un leve suspiro
a sabiendas de que yo también muero,
de que también he sido de nuevo segado,
mas hoy necesito ser parte de su camino,
ser el ganglio que da forma a su corazón.
En la vertiente, en las voces dejadas atrás
se apuran las últimas horas del día,
veo a las caras conocidas silenciosas,
como me miran tras sus párpados flácidos
bajo el renglón de una página en blanco,
no desean ninguna dificultad para vivir
sus últimos días en la apatía del pueblo.
-¡Pero dejo atrás mi huella en el río desnutrido
dando vida a las amapolas en el campo vacío!
Dibujando las espigas rotas bajo el sol
intento cerrar las costuras rotas del alma
mientras el sendero me lleva reposado
por entre las calles del pueblo dormido,
donde los días se visten de nostalgia,
y siento que aquellas miradas no me miran,
son solo parte del mobiliario del recuerdo
que lentamente van apagando su corazón,
son solo sombras de un cauce apropiado
que llevará de nuevo vida al campo en flor.