Beache
Bertoldo Herrera Gitterman
Fue este un invierno de lluvia y frío
en que hasta la hierba se congeló
y todo el forraje que se guardaba
poquito a poco se consumió.
Braman las vacas llorando de hambre
mugen los bueyes por igual razón
sólo les salva unas pequeñas ramitas
que le cortamos con un podón.
Uno de los bueyes, el “Clavel” llamado
no quiso esperar la que el amo trajera
y salió en busca de su propia comida
aunque fuera poca la que consiguiera.
Y se fue buscando por todo el potrero
pudo encontrarla a orillas de la quebrada
perdió pie por alcanzar una alta rama
y cayó rodando hasta la mitad de la nada.
Lo encontramos moribundo a mitad de falda
imposible poder salvarlo, era un hecho fatal
su cuello prisionero de dos plantas gigantes
era mejor sacrificarlo, darle un rápido final.
Él, que tragaba polvo ayudando en el cultivo
que sacrificaba sueño cargado hasta imperial
que se hincaba de rodillas cuando no podía
que se partía el alma para ayudarnos con el pan.
Él, que así se presentaba ante todos los otros
las piernas peladas por la acción de la cadena.
arrastrando grandes palos y evitando su rodar
o girando en el arado es su máxima condena.
La posición más venerada de una familia pobre.
pasó esperando que llegara el sol del nuevo día
aquel que, solo, sujetaba la carreta en la bajada
pues sólo sobre su cadáver esa carga pasaría.
Allí se volvió trozos de carne y pellejo separado
se hizo ruma de carne al quedar descuartizado.
nos daban el pésame la gente de Quilimanzano
igual como si el muerto hubiese sido un humano.
Aún no contento con mil días que había trabajado
nos siguió sirviendo para después de ser finado:
lo fuimos consumiendo entre asado y guisado
y también hecho charqui en el fogón cocinado.
Bertoldo Herrera Gitterman
Nueva Imperial, Agosto 2023
en que hasta la hierba se congeló
y todo el forraje que se guardaba
poquito a poco se consumió.
Braman las vacas llorando de hambre
mugen los bueyes por igual razón
sólo les salva unas pequeñas ramitas
que le cortamos con un podón.
Uno de los bueyes, el “Clavel” llamado
no quiso esperar la que el amo trajera
y salió en busca de su propia comida
aunque fuera poca la que consiguiera.
Y se fue buscando por todo el potrero
pudo encontrarla a orillas de la quebrada
perdió pie por alcanzar una alta rama
y cayó rodando hasta la mitad de la nada.
Lo encontramos moribundo a mitad de falda
imposible poder salvarlo, era un hecho fatal
su cuello prisionero de dos plantas gigantes
era mejor sacrificarlo, darle un rápido final.
Él, que tragaba polvo ayudando en el cultivo
que sacrificaba sueño cargado hasta imperial
que se hincaba de rodillas cuando no podía
que se partía el alma para ayudarnos con el pan.
Él, que así se presentaba ante todos los otros
las piernas peladas por la acción de la cadena.
arrastrando grandes palos y evitando su rodar
o girando en el arado es su máxima condena.
La posición más venerada de una familia pobre.
pasó esperando que llegara el sol del nuevo día
aquel que, solo, sujetaba la carreta en la bajada
pues sólo sobre su cadáver esa carga pasaría.
Allí se volvió trozos de carne y pellejo separado
se hizo ruma de carne al quedar descuartizado.
nos daban el pésame la gente de Quilimanzano
igual como si el muerto hubiese sido un humano.
Aún no contento con mil días que había trabajado
nos siguió sirviendo para después de ser finado:
lo fuimos consumiendo entre asado y guisado
y también hecho charqui en el fogón cocinado.
Bertoldo Herrera Gitterman
Nueva Imperial, Agosto 2023