El frió cuajado de luz,
aporreo la mañana.
El azul del cielo se hizo el dueño,
el mar imito su color,
era un día soñado de invierno.
Coloqué el caballete junto a la ventana,
la música me acompaño
a terminar el cuadro de la palmera
que como hecho en este momento
estaba invadido de claridad.
La profundidad del jardín
se hizo patente en el cuadro,
el pacifico lucirá sus flores rosas
el tiempo mas largo.
Las que cayeron en el albero
nunca se marchitaran,
el óleo las mantendrá inertes,
será fiel a su color
como una pareja de lobos,
y como ellos
aullaran a la luz para siempre.
Las flores abiertas al día
protegidas del aire y del frío
por un simple lienzo
que atrapo su belleza,
posan serenos.
Termine con colores en la boca
y en las manos,
como muchas otras veces,
y en los ojos la alegría
de un disfrute sin palabras,
sin barreras.
Solo acotado por mi deseo
y saboreado como un juego
largo y mágico.
aporreo la mañana.
El azul del cielo se hizo el dueño,
el mar imito su color,
era un día soñado de invierno.
Coloqué el caballete junto a la ventana,
la música me acompaño
a terminar el cuadro de la palmera
que como hecho en este momento
estaba invadido de claridad.
La profundidad del jardín
se hizo patente en el cuadro,
el pacifico lucirá sus flores rosas
el tiempo mas largo.
Las que cayeron en el albero
nunca se marchitaran,
el óleo las mantendrá inertes,
será fiel a su color
como una pareja de lobos,
y como ellos
aullaran a la luz para siempre.
Las flores abiertas al día
protegidas del aire y del frío
por un simple lienzo
que atrapo su belleza,
posan serenos.
Termine con colores en la boca
y en las manos,
como muchas otras veces,
y en los ojos la alegría
de un disfrute sin palabras,
sin barreras.
Solo acotado por mi deseo
y saboreado como un juego
largo y mágico.