Aisha Baranowska
Poeta que considera el portal su segunda casa
EL CUENTO DE JUAN Y MARGARITA - un cuento infantil polaco, mi versión del mismo...
Había una vez dos niños que se llamaban Juan y Margarita. Su padre era un leñador que cortaba los árboles en el bosque. Un día cuando el leñador estaba trabajando, la madre les dijo a los niños que le llevaran su almuerzo al papá. Cuando se fueron de la casa, en vez de ir a donde el leñador, tomaron un camino equivocado y se perdieron en el monte... Caminaban un buen rato entonces, hasta que vieron una cabaña toda hecha de dulces; había de todo ahí: las puertas de chocolate, las ventanas de bizcocho, el techo de mazapán, las paredes de pan de jengibre y la chimenea de caramelos... Los niños miraban y se sorprendían, y decidieron probar algo de la casita de dulces. Empezaron entonces a devorarla: las puertas, las ventanas, las paredes... De repente, salió de la casa una anciana gritando: '¡¿Quién se está comiendo mi casa?!...' - la cual al ver a los niños, les invitó a entrar diciéndoles que adentro encontrarán más dulces y mejores. Juan y Margarita entraron y cayeron en la trampa; la viejita era una bruja malvada la que comía a los niños... Pero ya era demasiado tarde cuando entendieron su error; la bruja los capturó y los encerró en una jaula de fierro. Quería cocerlos vivos en una sopa con arañas y moscas, y la hierba del bosque. Pero vió que los niños eran demasiado delgados para que haya algo de carne ahí, tan sólo huesos. Entonces, los tenía presos por unos días mientras les daba de comer dulces; más y más, para que engordasen rápido... Cada mañana les ordenaba mostrar un dedito para ver si ya engordaron, para poder comerlos. Al ver que todavía no tienen la gordura para cocinarlos, la bruja se ponía de mal humor. Mientras tanto, ellos fueron más astutos y en vez de mostrar el dedo, le mostraban un hueso de pollo que guardaron desde el almuerzo que fue para su padre pero como se perdieron en el monte y no pudieron llegar, entonces, se comieron aquel pollo y les quedaron los huesos. La bruja no tenía buenos ojos ya por su edad y usaba las gafas. Así la engañaban, hasta que un día se aburrió y sacó al muchacho y le dijo que se sentara en la excavadora con la que normalmente se ponía el carbón en la estufa, para ponerlo en el horno. El niño pensó un poco y luego le dijo a la bruja que no sabía cómo hacerlo y que le mostrase ella misma. Entonces, la bruja malvada se sentó en la dicha excavadora... Los niños tan sólo esperaban aquello y al ver la oportunidad de salvarse, reaccionaron de inmediato y la metieron a la bruja en la estufa donde se quemó viva, liberándose a si mismos y a todo el mundo de ella de una vez por todas... Luego volvieron con sus padres quienes habían buscado a sus hijos con ayuda de otros campesinos, hasta por fin encontrarlos.
Jamás volvieron a comer dulces.
[03/06/2013]
Había una vez dos niños que se llamaban Juan y Margarita. Su padre era un leñador que cortaba los árboles en el bosque. Un día cuando el leñador estaba trabajando, la madre les dijo a los niños que le llevaran su almuerzo al papá. Cuando se fueron de la casa, en vez de ir a donde el leñador, tomaron un camino equivocado y se perdieron en el monte... Caminaban un buen rato entonces, hasta que vieron una cabaña toda hecha de dulces; había de todo ahí: las puertas de chocolate, las ventanas de bizcocho, el techo de mazapán, las paredes de pan de jengibre y la chimenea de caramelos... Los niños miraban y se sorprendían, y decidieron probar algo de la casita de dulces. Empezaron entonces a devorarla: las puertas, las ventanas, las paredes... De repente, salió de la casa una anciana gritando: '¡¿Quién se está comiendo mi casa?!...' - la cual al ver a los niños, les invitó a entrar diciéndoles que adentro encontrarán más dulces y mejores. Juan y Margarita entraron y cayeron en la trampa; la viejita era una bruja malvada la que comía a los niños... Pero ya era demasiado tarde cuando entendieron su error; la bruja los capturó y los encerró en una jaula de fierro. Quería cocerlos vivos en una sopa con arañas y moscas, y la hierba del bosque. Pero vió que los niños eran demasiado delgados para que haya algo de carne ahí, tan sólo huesos. Entonces, los tenía presos por unos días mientras les daba de comer dulces; más y más, para que engordasen rápido... Cada mañana les ordenaba mostrar un dedito para ver si ya engordaron, para poder comerlos. Al ver que todavía no tienen la gordura para cocinarlos, la bruja se ponía de mal humor. Mientras tanto, ellos fueron más astutos y en vez de mostrar el dedo, le mostraban un hueso de pollo que guardaron desde el almuerzo que fue para su padre pero como se perdieron en el monte y no pudieron llegar, entonces, se comieron aquel pollo y les quedaron los huesos. La bruja no tenía buenos ojos ya por su edad y usaba las gafas. Así la engañaban, hasta que un día se aburrió y sacó al muchacho y le dijo que se sentara en la excavadora con la que normalmente se ponía el carbón en la estufa, para ponerlo en el horno. El niño pensó un poco y luego le dijo a la bruja que no sabía cómo hacerlo y que le mostrase ella misma. Entonces, la bruja malvada se sentó en la dicha excavadora... Los niños tan sólo esperaban aquello y al ver la oportunidad de salvarse, reaccionaron de inmediato y la metieron a la bruja en la estufa donde se quemó viva, liberándose a si mismos y a todo el mundo de ella de una vez por todas... Luego volvieron con sus padres quienes habían buscado a sus hijos con ayuda de otros campesinos, hasta por fin encontrarlos.
Jamás volvieron a comer dulces.
[03/06/2013]
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