Del iris de tu lacrimal ojo ciego se devela el azul cielo en pernoctada noche estrellada; que ya llega a su santa y beatífica finitud de pesadumbre. En alborada nueva se envuelve. Y es entonces cuando de tu boca muda ensalivas en demasía tu lengua hinchada. Mientras a las afueras de tu cuerpo analítico van tomando forma las flores primaverales; de las cuales sí puedes oler el encandilado aroma que arroba todo tu espíritu. Y hace que éste salga de tu cuerpo para dirigirse hacia las regiones de ultra tumba. Pues no deseas más vegetar en un vehículo móvil de sentidos visuales y parlantes remitidos para siempre; en el olvido de la nebulosa que un ser de otro mundo infringió con saña para perderte. Así pues, reconcentra tu esencia en el punto indivisible de tu conciencia límpida y pura. Y haz el sagrado favor de desdoblarte para ir raudo hacia las regiones trascendentales que se ubican en el Leteo.