el día que termines de hartarme

jose villa

Poeta que considera el portal su segunda casa

todos llevamos un cocodrilo dentro

en alguna parte entre la traquea y el cóccix
por lo general no lejos del abdomen
dormitando sumido en la apatía
soñando con ciénagas y lodazales pantanosos
ocasionalmente lo invadirá una cierta pesadumbre
recordará quizás las patas de los flamingos
extrañará la piel de los cangrejos
de vez en cuando agitará la cola
se desperezará, abrirá un ojo
¿qué puta vida es esta? pensará
encerrado en esta perpetua lobreguez
¿cómo diablos vine a terminar metido aquí?
todos los días iguales
no hay ni siquiera un estanque de aguas encharcadas
no hay cocodrilas con quien coger
o tan sólo aunque fuera una puta lagartija
simplemente estar aquí inmovilizado
como si esto fuera un calabozo
allá arriba cada cierto tiempo abren una puertecilla
entra un poco de luz y aire y chorros de cerveza
la puta cerveza es lo que me tiene así
soy un puto cocodrilo alcohólico
también se escucha una televisión y la voz de una mujer
la mujer grita siempre las mismas cosas
¡puto huevón cuándo piensas ponerte a trabajar!
¡puto borracho me tienes hasta el culo con tu futbol!
una tipa de mal carácter
la persona a quien le grita rara vez responde
sólo se limita a abrir la puertecilla y arrojar más cerveza dentro
debe ser un tipo de temperamento filosófico
tal vez uno de esos poetas contemplativos que dedican las horas
a meditar profundamente acerca de la estupidez humana
cada vez me cae mejor el tipo
la infinita tolerancia que le tiene a la arpía con la que vive
su constancia en mantenerme provisto de cerveza
en realidad ya siento incluso que lo quiero
cada vez soporto menos que su mujer lo maltrate en esa forma
odio cuando ella le grita ¡hijo de puta, inútil, mantenido!
la verdad es que la perra me está colmando la paciencia
un día de estos no voy a poder aguantar ya más
un dia de estos voy a ponerme en marcha
me acercaré a la puertecilla y saldré al exterior en cuanto pueda
la desquiciada fulana no tendrá ni tiempo de darse cuenta
cómo fue que su cabeza terminó entre mis mandíbulas
su cuello roto, sus ojos desorbitados
su iracundia, su furor, su infinita incomprensión
liquidadas para siempre

 
jajajajja por fín encontré un cocodrilo para la cocodrila que llevo dentro, un día de estos quedamos y que se apareen vale? Besito, mi villa cariñoso muakss.
 
una neta verdad el mío es un cocodrilo iracundo que no ataca pues prefiere ver como esa leona termina en cachorrita comiendo de mi mano, muy buen escrito saludos.
 

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