El encuentro

josepanton

Poeta recién llegado
Era de noche y hacía mucho frío.
Un hombre alto, de cara angulada y cetrina piel, caminaba teniendo asida de su huesuda mano, la crin de un asno.
Minúsculas gotas de agua, que salían de su aguileña nariz, se perlaban al caer sobre su barba.
Por el sendero, apenas iluminado por la luna, le salió al encuentro la Muerte.
-¿Hacia dónde te diriges, hombre bueno?-le dijo ésta, con tono gutural y maliciosa inflexión.
El hombre, sorprendido primero, temeroso después, se limitó a decir:
-Vengo de Al Huhassan, y me dirijo a mi hogar, que está en Deir ez-Zur.
-¿Y tú de dónde vienes?-prosiguió, el hombre, con voz entorpecida por la angustia.
-Eso no te incumbe. Yo voy discurriendo por el mundo, sin más.
- Últimamente, me conformo con un puñado de óbitos diarios. No olvides que con la edad, nos volvemos más improductivos.
-¡Oh Señor de las Tinieblas! Tengo suma prisa. Te ruego que me permitas llegar a casa, antes de que despunte el alba, porque debo entregar estas medicinas a mi familia con urgencia.
-Si, ya lo veo. No temas buen hombre. ¡Vete en paz ¡ Porque esta mañana, ya cumplí con mi faena.
-Y estuve, por unos instantes, en Deir ez-Zur.



Nota:
Explicación a la versión realizada, extraída del enlace:

https://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero41/gestomu.html

"Las versiones más antiguas del viejo y célebre apólogo “El gesto de la muerte” se remontan a la literatura judeo-talmúdica del siglo VI y a la tradición musulmana sufí de los siglos IX al XIII. A partir de un texto muy resumido, inserto en una novela (1923) del escritor francés Jean Cocteau, alcanzó una gran difusión pues fue recogido en poemas y obras dramáticas y narrativas. La vieja historia de la Muerte, tan sorprendente y efectiva en su brevedad, también sirvió de germen de múltiples recreaciones literarias que conforman otras historias diferentes con distintos finales.
Palabras clave: Apólogo, literatura talmúdica y sufí, el Ángel de la muerte, inexorabilidad"
 
Última edición por un moderador:
Este cuento lo he leido infinidad de veces; con otros nombres, luego; en otros parajes, para ambientarlo a otras culturas; incluso ha sido llevado al cine méxicano, donde el personaje halla a la muerte en una cantina, le invita un trago, y en la charla resulta que el hombre con quien está bebiendo le confiesa que va huyendo hacia un sitio X porque le avisó una hechicera que la muerte lo esperaba al volver a casa. La muerte entonces le confiesa que es ella, y que se dirige precisamente al mismo lugar porque ahí debe recoger a un anciano moribundo, y de paso, alcanzará a alguien que debía hallar en el sitio de donde él (el que esta bebiendo con ella) procede, lo que le facilitará su trabajo.



Una de las versiónes

Había una vez un rico Califa en Bagdad que era muy famoso por su sabiduría y su bondad. Un día, el Califa envió a su sirviente Abdul al mercado a comprar comida. Mientras Abdul estaba mirando por los puestos del mercado, de repente sintió un escalofrío . Notó que alguien estaba detrás de él. Se volvió y vio un hombre alto vestido de negro. No pudo ver la cara del aquel hombre porque la tenía cubierta por una tela, pero sí sus fríos ojos. El hombre le estaba mirando fijamente y Abdul comenzó a temblar.
- ¿Quién eres? ¿Qué quieres? – preguntó Abdul.
El hombre de negro no respondió.
-¿ Cómo te llamas? – le interrogó nerviosamente, de nuevo, Abdul .
Yo soy… La Muerte. – El extraño respondió secamente y se fue.
Abdul dejó caer la cesta de la compra, se dirigió corriendo al palacio y entró deprisa y corriendo en la habitación del Califa.
-Lo siento, señor. Tengo que dejar Bagdad inmediatamente – dijo Abdul.
-¿Por qué?¿Qué ha sucedido? – preguntó el Califa.
- Acabo de encontrarme con la Muerte en el mercado – replicó Abdul.
-¿Estás seguro? – le interpeló el Califa.
- Sí, completamente seguro . Estaba vestido de negro y me miró fijamente. Voy a ir a la casa de mi padre en Samara. Si voy ahora mismo, estaré allí antes de la puesta del sol – dijo Abdul.
El Califa pudo ver que Abdul estaba aterrorizado y le dio permiso para ir a Samara.
El Califa estaba perplejo y no entendía nada de aquel asunto, pero, como tenía mucho cariño a Abdul,se enfureció mucho porque su criado había sido atemorizado por el extraño del mercado. Entonces decidió ir allí a investigar aquel oscuro asunto. Después de un rato, el Califa encontró al hombre de negro y le increpó:
-¿Por qué atemorizaste a mi sirviente?.
-¿ Quién es vuestro sirviente? –le respondió el extraño.
-Su nombre es Abdul – contestó el Califa.
-Yo no quería atemorizarle. Estaba sorprendido de verle en Bagdad – replicó la Muerte.
-¿Por qué estabas sorprendido? – preguntó el Califa.
Estaba sorprendido porque tengo una cita con él…esta noche… in Samara.


Más variaciones del tema aquí:

https://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero41/gestomu.html
 
Última edición:
Gracias por tu esfuerzo. Trataremos de mejorar en todos los aspectos. Un cálido abrazo
 
[h=2][FONT=Titillium Maps, Arial]Un gesto de la muerte. Microrrelato de Jean Cocteau. Es el único poema congénere que he leído en mi vida sobre el tema. Pongamosle que me he inspirado en el.[/h]Un joven jardinero persa dice a su príncipe:-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahán.El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:-Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahán esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahán.
 

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