josepanton
Poeta recién llegado
Era de noche y hacía mucho frío.
Un hombre alto, de cara angulada y cetrina piel, caminaba teniendo asida de su huesuda mano, la crin de un asno.
Minúsculas gotas de agua, que salían de su aguileña nariz, se perlaban al caer sobre su barba.
Por el sendero, apenas iluminado por la luna, le salió al encuentro la Muerte.
-¿Hacia dónde te diriges, hombre bueno?-le dijo ésta, con tono gutural y maliciosa inflexión.
El hombre, sorprendido primero, temeroso después, se limitó a decir:
-Vengo de Al Huhassan, y me dirijo a mi hogar, que está en Deir ez-Zur.
-¿Y tú de dónde vienes?-prosiguió, el hombre, con voz entorpecida por la angustia.
-Eso no te incumbe. Yo voy discurriendo por el mundo, sin más.
- Últimamente, me conformo con un puñado de óbitos diarios. No olvides que con la edad, nos volvemos más improductivos.
-¡Oh Señor de las Tinieblas! Tengo suma prisa. Te ruego que me permitas llegar a casa, antes de que despunte el alba, porque debo entregar estas medicinas a mi familia con urgencia.
-Si, ya lo veo. No temas buen hombre. ¡Vete en paz ¡ Porque esta mañana, ya cumplí con mi faena.
-Y estuve, por unos instantes, en Deir ez-Zur.
Nota:
Explicación a la versión realizada, extraída del enlace:
https://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero41/gestomu.html
Un hombre alto, de cara angulada y cetrina piel, caminaba teniendo asida de su huesuda mano, la crin de un asno.
Minúsculas gotas de agua, que salían de su aguileña nariz, se perlaban al caer sobre su barba.
Por el sendero, apenas iluminado por la luna, le salió al encuentro la Muerte.
-¿Hacia dónde te diriges, hombre bueno?-le dijo ésta, con tono gutural y maliciosa inflexión.
El hombre, sorprendido primero, temeroso después, se limitó a decir:
-Vengo de Al Huhassan, y me dirijo a mi hogar, que está en Deir ez-Zur.
-¿Y tú de dónde vienes?-prosiguió, el hombre, con voz entorpecida por la angustia.
-Eso no te incumbe. Yo voy discurriendo por el mundo, sin más.
- Últimamente, me conformo con un puñado de óbitos diarios. No olvides que con la edad, nos volvemos más improductivos.
-¡Oh Señor de las Tinieblas! Tengo suma prisa. Te ruego que me permitas llegar a casa, antes de que despunte el alba, porque debo entregar estas medicinas a mi familia con urgencia.
-Si, ya lo veo. No temas buen hombre. ¡Vete en paz ¡ Porque esta mañana, ya cumplí con mi faena.
-Y estuve, por unos instantes, en Deir ez-Zur.
Nota:
Explicación a la versión realizada, extraída del enlace:
https://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero41/gestomu.html
"Las versiones más antiguas del viejo y célebre apólogo “El gesto de la muerte” se remontan a la literatura judeo-talmúdica del siglo VI y a la tradición musulmana sufí de los siglos IX al XIII. A partir de un texto muy resumido, inserto en una novela (1923) del escritor francés Jean Cocteau, alcanzó una gran difusión pues fue recogido en poemas y obras dramáticas y narrativas. La vieja historia de la Muerte, tan sorprendente y efectiva en su brevedad, también sirvió de germen de múltiples recreaciones literarias que conforman otras historias diferentes con distintos finales.
Palabras clave: Apólogo, literatura talmúdica y sufí, el Ángel de la muerte, inexorabilidad"
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