El fabuloso destino de Amélie Poulain.

InusitadaIrrealidad

Poeta recién llegado
Montmartre, Doce de Febrero de Dos mil dieciocho.
La colina de 130 metros de altura situada en la orilla derecha del río Sena, otorga a Amélie Poulain, una nueva perspectiva desde la que ve la forma inmediata de lo individual, como polígono irregular de las instantáneas inflexiones de lo instantáneo. A la frase dadme un punto de apoyo y moveré el mundo, Amélie, añade también los instantes. Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo y los instantes.
Si Amélie Poulain estuviese en una isla desierta y sólo pudiese elegir un instante, elegiría la ausencia. Circunstancia de estar ausente o de no existir alguien o algo en determinado lugar, la incertidumbre o indeterminación, el no saber si ella, Amélie, existe.
Por todo ello, Amélie Poulain sitúa el intrincado origen de todos los instantes en un único lugar, Montmartre, mientras piensa si acaso el Sena, es otro momento que efímero refleja su imagen fugaz sobre las aguas del río, que quizás ahora, ya es otro.
 

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