Debo confesar que en la primera lectura no he entendido muy bien el poema; no ya lo que pretendieras comunicar, sino simplemente algo. Y según escribo esto, me doy cuenta de que lo que me pasa en realidad es que llevo mucho tiempo sin leerte nada y tengo una gran impaciencia por dejarte un comentario. Por eso la urgencia en la lectura, en leer todos los comentarios en busca de una pista. Y ahora que ya tenía más o menos claro por dónde empezar, me quedo con esta sensación de que esto no está bien; no es como se debería leer un poema.
(...)
Eso era un pausa, para volver a leer, con calma, por la lectura y nada más.
No entro mucho a analizar el poema. Siempre empiezo leyendo un poema con la idea de que quien habla es el poeta. Aquí, después de un rato, diría que es el faro hablándole al sol, quiero decir que esa es la imagen del poema, la forma en la que has querido transmitir, describir, darle forma a ese sentimiento de la envidia, con una imagen concreta, envidia como la que siente un faro al ver el amanecer del sol...
En el mejor de los casos, cuando es destructiva, la envidia es como mínimo incómoda, una llamada de atención sobre lo que nos falta, lo que no somos, lo que desearíamos... Quizá sirve para activarnos y esforzarnos por corregir esas carencias. Supongo que es uno de esos mecanismos que no controlamos que hacen que el ser humano sea lo que es. Así que también se puede intentar comprender, valorar de qué necesidad real nos avisa, y tratar de quedarnos con eso.
Un abrazo,
Álvaro