El fuego del agua

Monje Mont

Poeta reconocido en el portal
Cuando mis puertos tendidos al sol
reflexionan sobre la senectud de lo eterno
que en la piel de los barcos se astilla
–tan solos entre los peces, tan pequeños ante las hambres–
llamaradas de agua gritan desde tu vientre
la sed de las islas maduras.

Cuando mis labios tiemblan
las bífidas formas de otro “te quiero”,
un náufrago interpreta las últimas huellas del agua,
y el pirata parchado de juicio y delirio de lejos le escucha,
para emprender su mejor caminata por
la geografía del beso.

Entre perdurable y precario va anocheciendo,
y en mis puertos las dudas
inoculan la hora de extraños presagios.
Pero en altamar se erizan tus glúteos,
como mareas que en los lomos traen sus semillas.

Entonces, el espectro del fuego consume las dudas
que separaban las pieles. Y el abrazo
se vierte en el hábitat más puro del cuerpo.

Llamaradas de agua, conjuros del vientre…
y las manos ardiendo de hormigas
derrochan columnas, paredes…,
en fin, conforman las ciudades del viento.

En tus piernas, el ritual de la anáfora insiste en evitar los prefacios
–tu falda primero–, mientras repica la historia del cirio.
Y en los pozos del tálamo
chapotean los duendes reinventando la hoguera.

Entonces, en el altar del gemido borbotean las líquidas flores,
el círculo de la voz que palpita: “Hágase”.
Y soy el fuego del agua. Hombre erecto
en la perpetua novedad de tus fuentes.
 
Última edición:
Cuando mis puertos tendidos al sol
reflexionan sobre la senectud de lo eterno
que en la piel de los barcos se astilla
–tan solos entre los peces, tan pequeños ante las hambres–
llamaradas de agua gritan desde tu vientre
la sed de las islas maduras.

Cuando mis labios tiemblan
las bífidas formas de otro “te quiero”,
un náufrago interpreta las últimas huellas del agua,
y el pirata parchado de juicio y delirio de lejos le escucha,
para emprender su mejor caminata...
Y la suerte reescribe la geografía del beso
.

Entre perdurable y precario va anocheciendo,
y en mis puertos las dudas
inoculan la hora de extraños presagios.
Pero en altamar se erizan tus glúteos,
como mareas que en los lomos traen sus semillas.

Entonces, el espectro del fuego consume las dudas
que separaban las pieles. Y el abrazo
se vierte en el hábitat más puro del cuerpo.

Llamaradas de agua, conjuros del vientre…
y las manos ardiendo de hormigas
derrochan columnas, paredes…,
en fin, conforman las ciudades del viento.

En tus piernas, el ritual de la anáfora insiste en evitar los prefacios
–tu falda primero–, mientras repica la historia del cirio.
Y en los pozos del tálamo
chapotean los duendes reinventando la hoguera.

Entonces, en el altar del gemido borbotean las líquidas flores,
el círculo de la voz que palpita: “Hágase”.
Y soy el fuego del agua. Hombre erecto
en la perpetua novedad de tus fuentes.



Un gran oxímoron, “llamarada de agua” y un conjunto de metáforas que hacen al poema místico al incluir la interacción de dos de los cuatro elementos. Hay una sensualidad enérgica y muy sutil al mismo tiempo, pasión representada con un vocabulario cuidadoso y creativo.
Fue un gusto pasar a leerte, poeta.
Un abrazo y muy feliz casi finde.
 
Cuando mis puertos tendidos al sol
reflexionan sobre la senectud de lo eterno
que en la piel de los barcos se astilla
–tan solos entre los peces, tan pequeños ante las hambres–
llamaradas de agua gritan desde tu vientre
la sed de las islas maduras.

Cuando mis labios tiemblan
las bífidas formas de otro “te quiero”,
un náufrago interpreta las últimas huellas del agua,
y el pirata parchado de juicio y delirio de lejos le escucha,
para emprender su mejor caminata...
Y la suerte reescribe la geografía del beso
.

Entre perdurable y precario va anocheciendo,
y en mis puertos las dudas
inoculan la hora de extraños presagios.
Pero en altamar se erizan tus glúteos,
como mareas que en los lomos traen sus semillas.

Entonces, el espectro del fuego consume las dudas
que separaban las pieles. Y el abrazo
se vierte en el hábitat más puro del cuerpo.

Llamaradas de agua, conjuros del vientre…
y las manos ardiendo de hormigas
derrochan columnas, paredes…,
en fin, conforman las ciudades del viento.

En tus piernas, el ritual de la anáfora insiste en evitar los prefacios
–tu falda primero–, mientras repica la historia del cirio.
Y en los pozos del tálamo
chapotean los duendes reinventando la hoguera.

Entonces, en el altar del gemido borbotean las líquidas flores,
el círculo de la voz que palpita: “Hágase”.
Y soy el fuego del agua. Hombre erecto
en la perpetua novedad de tus fuentes.
Un poema exquisito con una finísima sensualidad, Monje. Un placer leerte.
Abrazo fraternal.
 
Cuando mis puertos tendidos al sol
reflexionan sobre la senectud de lo eterno
que en la piel de los barcos se astilla
–tan solos entre los peces, tan pequeños ante las hambres–
llamaradas de agua gritan desde tu vientre
la sed de las islas maduras.

Cuando mis labios tiemblan
las bífidas formas de otro “te quiero”,
un náufrago interpreta las últimas huellas del agua,
y el pirata parchado de juicio y delirio de lejos le escucha,
para emprender su mejor caminata...
Y la suerte reescribe la geografía del beso
.

Entre perdurable y precario va anocheciendo,
y en mis puertos las dudas
inoculan la hora de extraños presagios.
Pero en altamar se erizan tus glúteos,
como mareas que en los lomos traen sus semillas.

Entonces, el espectro del fuego consume las dudas
que separaban las pieles. Y el abrazo
se vierte en el hábitat más puro del cuerpo.

Llamaradas de agua, conjuros del vientre…
y las manos ardiendo de hormigas
derrochan columnas, paredes…,
en fin, conforman las ciudades del viento.

En tus piernas, el ritual de la anáfora insiste en evitar los prefacios
–tu falda primero–, mientras repica la historia del cirio.
Y en los pozos del tálamo
chapotean los duendes reinventando la hoguera.

Entonces, en el altar del gemido borbotean las líquidas flores,
el círculo de la voz que palpita: “Hágase”.
Y soy el fuego del agua. Hombre erecto
en la perpetua novedad de tus fuentes.
Ese magnetismo recíproco es la materia incombustible de agua y fuego que se entrelaza. Un abrazo, Monje.
 
Cuando mis puertos tendidos al sol
reflexionan sobre la senectud de lo eterno
que en la piel de los barcos se astilla
–tan solos entre los peces, tan pequeños ante las hambres–
llamaradas de agua gritan desde tu vientre
la sed de las islas maduras.

Cuando mis labios tiemblan
las bífidas formas de otro “te quiero”,
un náufrago interpreta las últimas huellas del agua,
y el pirata parchado de juicio y delirio de lejos le escucha,
para emprender su mejor caminata...
Y la suerte reescribe la geografía del beso
.

Entre perdurable y precario va anocheciendo,
y en mis puertos las dudas
inoculan la hora de extraños presagios.
Pero en altamar se erizan tus glúteos,
como mareas que en los lomos traen sus semillas.

Entonces, el espectro del fuego consume las dudas
que separaban las pieles. Y el abrazo
se vierte en el hábitat más puro del cuerpo.

Llamaradas de agua, conjuros del vientre…
y las manos ardiendo de hormigas
derrochan columnas, paredes…,
en fin, conforman las ciudades del viento.

En tus piernas, el ritual de la anáfora insiste en evitar los prefacios
–tu falda primero–, mientras repica la historia del cirio.
Y en los pozos del tálamo
chapotean los duendes reinventando la hoguera.

Entonces, en el altar del gemido borbotean las líquidas flores,
el círculo de la voz que palpita: “Hágase”.
Y soy el fuego del agua. Hombre erecto
en la perpetua novedad de tus fuentes.



Preciosura de poema, me han encantado las bellas figuras que has dibujado.

Un placer de lectura poeta.

Felíz noche!
 
Cuando mis puertos tendidos al sol
reflexionan sobre la senectud de lo eterno
que en la piel de los barcos se astilla
–tan solos entre los peces, tan pequeños ante las hambres–
llamaradas de agua gritan desde tu vientre
la sed de las islas maduras.

Cuando mis labios tiemblan
las bífidas formas de otro “te quiero”,
un náufrago interpreta las últimas huellas del agua,
y el pirata parchado de juicio y delirio de lejos le escucha,
para emprender su mejor caminata...
Y la suerte reescribe la geografía del beso
.

Entre perdurable y precario va anocheciendo,
y en mis puertos las dudas
inoculan la hora de extraños presagios.
Pero en altamar se erizan tus glúteos,
como mareas que en los lomos traen sus semillas.

Entonces, el espectro del fuego consume las dudas
que separaban las pieles. Y el abrazo
se vierte en el hábitat más puro del cuerpo.

Llamaradas de agua, conjuros del vientre…
y las manos ardiendo de hormigas
derrochan columnas, paredes…,
en fin, conforman las ciudades del viento.

En tus piernas, el ritual de la anáfora insiste en evitar los prefacios
–tu falda primero–, mientras repica la historia del cirio.
Y en los pozos del tálamo
chapotean los duendes reinventando la hoguera.

Entonces, en el altar del gemido borbotean las líquidas flores,
el círculo de la voz que palpita: “Hágase”.
Y soy el fuego del agua. Hombre erecto
en la perpetua novedad de tus fuentes.

Maravilloso y sustancioso poema de amor, querido amigo Monje Mont, metáforas y palabras que ensanchan el corazón, un placer lee tu arte. Un abrazo, con mis mejores deseos.
 
Cuando mis puertos tendidos al sol
reflexionan sobre la senectud de lo eterno
que en la piel de los barcos se astilla
–tan solos entre los peces, tan pequeños ante las hambres–
llamaradas de agua gritan desde tu vientre
la sed de las islas maduras.

Cuando mis labios tiemblan
las bífidas formas de otro “te quiero”,
un náufrago interpreta las últimas huellas del agua,
y el pirata parchado de juicio y delirio de lejos le escucha,
para emprender su mejor caminata...
Y la suerte reescribe la geografía del beso
.

Entre perdurable y precario va anocheciendo,
y en mis puertos las dudas
inoculan la hora de extraños presagios.
Pero en altamar se erizan tus glúteos,
como mareas que en los lomos traen sus semillas.

Entonces, el espectro del fuego consume las dudas
que separaban las pieles. Y el abrazo
se vierte en el hábitat más puro del cuerpo.

Llamaradas de agua, conjuros del vientre…
y las manos ardiendo de hormigas
derrochan columnas, paredes…,
en fin, conforman las ciudades del viento.

En tus piernas, el ritual de la anáfora insiste en evitar los prefacios
–tu falda primero–, mientras repica la historia del cirio.
Y en los pozos del tálamo
chapotean los duendes reinventando la hoguera.

Entonces, en el altar del gemido borbotean las líquidas flores,
el círculo de la voz que palpita: “Hágase”.
Y soy el fuego del agua. Hombre erecto
en la perpetua novedad de tus fuentes.
Un gran poema íntimo y diferente. Pleno de esa sensualidad que se sueña y que navega en grandes metáforas, constructoras de poemas nuevos.
Un cordial saludo.
 
Cuando mis puertos tendidos al sol
reflexionan sobre la senectud de lo eterno
que en la piel de los barcos se astilla
–tan solos entre los peces, tan pequeños ante las hambres–
llamaradas de agua gritan desde tu vientre
la sed de las islas maduras.

Cuando mis labios tiemblan
las bífidas formas de otro “te quiero”,
un náufrago interpreta las últimas huellas del agua,
y el pirata parchado de juicio y delirio de lejos le escucha,
para emprender su mejor caminata...
Y la suerte reescribe la geografía del beso
.

Entre perdurable y precario va anocheciendo,
y en mis puertos las dudas
inoculan la hora de extraños presagios.
Pero en altamar se erizan tus glúteos,
como mareas que en los lomos traen sus semillas.

Entonces, el espectro del fuego consume las dudas
que separaban las pieles. Y el abrazo
se vierte en el hábitat más puro del cuerpo.

Llamaradas de agua, conjuros del vientre…
y las manos ardiendo de hormigas
derrochan columnas, paredes…,
en fin, conforman las ciudades del viento.

En tus piernas, el ritual de la anáfora insiste en evitar los prefacios
–tu falda primero–, mientras repica la historia del cirio.
Y en los pozos del tálamo
chapotean los duendes reinventando la hoguera.

Entonces, en el altar del gemido borbotean las líquidas flores,
el círculo de la voz que palpita: “Hágase”.
Y soy el fuego del agua. Hombre erecto
en la perpetua novedad de tus fuentes.

Ese complemento de la contradiccion, marcando energia entre el misticismo de dos
elementos que se entrelazan aun siendo discordantes. llegar a ser fuego enla formalidad
para enlazarse a esa agua que es magia en la inhalacion de un amor siempre
queriendolo ofrecer como novedad oratoria. bellissimo.
saludos afectuosos de luzyabsenta
 
Un gran oxímoron, “llamarada de agua” y un conjunto de metáforas que hacen al poema místico al incluir la interacción de dos de los cuatro elementos. Hay una sensualidad enérgica y muy sutil al mismo tiempo, pasión representada con un vocabulario cuidadoso y creativo.
Fue un gusto pasar a leerte, poeta.
Un abrazo y muy feliz casi finde.
Te agradezco mucho estimada poeta tu lectura siempre profunda y tu comentario también profundo y amable. Tus comentarios abren caminos de interpretación que enriquecen mis escritos. Un lujo contar con tu apoyo. Que estés bien. Un abrazo.
 
Un gran poema íntimo y diferente. Pleno de esa sensualidad que se sueña y que navega en grandes metáforas, constructoras de poemas nuevos.
Un cordial saludo.
Un gusto encontrar tu amable y profunda huella en mis humildes trazos, estimado amigo. Agradezco sinceramente tu apoyo. Que estés bien, poeta. Un abrazo.
 
Ese complemento de la contradiccion, marcando energia entre el misticismo de dos
elementos que se entrelazan aun siendo discordantes. llegar a ser fuego enla formalidad
para enlazarse a esa agua que es magia en la inhalacion de un amor siempre
queriendolo ofrecer como novedad oratoria. bellissimo.
saludos afectuosos de luzyabsenta
Muchas gracias estimado amigo por tu lectura y tu comentario amable y profundo que enriquece mi escrito. Un lujo contar con tu apoyo poeta. Que estés bien. Un abrazo sincero.
 
Me encanta Monje, el lenguaje tan cuidado que nos lleva a las sugestivas
formas del amor apasionado, eres un escritor muy versátil que sabes usar
las formas para crear hermosas letras que enamoran siempre. Gracias por
tu mágico compartir en el foro. Besitos cariñosos vuelen a tus mejillas.
Muchas gracias estimada Anamer por tu lectura y tu amable comentario que mucho me motiva. Un lujo contar con tu apoyo. Que estés bien. Un abrazo.
 
"POEMA DEL MES"


Muchas+felicidades+4.png

MUNDOPOESIA.COM
 
Un placer, haber encontrado tan buen poema, justo cuando me iba; pero la verdad al leerdo... puedo, constatar que ciertamente tu dominio de recursos técnicos es insuperable y tu creatividad para plasmar siempre con profundidad un poema a pesar del tiempo, jamás decae. Felicitaciones por tan justo reconocimiento y felicitaciones por vuestro trascendente quehacer poético.
Tu amigo:
 
Última edición:
Cuando mis puertos tendidos al sol
reflexionan sobre la senectud de lo eterno
que en la piel de los barcos se astilla
–tan solos entre los peces, tan pequeños ante las hambres–
llamaradas de agua gritan desde tu vientre
la sed de las islas maduras.

Cuando mis labios tiemblan
las bífidas formas de otro “te quiero”,
un náufrago interpreta las últimas huellas del agua,
y el pirata parchado de juicio y delirio de lejos le escucha,
para emprender su mejor caminata...
Mientras describe la geografía del beso
.

Entre perdurable y precario va anocheciendo,
y en mis puertos las dudas
inoculan la hora de extraños presagios.
Pero en altamar se erizan tus glúteos,
como mareas que en los lomos traen sus semillas.

Entonces, el espectro del fuego consume las dudas
que separaban las pieles. Y el abrazo
se vierte en el hábitat más puro del cuerpo.

Llamaradas de agua, conjuros del vientre…
y las manos ardiendo de hormigas
derrochan columnas, paredes…,
en fin, conforman las ciudades del viento.

En tus piernas, el ritual de la anáfora insiste en evitar los prefacios
–tu falda primero–, mientras repica la historia del cirio.
Y en los pozos del tálamo
chapotean los duendes reinventando la hoguera.

Entonces, en el altar del gemido borbotean las líquidas flores,
el círculo de la voz que palpita: “Hágase”.
Y soy el fuego del agua. Hombre erecto
en la perpetua novedad de tus fuentes.

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