BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tantas quejas tengo yo del mundo
que sólo las digo por la noche, cuando
los vecinos están durmiendo o Dios se
encuentra en clave de desaparecido.
Y es que no hay nada como callar.
Callarse.
No tengo más queja de este mundo,
que la insinuada por esta larga marcha
hacia la muerte. Y no la tengo, pues sé
que soy feliz.
Mis oraciones, si las puedo llamar así,
no son bien recibidas, ni mis plegarias,
contentan con sus objeciones. Así que,
¿a qué Dios he de lanzar mis supuestos
mensajes? Metido en mi cueva, hago
números para no destruirme del todo,
y contento con lo que tengo, y cansado
de lo que hallé, me acuesto temprano,
hacia el amanecer. Las visitas de mi casa,
desde esa acera siempre indomable, me hacen
tremendamente dichoso, y no obstante,
soy feliz e intransigente con que no me cambien
de estatua, el pie. Si nací rico, y pobre, si
insistí en mi dura pobreza sarcástica, ¿quién,
o quiénes, invadieron de pronto mi trono
hasta escupir a la cara al dios de los humildes?
Pues no sé si después de todo, vale la pena
vivir.
©
que sólo las digo por la noche, cuando
los vecinos están durmiendo o Dios se
encuentra en clave de desaparecido.
Y es que no hay nada como callar.
Callarse.
No tengo más queja de este mundo,
que la insinuada por esta larga marcha
hacia la muerte. Y no la tengo, pues sé
que soy feliz.
Mis oraciones, si las puedo llamar así,
no son bien recibidas, ni mis plegarias,
contentan con sus objeciones. Así que,
¿a qué Dios he de lanzar mis supuestos
mensajes? Metido en mi cueva, hago
números para no destruirme del todo,
y contento con lo que tengo, y cansado
de lo que hallé, me acuesto temprano,
hacia el amanecer. Las visitas de mi casa,
desde esa acera siempre indomable, me hacen
tremendamente dichoso, y no obstante,
soy feliz e intransigente con que no me cambien
de estatua, el pie. Si nací rico, y pobre, si
insistí en mi dura pobreza sarcástica, ¿quién,
o quiénes, invadieron de pronto mi trono
hasta escupir a la cara al dios de los humildes?
Pues no sé si después de todo, vale la pena
vivir.
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