David Martinez Vilches
Amigo de la Poesía Clásica
Soñaba. Yo soñaba con la aurora
el despertar del alma que dormía
en la quietud profunda, arrolladora,
creyéndose creer que no existía.
¡Pero en mi cuerpo el alma ya no mora!
Se fue perdiendo en un terrible día,
cuando sangraba el Sol en esa tarde
haciendo de sus rayos bello alarde.
Entre los pétalos y las espinas
me dejó en la estacada. Se hubo ido
sin proyectar su sombra en las esquinas,
sin un papel de lágrimas florido
en penumbras de luces matutinas.
Se fue y dejó su cuerpo dolorido
con espejismos de cartón y espuma
atravesando la hechizada bruma.
Y me dejó a si misma en la mañana,
ella (quizás) alegre, y yo arrollado
por este alma que escapóse vana,
y que perdía, habiéndome ganado
sin un decir adiós. Con la ventana
cerrada y con el cuerpo, igual, cerrado;
cayéndose la lluvia en los cristales
y desgarrando el juicio y sus retales.
Así surgió del barro este ser vivo
sin alma y sin razón, perdido entero
y siempre destinado a ser cautivo
de aquélla que perdió en el aguacero.
En el triste momento decisivo
nada tenía ya, siquiera el cuero
que le cubría su dolor interno
para ocultar el fuego de su infierno.
Vagó (vagué) sin rumbo, donde fuera,
vacía la maleta y con el traje,
allí donde el dolor no le siguiera,
¡mas lo llevaba oculto en su bagaje!
Ya ha transcurrido el tiempo, y con la espera,
ha llegado a su fin el loco viaje.
(El alma se perdió con las palomas
entre letras y versos por las comas).
el despertar del alma que dormía
en la quietud profunda, arrolladora,
creyéndose creer que no existía.
¡Pero en mi cuerpo el alma ya no mora!
Se fue perdiendo en un terrible día,
cuando sangraba el Sol en esa tarde
haciendo de sus rayos bello alarde.
Entre los pétalos y las espinas
me dejó en la estacada. Se hubo ido
sin proyectar su sombra en las esquinas,
sin un papel de lágrimas florido
en penumbras de luces matutinas.
Se fue y dejó su cuerpo dolorido
con espejismos de cartón y espuma
atravesando la hechizada bruma.
Y me dejó a si misma en la mañana,
ella (quizás) alegre, y yo arrollado
por este alma que escapóse vana,
y que perdía, habiéndome ganado
sin un decir adiós. Con la ventana
cerrada y con el cuerpo, igual, cerrado;
cayéndose la lluvia en los cristales
y desgarrando el juicio y sus retales.
Así surgió del barro este ser vivo
sin alma y sin razón, perdido entero
y siempre destinado a ser cautivo
de aquélla que perdió en el aguacero.
En el triste momento decisivo
nada tenía ya, siquiera el cuero
que le cubría su dolor interno
para ocultar el fuego de su infierno.
Vagó (vagué) sin rumbo, donde fuera,
vacía la maleta y con el traje,
allí donde el dolor no le siguiera,
¡mas lo llevaba oculto en su bagaje!
Ya ha transcurrido el tiempo, y con la espera,
ha llegado a su fin el loco viaje.
(El alma se perdió con las palomas
entre letras y versos por las comas).
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