el imperio y yo.

Melquiades San Juan

Poeta veterano en MP
el imperio y yo

desde mis pasos y mis voces
heme vuelto un peligro
una amenaza
amenazo si veo
si leo
si pienso
si hablo

él me vigila porque en mi pequeñez
puedo volverme un virus contagioso
que amenace
su cuerpo de células vampiras
con mil rostros

él nos vigila a todos
a los zombies
a los sumisos
a los devotos de su verborrea
todos son un peligro si despiertan y se miran
con las manos vacías
y los cuerpos desnudos
y las almas...

¿y las almas?...

las almas son también un peligro
uno más grande, metafísico
que no se puede observar, tan solo seducir
con su dosis de marketín "consumetodo"
con la dosis de droga adecuada
que borre las neuronas
que dejó vivir la tele

el imperio y yo sobrevivimos entre mutuos desencuentros
él no hace genocidio conmigo porque vive del marketin
me necesita vivo para que al consumir
dé alimento a su vientre insaciable

el imperio y yo somos inextinguibles
siempre estaremos en algún aquí
él dominando
yo, ignorando, pensando, viviendo
y creyendo
que la vida es así.


 
Última edición:
La realidad manifestada en suds versos. Saludos.
el imperio y yo

desde mis pasos y mis voces
heme vuelto un peligro
una amenaza
amenazo si veo
si leo
si pienso
si hablo

él me vigila porque en mi pequeñez
puedo volverme un virus contagioso
que amenace su cuerpo
de células vampiras de mil rostros

el nos vigila a todos
a los zombies
a los sumisos
a los devotos de su verborrea
todos son un peligro si despiertan y se miran
con las manos vacías
y los cuerpos desnudos
y las almas... ¿y las almas?...

Las almas son también un peligro
uno más grande, metafísico
que no se puede observar, tan solo seducir
con su dosis de marketín "consumetodo"
con la dosis de droga adecuada
que borre las neuronas
que dejó vivir la tele

el imperio y yo sobrevivimos entre mutuos desencuentros
él no hace genocidio conmigo porque vive del marketin
me necesita vivo para que al consumir
dé alimento a su vientre insaciable

el imperio y yo somos inextinguibles
siempre estaremos en algún aquí
él dominando
yo, ignorando, pensando, viviendo
y creyendo
que la vida es así.


 
Don Melquiades, habrá que ir a vivir a aquella isla que dijo Vd. un día, pero recuerde que me dejó ser su vecina. Prometí, no molestar, sólo hacer sus platos preferidos para hacerle la pelota, y me dejara vivir allí, Un abrazo.
 

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