dulcinista
Poeta veterano en el Portal
Un solitario jinete cruzó el solitario desierto.
Su caballo engalanado con espléndidas joyas.
Sobre el rojo caballo el jinete de gran estatura
me pareció que cantaba en extraños idiomas.
Vi sus ojos como dos inmensas esmeraldas
fijos en el tenebroso horizonte rojizo,lejano.
Buscaba la extraña ciudad de los espejos
donde multiplicar los dedos de sus manos.
En sus manos brillaban diez resplandores,
en cada uno de sus dedos llevava un zafiro.
Buscaba el jinete la ciudad de los espejos,
pero sobre la ardiente arena quedó tendido.
Muerto quedó,sin el soplo de la vida
su alma anhelante de posesiones y riqueza.
Ya nada necesita,ni siquiera las joyas
o el caballo que lame su inerte cabeza.
Eladio Parreño Elías
18-Enero-1989
Su caballo engalanado con espléndidas joyas.
Sobre el rojo caballo el jinete de gran estatura
me pareció que cantaba en extraños idiomas.
Vi sus ojos como dos inmensas esmeraldas
fijos en el tenebroso horizonte rojizo,lejano.
Buscaba la extraña ciudad de los espejos
donde multiplicar los dedos de sus manos.
En sus manos brillaban diez resplandores,
en cada uno de sus dedos llevava un zafiro.
Buscaba el jinete la ciudad de los espejos,
pero sobre la ardiente arena quedó tendido.
Muerto quedó,sin el soplo de la vida
su alma anhelante de posesiones y riqueza.
Ya nada necesita,ni siquiera las joyas
o el caballo que lame su inerte cabeza.
Eladio Parreño Elías
18-Enero-1989
Última edición: