Alba clara
Poeta adicto al portal
Una ráfaga de viento, arremolina mi capa
mientras un frío sin tregua, atenaza mi garganta.
¿Cuánto hace? Cuánto tiempo, que viajo por la nada
reparando imperfectos, que nunca se han reparado.
Hoy me toca el señor, que corre hacia aquel semáforo,
hace un tiempo y nadie sabe, aquel niño atropellara.
Entonces respiro fuerte, ¡mier coles!.. Se me ha olvidado
que hace tiempo que no uso, para eso este aire.
Y con resolución maldita, me cuelo por la ventana
que el lleva entreabierta, pero igual yo me colara.
Y le digo al oído, ¡Acelera! ¿No ves que ya ha cambiado?
El hombre me ha creído y así sigue disparado
sin mirar aquel que cruza, catorce metros de largo.
Sólo los bajos del coche, salen por el otro lado.
¡Misión cumplida! Me digo y continúo la andada
silbando aunque no se oiga, mi canción de madrugada.
Algo me dice al oído, aunque sé que no hay nadie,
tienes más trabajo amigo, sube hasta la montaña.
Y allí estoy esperando, a que lo traigan sus pasos
poco tarda, ya lo veo, en su mano una navaja.
Por mi mente pasan raudas, unas macabras imágenes
era joven, era buena y casi no ha peleado.
A la orilla del camino espero, mi canción murió en los labios,
sólo acerco el pie despacio, para entorpecer su paso.
Con las prisas el tropieza y cae sobre su navaja,
con su sangre va cubriendo, el color de la otra sangre.
¡Misión cumplida! Me digo, otro que está arreglado,
pobre hombre dirá alguien, este se ha suicidado.
Entonces en mis oídos suena una voz esperada:
muy bien hecho y con esto, tu misión ha terminado.
Vuelvo a respirar profundo ¡Maldita falta que hace!
Y lo miro y no me creo que sean ciertas sus palabras.
Pero al mirarlo a los ojos, me lo dice su mirada,
el entonces sopla fuerte y me desintegro en la nada.
Mientras tanto mis partículas con su voz más afinada,
ríen y cantan a un tiempo, mi canción de madrugada.
mientras un frío sin tregua, atenaza mi garganta.
¿Cuánto hace? Cuánto tiempo, que viajo por la nada
reparando imperfectos, que nunca se han reparado.
Hoy me toca el señor, que corre hacia aquel semáforo,
hace un tiempo y nadie sabe, aquel niño atropellara.
Entonces respiro fuerte, ¡mier coles!.. Se me ha olvidado
que hace tiempo que no uso, para eso este aire.
Y con resolución maldita, me cuelo por la ventana
que el lleva entreabierta, pero igual yo me colara.
Y le digo al oído, ¡Acelera! ¿No ves que ya ha cambiado?
El hombre me ha creído y así sigue disparado
sin mirar aquel que cruza, catorce metros de largo.
Sólo los bajos del coche, salen por el otro lado.
¡Misión cumplida! Me digo y continúo la andada
silbando aunque no se oiga, mi canción de madrugada.
Algo me dice al oído, aunque sé que no hay nadie,
tienes más trabajo amigo, sube hasta la montaña.
Y allí estoy esperando, a que lo traigan sus pasos
poco tarda, ya lo veo, en su mano una navaja.
Por mi mente pasan raudas, unas macabras imágenes
era joven, era buena y casi no ha peleado.
A la orilla del camino espero, mi canción murió en los labios,
sólo acerco el pie despacio, para entorpecer su paso.
Con las prisas el tropieza y cae sobre su navaja,
con su sangre va cubriendo, el color de la otra sangre.
¡Misión cumplida! Me digo, otro que está arreglado,
pobre hombre dirá alguien, este se ha suicidado.
Entonces en mis oídos suena una voz esperada:
muy bien hecho y con esto, tu misión ha terminado.
Vuelvo a respirar profundo ¡Maldita falta que hace!
Y lo miro y no me creo que sean ciertas sus palabras.
Pero al mirarlo a los ojos, me lo dice su mirada,
el entonces sopla fuerte y me desintegro en la nada.
Mientras tanto mis partículas con su voz más afinada,
ríen y cantan a un tiempo, mi canción de madrugada.
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