Martes_13
Poeta recién llegado
El corazón delator seguia sonando, con razón, era la habitación de Jack el destripador, tú con el tormento de Thor sin su martillo, escuchabas el murmullo que habia detrás del muro. Entraste en shock, como si fueras una victima en un guión de Hitchcock, buscabas una salida sin darte cuenta que no habia plan de huida, entraste en un laberinto, este era distinto, sus eternos pasillos tenian como destino una tortura todavía desconocida.
Estaba dentro de un castillo en ruinas donde descansaban diferentes victimas, en tí crecia el delirio, se alteraban tus sentidos, te tocabas el cabello intentando despertarte de la pesadilla, no estabas en Elm Street, no era cosa de Freddy con sus cuchillas, aunque sintieras en tu cuello algunas caricias agresivas.
Un pit bull terrier sembraba el terror, sus ladridos rompian el silencio que atormentaba tu mente, enmudecian tu voz interior, te atormentaban los Entes, entrabas en una zona desconocida por la muerte. Tan rabioso como Cujo en la novela de Stephen King, tan constante como la lucha por los derechos de Martin Luther King. El Pit Bul te perseguia sin saberte su victima, olisqueaba tu rastro, su instinto asesino le hacia mostrar sus colmillos mientras intuia tu panico. No serías distinto a los que ya se habia comido presumiendo de colmillos. Su nombre era Miedo y tú fuiste su alimento.
Estaba dentro de un castillo en ruinas donde descansaban diferentes victimas, en tí crecia el delirio, se alteraban tus sentidos, te tocabas el cabello intentando despertarte de la pesadilla, no estabas en Elm Street, no era cosa de Freddy con sus cuchillas, aunque sintieras en tu cuello algunas caricias agresivas.
Un pit bull terrier sembraba el terror, sus ladridos rompian el silencio que atormentaba tu mente, enmudecian tu voz interior, te atormentaban los Entes, entrabas en una zona desconocida por la muerte. Tan rabioso como Cujo en la novela de Stephen King, tan constante como la lucha por los derechos de Martin Luther King. El Pit Bul te perseguia sin saberte su victima, olisqueaba tu rastro, su instinto asesino le hacia mostrar sus colmillos mientras intuia tu panico. No serías distinto a los que ya se habia comido presumiendo de colmillos. Su nombre era Miedo y tú fuiste su alimento.