M.G.Is
Poeta recién llegado

Nadie se paraba por el laboratorio G de química, después de que daban las 7 pm, Eduardo , se apoderaba del sitio por completo, y por casi toda la noche, aún era un estudiante pero sus excelentes calificaciones y descubrimientos en la química le proporcionaban el pequeño lujo de pedir lo que fuera a la escuela y le era concedido, algunas veces curiosos, los demás estudiantes se retaban para ir al recóndito laboratorio de la esquina de la escuela a observar que pasaba, pequeñas explosiones con pólvora de colores, el vapor de los ácidos que escapaba de las campanas de extracción y un sinfín de instrumentos ocupando las ocho mesas del laboratorio, era todo lo que veían, pero aún mejor si corrían con suerte podían observar a Eduardo sentado en la mesa cuatro de espalda a la ventana sumido en sus extraños pensamientos realizando uno que otro movimiento cada determinado tiempo, siempre igual y simétrico.
Pero todo era diferente para Eduardo, el esperaba impaciente a que sus horas de clase terminaran, para ponerse su bata blanca, sus lentes de protección que aumentaban el tamaño de sus increíbles ojos grises, sus guantes de Nitrilo y encender su mechero para que el quipo de destilación empezara a sacar aceites de las hojas de las rosas, perfumando deliciosamente el laboratorio, encendía las lámparas de alcohol para iluminar su delicada oscuridad, y cuando la mayor parte del aire estaba contaminado con sustancias no toxicas pero que producían humos de colores, él abría presuroso la puerta al sótano debajo de la mesa cuatro, que camuflo perfectamente para que nadie notara la diferencia entre el piso y la puerta, bajaba por las escaleras de piedra, alumbrando con su candelabro las paredes pintadas con dibujos exotéricos casi fuera de este mundo . A Eduardo le palpita el corazón muy fuerte cada vez que baja y no es para menos, porque el guarda un secreto que la humanidad no debe conocer, él piensa (y tal vez estaba en lo cierto) que los humanos están destinados a destruir lo hermoso de la vida, aquello misterioso e inimaginable que raras veces se puede encontrar.
-hola- le dijo una voz en la oscuridad.
-hola amor- respondió con su encantadora voz Eduardo.
Y al paso que llegaba al lugar donde provenía la otra voz se encendieron las luces por arte de magia en la compleja cueva que había permanecido oculta a todos, el agua le cubría las rodillas a Eduardo, cerca de un desnivel donde el fondo era más profundo nadaba una hermosa mujer con cola de pez y cabello verde, sonrío desde el fondo para Eduardo, él se sonrojo.
-Amor, estaba vez estaremos juntos para siempre- le dijo Eduardo a su hermosa amada.
Ella sonrió y aleteo su cola salpicando agua.
- Esta vez no te dejare ir, me perteneces en cuerpo y alma- le contesto la sirena, despejando su cara del largo cabello verde.
- nos amaremos hasta el final, sin ese mundo perverso de la superficie, sin este cuerpo que me ata, escaparemos hacia la muerte.
Eduardo se hinco en el agua, entre sus manos tomo la cara de su amada la acerco a la de él, y dejo que el momento los fundiera en uno solo.
Mientras arriba un nuevo curioso, observaba una copia robótica de Eduardo deslizarse mecánicamente, por todo el laboratorio rascándose la cabeza y moviendo las manos.
Abajo el Eduardo verdadero sonrió al lanzarse al fondo del desnivel cuya profundidad no había podido calcular, y arriba el Eduardo Falso sonrió también al arrogar una bomba al suelo, mientras que en la cara del curioso se dibujo una expresión de miedo al lanzarse al piso y escuchar la explosión.
Dicen los periódicos que la muerte de tan joven promesa se sigue investigando.
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