musador
esperando...
No mereces lugar en el olvido
que guardo junto al odio en mi sesera,
ni gloria de haber sido tan siquiera
un hueco en la memoria de mi nido.
El olvido es la forma del recuerdo
que persiste volviendo a nuestra puerta
siempre que por descuido queda abierta
esa luz que separa a loco y cuerdo.
Si en mi sueño crecieras pesadilla
honrada te verías del insulto:
mas ni brasa, ni fuego, ni tumulto,
ni ceniza, ni polvo, ni rencilla
alimentan mi mente que te ignora
desde hoy, y ayer, a mi postrera hora.
Nota. A mi entender, el verso 14 «de hoy para siempre, en buena hora» tiene nueve sílabas. Surgió así con tanta naturalidad, que decidí dejarlo: dice «esto no es un soneto», jajaja. Quizás cambie de idea...
Atendiendo a las críticas y a mi propio criterio, abandonando cierto impulso rebelde, lo he cambiado. Queda ahora un cierto abuso del presente «ignora» que tiene calidad expresiva, ya veré si lo tolero hasta mañana.
Les dejo acá un soneto de sor Juana Inés de la Cruz, la modernidad de cuyos conceptos me sorprende, que motivó en cierta medida mis versos:
Dices que yo te olvido, Celio, y mientes,
en decir que me acuerdo de olvidarte,
pues no hay en mi memoria alguna parte
en que, aun como olvidado, te presentes.
Mis pensamientos son tan diferentes
y en todo tan ajenos de tratarte,
que ni saben ni pueden olvidarte,
ni si te olvidan saben si lo sientes.
Si tú fueras capaz de ser querido,
fueras capaz de olvido; y ya era gloria
al menos la potencia de haber sido.
Mas tan lejos estás de esa victoria,
que aqueste no acordarme no es olvido
sino una negación de la memoria.
que guardo junto al odio en mi sesera,
ni gloria de haber sido tan siquiera
un hueco en la memoria de mi nido.
El olvido es la forma del recuerdo
que persiste volviendo a nuestra puerta
siempre que por descuido queda abierta
esa luz que separa a loco y cuerdo.
Si en mi sueño crecieras pesadilla
honrada te verías del insulto:
mas ni brasa, ni fuego, ni tumulto,
ni ceniza, ni polvo, ni rencilla
alimentan mi mente que te ignora
desde hoy, y ayer, a mi postrera hora.
Nota. A mi entender, el verso 14 «de hoy para siempre, en buena hora» tiene nueve sílabas. Surgió así con tanta naturalidad, que decidí dejarlo: dice «esto no es un soneto», jajaja. Quizás cambie de idea...
Atendiendo a las críticas y a mi propio criterio, abandonando cierto impulso rebelde, lo he cambiado. Queda ahora un cierto abuso del presente «ignora» que tiene calidad expresiva, ya veré si lo tolero hasta mañana.
Les dejo acá un soneto de sor Juana Inés de la Cruz, la modernidad de cuyos conceptos me sorprende, que motivó en cierta medida mis versos:
Dices que yo te olvido, Celio, y mientes,
en decir que me acuerdo de olvidarte,
pues no hay en mi memoria alguna parte
en que, aun como olvidado, te presentes.
Mis pensamientos son tan diferentes
y en todo tan ajenos de tratarte,
que ni saben ni pueden olvidarte,
ni si te olvidan saben si lo sientes.
Si tú fueras capaz de ser querido,
fueras capaz de olvido; y ya era gloria
al menos la potencia de haber sido.
Mas tan lejos estás de esa victoria,
que aqueste no acordarme no es olvido
sino una negación de la memoria.
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