Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Y se ha creado el caos como respuesta a todas nuestras utopías.
Un caos lleno de hilos irrompibles cuidadosamente entretejidos.
Ensordecen las voces de los medios audio visuales, el palabrerío de los medios escritos, las voces de las calles que repiten y repiten lo que escuchan o leen, como si repetir significara tener el recurso innato de la sabiduría.
Incomprensible es el discurso de los gobernantes que simulan su impotencia o su complicidad con palabras y gestos que pretenden mostrar aplomo, seguridad.
Lo cierto, lo que se mira, sin escuchar las voces inductoras de los medios, es que ha llegado como puerto de playa a nuestras vidas eso que llaman caos. Atraído como una nueva forma de mercado, de hacer dinero, de inversión segura para preservar las ganancias.
En el caos todo deja dinero.
Cada evento humano tradicional, el embarazo, el parto, la niñez. la alegría, el amor, la salud, la enfermedad, la abundancia y la riqueza, la muerte: todo, todo deja dinero.
Y el caos también: los secuestros, la prostitución infantil, el tráfico de seres humanos, las protestas, las guerras, los combustibles, las armas, las noticias, etc etc etc todo deja dinero. Se calculan los riesgos y se invierte en ambos rubros como inversión segura: en el carro blindado y en el misil que lo destruye. Se vive en el miedo en un mundo que aterroriza. Se cuidan las miradas para no mirar a los facinerosos, para no llamar la atención y volverse víctima. Hay un imperio que reina y extiende sus dominios. Un imperio nuevo que se calcula y explota desde las cúpulas financieras que administras nuestro dinero. El imperio del caos, que se asemeja al avance por entre la granja del monstruo depredador que amenaza y devora, que promueve el consumo de dispositivos de protección inservibles y obsoletos.
Nadie mata al caos, genera grandes ganancias, no es preciso llevar guerras a otros sitios, la guerra está aquí, en nuestras puertas, en nuestras calles. Puede incluso estar dentro de nuestras consciencias o la de nuestros vecinos, en el pensamientos certero de que no hay otra cosa que impunidad ante el crimen o el abuso.
Cuantos medicamentos existen para curar los males y se ocultan porque no son lucrativos. Se dejan los otros, los que sobrellevan el mal, esos que aportan un rédito cada periodo de 30 o 33 días. Así es el caos. Una bestia que espera en cualquier sitio inesperado, y que cada vez que asesina o destruye genera ventas y ganancias.
Se extiende sin que exista una intención honesta de detenerlo, la gallina de los huevos de oro de nuestra época.
Un caos lleno de hilos irrompibles cuidadosamente entretejidos.
Ensordecen las voces de los medios audio visuales, el palabrerío de los medios escritos, las voces de las calles que repiten y repiten lo que escuchan o leen, como si repetir significara tener el recurso innato de la sabiduría.
Incomprensible es el discurso de los gobernantes que simulan su impotencia o su complicidad con palabras y gestos que pretenden mostrar aplomo, seguridad.
Lo cierto, lo que se mira, sin escuchar las voces inductoras de los medios, es que ha llegado como puerto de playa a nuestras vidas eso que llaman caos. Atraído como una nueva forma de mercado, de hacer dinero, de inversión segura para preservar las ganancias.
En el caos todo deja dinero.
Cada evento humano tradicional, el embarazo, el parto, la niñez. la alegría, el amor, la salud, la enfermedad, la abundancia y la riqueza, la muerte: todo, todo deja dinero.
Y el caos también: los secuestros, la prostitución infantil, el tráfico de seres humanos, las protestas, las guerras, los combustibles, las armas, las noticias, etc etc etc todo deja dinero. Se calculan los riesgos y se invierte en ambos rubros como inversión segura: en el carro blindado y en el misil que lo destruye. Se vive en el miedo en un mundo que aterroriza. Se cuidan las miradas para no mirar a los facinerosos, para no llamar la atención y volverse víctima. Hay un imperio que reina y extiende sus dominios. Un imperio nuevo que se calcula y explota desde las cúpulas financieras que administras nuestro dinero. El imperio del caos, que se asemeja al avance por entre la granja del monstruo depredador que amenaza y devora, que promueve el consumo de dispositivos de protección inservibles y obsoletos.
Nadie mata al caos, genera grandes ganancias, no es preciso llevar guerras a otros sitios, la guerra está aquí, en nuestras puertas, en nuestras calles. Puede incluso estar dentro de nuestras consciencias o la de nuestros vecinos, en el pensamientos certero de que no hay otra cosa que impunidad ante el crimen o el abuso.
Cuantos medicamentos existen para curar los males y se ocultan porque no son lucrativos. Se dejan los otros, los que sobrellevan el mal, esos que aportan un rédito cada periodo de 30 o 33 días. Así es el caos. Una bestia que espera en cualquier sitio inesperado, y que cada vez que asesina o destruye genera ventas y ganancias.
Se extiende sin que exista una intención honesta de detenerlo, la gallina de los huevos de oro de nuestra época.
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