Al beso de la aurora
cantan los gorrioncillos,
su trinar me dibuja una mañana
de aromas y caminos.
Sobre la hierba fresca,
pasean los suspiros
y son las brisas, vientos y colores
dueños de ecos y gritos.
El silencio va y viene
por el parque vacío,
solo una mariposa se me acerca
moviendo su abanico.
Bajo los verdes chopos,
todo queda sumido
al callado lamento de una fuente
sobre un jardín divino.
La tarde vierte aromas
de rosas y de lirios,
un primitivo sol se va apagando
mientras cantan los grillos.
Se encienden las farolas
en el parque tranquilo
y la luna de plata pone fin
una tarde de estío.
Luis