Viruza
Poeta recién llegado
-No quiero estar más con vos- dejó caer con inexplicable frialdad. Lo miraba inmutable sin comprender su propia excesiva crudeza. Le hubiese gustado ser capaz de derramar alguna lágrima para que el momento adquiriera una atmósfera más cálida, más solidaria. Pero la realidad era que le estaba rompiendo el corazón con impasible temeridad.
Ambos asumían demasiado. Ella no quiso mostrarse lastimera y, pensando en el hecho de que siempre habían sobrado las palabras entre ellos y que parecían comprenderse sólo con miradas -como si sus ojos hablasen un lenguaje propio-, descansaba en la tranquilidad de pensar que él entendía, que la entendía. ¿Pero cómo podría percibir algo que estaba celosamente escondido, algo que ella se había cuidado de no manifestar incluso a sí misma? ¿Cómo era posible aprehender tal cosa?
Aliviada, lo observó marcharse con la cómoda ilusión de haber cerrado una etapa de una forma madura y atinada...
Él, ante la inconcebible crueldad de la situación, oía las tajantes y escasas palabras que salían de su boca guardándolas en lo más profundo de su alma sin pedir explicación alguna. De pronto olvidó que la conocía hacía años y vio ante sí a una mujer infame y gélida cuyo único propósito era hacerlo desdichado, miserable.
Dolido, se marchó con la amargura de la incomprensión, cuyo sabor permanecería junto a él durante mucho tiempo...
Ambos asumían demasiado. Ella no quiso mostrarse lastimera y, pensando en el hecho de que siempre habían sobrado las palabras entre ellos y que parecían comprenderse sólo con miradas -como si sus ojos hablasen un lenguaje propio-, descansaba en la tranquilidad de pensar que él entendía, que la entendía. ¿Pero cómo podría percibir algo que estaba celosamente escondido, algo que ella se había cuidado de no manifestar incluso a sí misma? ¿Cómo era posible aprehender tal cosa?
Aliviada, lo observó marcharse con la cómoda ilusión de haber cerrado una etapa de una forma madura y atinada...
Él, ante la inconcebible crueldad de la situación, oía las tajantes y escasas palabras que salían de su boca guardándolas en lo más profundo de su alma sin pedir explicación alguna. De pronto olvidó que la conocía hacía años y vio ante sí a una mujer infame y gélida cuyo único propósito era hacerlo desdichado, miserable.
Dolido, se marchó con la amargura de la incomprensión, cuyo sabor permanecería junto a él durante mucho tiempo...