El pozo

La venganza con ser dulce no aquieta el dolor del alma, el alivio es corto y ¿Quien sabe si el marido no era un maltratador, o si un amor ciego les llevo al abismo? la tragedia de los sentimientos límite. Me ha gustado mucho tu relato, escribes realmente bien, muy gráfico, un abrazo , feliz día.
 
Magnifico relato cargado de imágenes, La justicia de los hombres, yerra mas frecuentemente que la del destino.

Aplausos y admiracion.

Un abrazo.
 
Extraordinario amigo, muy buen trabajo, logras atrapar con tus misterios al lector, un abrazo y estrellas todas para tu inspiración, hasta pronto.
 
Miguel Echeverría;3965187 dijo:
Extraordinario amigo, muy buen trabajo, logras atrapar con tus misterios al lector, un abrazo y estrellas todas para tu inspiración, hasta pronto.
Gracias Miguel, te dejo un fuerte abrazo de amigo.
 
vaya que potencia y original poema, mil besos poeta
El imperio de la pasión
Nagisa Oshima

Mataron al marido y lo tiraron al pozo.
Era otoño y las hojas caían de los árboles.
Se dieron al amor con la voracidad de tigres.
A todas horas se lo pasaban uno encima del otro
con una obsesión tal que en el pueblo murmuraban
que la desaparición del marido no había sido casual
y que los muertos vuelven si han sido asesinados.
Alguien descubrió que del profundo pozo salían voces.
Alguien propagó que las voces eran del marido.
Cercana a la locura la mujer veía en sueños
el fantasma del hombre que había sido su esposo.
Se dieron al alcohol para acallar la conciencia,
pero la conciencia seguía carcomiendo sus vidas.
Del amor de los cuerpos nació un niño enfermo
sin dedos en los pies y ciego de un ojo.
Se acercó el hombre al pozo una noche
y un grito fantasmal llegó hasta sus oídos,
espantado corrió hasta llegar a casa
y esa noche en sus sueños hubo mucha sangre.
Decidieron que el hombre al pozo bajara
y descubrir así la procedencia del grito.
Bajó una noche de una inescrutable niebla.
El hombre no volvió,tan solo se oyó un alarido
y una terrible y monstruosa carcajada,
después un pavoroso silencio se adueñó de la noche.
Pero la mujer seguía intranquila y con miedo,
soñaba con escrutadores ojos que espiaban sus actos.
Decidió que o bajaba o de terror moriría
y así una noche de invierno se adentró en el bosque
con una larga soga que ató a un árbol
deslizando la otra punta a lo largo del agujero
donde había desaparecido su voluptuoso amante.
Bajó con una lámpara para alumbrar las tinieblas
pero un golpe de viento la apagó enseguida.
Se asía a la cuerda para no hundirse en el fango
mientras con estupor veía que subía una luz
desde el fondo del pozo hasta donde ella estaba.
Sintió como si una mano la agarrara del pie
y un tirón brutal la hundió en el légamo
reuniéndose así con su amante en la muerte.
Así un muerto se cobra lo que su mujer le debe,
así pagan los asesinos su propensión al pecado.

Eladio Parreño Elías


22-Marzo-2011




 
Me incertas comodamente en tu poema...estoy sentado en mi butaca observando su desarrollo en tu escenario...dejandome llevar dentro como espectador a lado...tambien yo me asome al pozo: "¿acaso tambien le escuche...?" estupendo poema...a mi parecer, tu narrativa poematica, es propia de quien tiene el don de la novela..conduces bien, y no te pasas los altos. Realmente bueno, muy bueno. Te felicito bardo, amigo si quieres, colega...
 
Eladio, creo haber leído antes tu poema del pozo y al volverlo a leer, sentí un escalofrío en mi cuerpo pues suena tn real mientras se lee. Quizá sea solo tu imaginación pero de la manera que lo has escrito parece tan real que hace sentir a quien te lee. Hasta me parece ver el pozo! Eres un gran poeta y te felicito por ello. Saludos y Bendiciones.
 
El imperio de la pasión
Nagisa Oshima

Mataron al marido y lo tiraron al pozo.
Era otoño y las hojas caían de los árboles.
Se dieron al amor con la voracidad de tigres.
A todas horas se lo pasaban uno encima del otro
con una obsesión tal que en el pueblo murmuraban
que la desaparición del marido no había sido casual
y que los muertos vuelven si han sido asesinados.
Alguien descubrió que del profundo pozo salían voces.
Alguien propagó que las voces eran del marido.
Cercana a la locura la mujer veía en sueños
el fantasma del hombre que había sido su esposo.
Se dieron al alcohol para acallar la conciencia,
pero la conciencia seguía carcomiendo sus vidas.
Del amor de los cuerpos nació un niño enfermo
sin dedos en los pies y ciego de un ojo.
Se acercó el hombre al pozo una noche
y un grito fantasmal llegó hasta sus oídos,
espantado corrió hasta llegar a casa
y esa noche en sus sueños hubo mucha sangre.
Decidieron que el hombre al pozo bajara
y descubrir así la procedencia del grito.
Bajó una noche de una inescrutable niebla.
El hombre no volvió,tan solo se oyó un alarido
y una terrible y monstruosa carcajada,
después un pavoroso silencio se adueñó de la noche.
Pero la mujer seguía intranquila y con miedo,
soñaba con escrutadores ojos que espiaban sus actos.
Decidió que o bajaba o de terror moriría
y así una noche de invierno se adentró en el bosque
con una larga soga que ató a un árbol
deslizando la otra punta a lo largo del agujero
donde había desaparecido su voluptuoso amante.
Bajó con una lámpara para alumbrar las tinieblas
pero un golpe de viento la apagó enseguida.
Se asía a la cuerda para no hundirse en el fango
mientras con estupor veía que subía una luz
desde el fondo del pozo hasta donde ella estaba.
Sintió como si una mano la agarrara del pie
y un tirón brutal la hundió en el légamo
reuniéndose así con su amante en la muerte.
Así un muerto se cobra lo que su mujer le debe,
así pagan los asesinos su propensión al pecado.

Eladio Parreño Elías


22-Marzo-2011




Tremenda historia amigo Eladio, me has tenido enganchado desde el título. Tarde o temprano, uno se cobra lo que se le debe y al modo que debe. Soberbio amigo mío. ¿ Te has parado a pensar en hacer un libro de intriga ?
Fraternal abrazo Maestro.
 
El imperio de la pasión
Nagisa Oshima

Mataron al marido y lo tiraron al pozo.

Era otoño y las hojas caían de los árboles.
Se dieron al amor con la voracidad de tigres.
A todas horas se lo pasaban uno encima del otro
con una obsesión tal que en el pueblo murmuraban
que la desaparición del marido no había sido casual
y que los muertos vuelven si han sido asesinados.
Alguien descubrió que del profundo pozo salían voces.
Alguien propagó que las voces eran del marido.
Cercana a la locura la mujer veía en sueños
el fantasma del hombre que había sido su esposo.
Se dieron al alcohol para acallar la conciencia,
pero la conciencia seguía carcomiendo sus vidas.
Del amor de los cuerpos nació un niño enfermo
sin dedos en los pies y ciego de un ojo.
Se acercó el hombre al pozo una noche
y un grito fantasmal llegó hasta sus oídos,
espantado corrió hasta llegar a casa
y esa noche en sus sueños hubo mucha sangre.
Decidieron que el hombre al pozo bajara
y descubrir así la procedencia del grito.
Bajó una noche de una inescrutable niebla.
El hombre no volvió,tan solo se oyó un alarido
y una terrible y monstruosa carcajada,
después un pavoroso silencio se adueñó de la noche.
Pero la mujer seguía intranquila y con miedo,
soñaba con escrutadores ojos que espiaban sus actos.
Decidió que o bajaba o de terror moriría
y así una noche de invierno se adentró en el bosque
con una larga soga que ató a un árbol
deslizando la otra punta a lo largo del agujero
donde había desaparecido su voluptuoso amante.
Bajó con una lámpara para alumbrar las tinieblas
pero un golpe de viento la apagó enseguida.
Se asía a la cuerda para no hundirse en el fango
mientras con estupor veía que subía una luz
desde el fondo del pozo hasta donde ella estaba.
Sintió como si una mano la agarrara del pie
y un tirón brutal la hundió en el légamo
reuniéndose así con su amante en la muerte.
Así un muerto se cobra lo que su mujer le debe,
así pagan los asesinos su propensión al pecado.

Eladio Parreño Elías


22-Marzo-2011




El imperio de la pasión
Nagisa Oshima

Mataron al marido y lo tiraron al pozo.

Era otoño y las hojas caían de los árboles.
Se dieron al amor con la voracidad de tigres.
A todas horas se lo pasaban uno encima del otro
con una obsesión tal que en el pueblo murmuraban
que la desaparición del marido no había sido casual
y que los muertos vuelven si han sido asesinados.
Alguien descubrió que del profundo pozo salían voces.
Alguien propagó que las voces eran del marido.
Cercana a la locura la mujer veía en sueños
el fantasma del hombre que había sido su esposo.
Se dieron al alcohol para acallar la conciencia,
pero la conciencia seguía carcomiendo sus vidas.
Del amor de los cuerpos nació un niño enfermo
sin dedos en los pies y ciego de un ojo.
Se acercó el hombre al pozo una noche
y un grito fantasmal llegó hasta sus oídos,
espantado corrió hasta llegar a casa
y esa noche en sus sueños hubo mucha sangre.
Decidieron que el hombre al pozo bajara
y descubrir así la procedencia del grito.
Bajó una noche de una inescrutable niebla.
El hombre no volvió,tan solo se oyó un alarido
y una terrible y monstruosa carcajada,
después un pavoroso silencio se adueñó de la noche.
Pero la mujer seguía intranquila y con miedo,
soñaba con escrutadores ojos que espiaban sus actos.
Decidió que o bajaba o de terror moriría
y así una noche de invierno se adentró en el bosque
con una larga soga que ató a un árbol
deslizando la otra punta a lo largo del agujero
donde había desaparecido su voluptuoso amante.
Bajó con una lámpara para alumbrar las tinieblas
pero un golpe de viento la apagó enseguida.
Se asía a la cuerda para no hundirse en el fango
mientras con estupor veía que subía una luz
desde el fondo del pozo hasta donde ella estaba.
Sintió como si una mano la agarrara del pie
y un tirón brutal la hundió en el légamo
reuniéndose así con su amante en la muerte.
Así un muerto se cobra lo que su mujer le debe,
así pagan los asesinos su propensión al pecado.

Eladio Parreño Elías


22-Marzo-2011




Estremecedor poema sobre un marido matado que lo tiraron al pozo, tiene un cierto aire de misterio y miedo tu poema .Grato leerte. Un fuerte abrazo querido amigo.
 

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