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El Pterodáctilo

Flores de unción.

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Siempre sonó tu canción
y tus palabras pintaron al viento,
a veces flores de unción.
Son las ternuras que siento
aunque me cuentes tu triste tormento.

 
Última edición:
Hemos perdido el aliento
en estas calles del pájaro-estatua.
La vi mutar de cristal a cemento
a su esmirriada figura
en la metrópolis fatua,
sin pluma o canto en su mística pura.
Combina el árbol. Delgado, se encoge
allá en la esquina de muros y hollín.
Es una cáscara seca
que ardilla y bicho en su nervio recoge.
Y es el podrido alcornoque un jardín
a la miseria en el ojo y la mueca
del transeúnte del rumbo apurado
y de la meta perdida en un sueño
ya casi siendo ultimado,
que desvaría, implorando otro dueño.
 
Con la mirada en aumento,
un gato en su terquedad
de victimario en un hoyo cualquiera,

así llegó su talento,
bebiéndose la ciudad
y mucho más del cristal de quien fuera.

Era una boa en caño de acero,
una escultura en que lágrimas secas
tallaron, firmes, un sol duradero.
Un caro almizcle embriagó sus muñecas

aquella noche del miedo primero.
Huyó al confín del dulzor de sus pecas
a disfrazársele el ángel entero
con fuego, sexo y el rouge de sus muecas.
 
Creo que el último te ha quedado sáfico puro pleno (1-4-8-10), Luciana.

Ese que mira, el burlón del espejo,
sabe que soy su peor enemigo.
No busca charlas, ni abrigo.
Y mucho menos, consejo.
Me piensa un día que quema en albores
y luego empieza a morirse en su cuna.

La quise como a ninguna.
Le causa gracia mis penas de amores.
Da media vuelta el bufón del reflejo.
Detesta verse llorar en mis ojos
y compartir un pellejo
de cicatrices
que es colección de rastrojos
aunque camufle el dolor con barnices
para ocultarme el engaño
mientras le empaño
tanto cristal que nos hace infelices.
 
Última edición:
Lunas calladas.

No eran encuentros casuales,
era una urdimbre de citas ligadas.
Sus ritmos eran sensuales
secuencia de olas trabadas
mar de deseos con lunas calladas.

Era de noche el encuentro
y era un soñar de color y estridencia.
Era tu boca en el centro
fuente de toda querencia.
Poemas causa de mi complacencia.

Era la vida de flores ahíta
y los perfumes untaban el viento
era un venero la cita
plena de tu advenimiento
cantos alegres, tu risa, tu tiento.
 
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