BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Algunos, los mejores de nosotros,
nos quedamos obstruidos en los sentimientos
de la adolescencia: celos, pasiones ficticias,
odios, menosprecios infantiles, desdenes
plagiados. Algunos, los mejores, quizás,
quedaron atrapados en ese astuto juego
del resentimiento. Del arrepentimiento,
de las negligentes madrugadas que rotulamos
con imprecaciones y sonidos de altivos despectivos,
fabricamos la mansión de nuestros rencores y asedios
repetitivos. Vivimos, a partir de entonces, dentro
de nuestros respectivos hogares, calumniados, incivilizados,
prometiéndonos regresar al desempeño de nuestras
funciones noctámbulas: elegimos senderos dispares,
pero concluyendo que lo mejor era la elección
de un oficio o profesión que no ocupara nuestros
esenciales y obligatorios desvelos. Porteros de barrio,
agentes de seguridad, controladores de accesos,
oficinistas en los patéticos rincones del imperio.
Decidimos oscurecer, asentados en nuestro nuevo
exilio.
©
nos quedamos obstruidos en los sentimientos
de la adolescencia: celos, pasiones ficticias,
odios, menosprecios infantiles, desdenes
plagiados. Algunos, los mejores, quizás,
quedaron atrapados en ese astuto juego
del resentimiento. Del arrepentimiento,
de las negligentes madrugadas que rotulamos
con imprecaciones y sonidos de altivos despectivos,
fabricamos la mansión de nuestros rencores y asedios
repetitivos. Vivimos, a partir de entonces, dentro
de nuestros respectivos hogares, calumniados, incivilizados,
prometiéndonos regresar al desempeño de nuestras
funciones noctámbulas: elegimos senderos dispares,
pero concluyendo que lo mejor era la elección
de un oficio o profesión que no ocupara nuestros
esenciales y obligatorios desvelos. Porteros de barrio,
agentes de seguridad, controladores de accesos,
oficinistas en los patéticos rincones del imperio.
Decidimos oscurecer, asentados en nuestro nuevo
exilio.
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