Cuando entro en casa
es al primero que veo,
el que me dice de golpe
el tiempo Una realidad
colgada en la pared
marca las horas sin descanso,
me orienta,
me acompaña tranquila en las veladas.
Su suave compás
cada segundo me marca,
mas allá de las palabras
esta su surco continuo de susurros,
de tiempo nuevo y de siempre.
El vientre de madera
encierra el alma del aire,
absorbe su agua
y por él me entero
que la lluvia caerá mañana.
Cuando a solas
me encierro en el silencio
su metálica voz a lo lejos canta
tan suave como su corazón puede,
tan firme,
como su cuerpo de madera aguanta.
Es mi compañero de estudios,
de noches sin madrugadas,
de días en calma.
que entre su esfera
de mi tiempo se escapa,
pero nunca su voz me altera.
Su ritmo da sosiego,
y cuidadosamente
yo “mantengo su vida”
y el la mía me marca.
es al primero que veo,
el que me dice de golpe
el tiempo Una realidad
colgada en la pared
marca las horas sin descanso,
me orienta,
me acompaña tranquila en las veladas.
Su suave compás
cada segundo me marca,
mas allá de las palabras
esta su surco continuo de susurros,
de tiempo nuevo y de siempre.
El vientre de madera
encierra el alma del aire,
absorbe su agua
y por él me entero
que la lluvia caerá mañana.
Cuando a solas
me encierro en el silencio
su metálica voz a lo lejos canta
tan suave como su corazón puede,
tan firme,
como su cuerpo de madera aguanta.
Es mi compañero de estudios,
de noches sin madrugadas,
de días en calma.
que entre su esfera
de mi tiempo se escapa,
pero nunca su voz me altera.
Su ritmo da sosiego,
y cuidadosamente
yo “mantengo su vida”
y el la mía me marca.