El reloj de pared

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Cuando entro en casa

es al primero que veo,

el que me dice de golpe

el tiempo Una realidad

colgada en la pared

marca las horas sin descanso,

me orienta,

me acompaña tranquila en las veladas.


Su suave compás

cada segundo me marca,

mas allá de las palabras

esta su surco continuo de susurros,

de tiempo nuevo y de siempre.


El vientre de madera

encierra el alma del aire,

absorbe su agua

y por él me entero

que la lluvia caerá mañana.


Cuando a solas

me encierro en el silencio

su metálica voz a lo lejos canta

tan suave como su corazón puede,

tan firme,

como su cuerpo de madera aguanta.


Es mi compañero de estudios,

de noches sin madrugadas,

de días en calma.

que entre su esfera

de mi tiempo se escapa,

pero nunca su voz me altera.


Su ritmo da sosiego,

y cuidadosamente

yo “mantengo su vida”

y el la mía me marca.
 
Una delicia de poema, María; de una intimidad tan cálida que quienes hemos vivido esas tardes otoñales acunados por el tic-tac eterno de un reloj de pared, hemos regresado en nuestra ensoñación a esa especie de ambiente amniótico que tan bien describes en tus versos. Felicidades.
miguel
 

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