Las aves con sus vuelos verticalesy el vértigo en sus alas golondrinas
acompañan las siegas matutinas
mientras llora el rocío en los bancales.
Y en esas madrugadas infernales
recolectan las mieses las cetrinas
manos del labrador, que son espinas
clavadas en la palma de sus males.
Y en su frente el sudor recorre el lecho
que forman las arrugas, cual barbecho
estéril, infecundo y agrietado.
Y esclavo del trabajo que lo habita
las noches cuando sueña resucita
el ahínco en el campo que ha sembrado.
José Soriano Simón
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Junio 2025
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