El sueño de Hera

Frankos Roda

Poeta recién llegado


Despunta en la alborada y resplandece... ¡Oh, Apolo, el de rubios dardos de fino oro!...

Allá Artemisa baja, descalza... Titila el estanque resplandeciente púrpura herido por el Can

de fuego... El peplo, transparente, deja ver sus sonrosados senos...

Dos hermosas areolas, excitadas por el azur de seda

que las comprime, turban puntiagudas a la conspiración que acecha.

Ajeno a los testigos, Acteón la espera como un nenúfar en flor mientras,

desde la orilla, la traílla de sus mastines reverencian a la diosa y luego se recuestan,

cabeza erguida, sobre la fresca hierba... Paz.

Ella desnuda el cuerpo y unida a su amado, sellan la pasión con un largo beso...

Roto el silencio, entre las selvas los ramajes abren huecos de celos...

Ni amantes, ni vigías alertan... Cuando se ama, nada turba, todo calla a lo sublime.


En el monte próximo, Sísifo empuja una mole pétrea hasta la cima... Al punto, llega;

Tonante rayo parte la piedra y de sus esquirlas se edifica un palacio... Aplaude Olympo.

Un águila planea por la Tróade, fija sus agudos ojos en el joven Ganímedes y, en picado vuelo,

abraza al bello joven y lo eleva al mismo cenit... Apolo abre su corazón... "¡Padre...!, ¿para mí?..."

El Ave desciende hasta el balaustrado porche y sobre el tálamo de Hera, deja al muchacho...

¡Amado esposo!... Ganímedes escancia en las copas de sus anfitriones, desnuda su cuerpo

y se entrega a la diosa, sonríe a Zeus, tapa su cara pasando la palma de la mano

y luego guiña un ojo... ¡Sublime belleza!, interpreta el dios, la espera... interminable...


Poseidón, tridente en mano, acude al sueño en su carroza de oricalco tirada por delfinoides alazanes.

Barrunta el mar bravo oleaje, Prometeo seduce a Pandora, absorto, forma hombres del arcilloso barro...

Beben del piélago incesantes nubes, acá y allá descargan, anegan montes, hinchan ríos cubriendo las más

altas cúspides... Decaulión y Pirra, en nao titánica, preservan al mundo del castigado ultraje... Solo Olympo

bruñe sus pilastras de enjalbegado mármol...


Despierta Hera y, junto a la Paz, encadenada, la odiosa guerra.

Nada en sueños viene a ser como es, todo ensueño es como era.​
 
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Despunta en la alborada y resplandece... ¡Oh, Apolo, el de rubios dardos de fino oro!...

Allá Artemisa baja, descalza... Titila el estanque resplandeciente púrpura herido por el Can

de fuego... El peplo, transparente, deja ver sus sonrosados senos...

Dos hermosas areolas, excitadas por el azur de seda

que las comprime, turban puntiagudas a la conspiración que acecha.

Ajeno a los testigos, Acteón la espera como un nenúfar en flor mientras,

desde la orilla, la traílla de sus mastines reverencian a la diosa y luego se recuestan,

cabeza erguida, sobre la fresca hierba... Paz.

Ella desnuda el cuerpo y unida a su amado, sellan la pasión con un largo beso...

Roto el silencio, entre las selvas los ramajes abren huecos de celos...

Ni amantes, ni vigías alertan... Cuando se ama, nada turba, todo calla a lo sublime.


En el monte próximo, Sísifo empuja una mole pétrea hasta la cima... Al punto, llega;

Tonante rayo parte la piedra y de sus esquirlas se edifica un palacio... Aplaude Olympo.

Un águila planea por la Tróade, fija sus agudos ojos en el joven Ganímedes y, en picado vuelo,

abraza al bello joven y lo eleva al mismo cenit... Apolo abre su corazón... "¡Padre...!, ¿para mí?..."

El Ave desciende hasta el balaustrado porche y sobre el tálamo de Hera, deja al muchacho...

¡Amado esposo!... Ganímedes escancia en las copas de sus anfitriones, desnuda su cuerpo

y se entrega a la diosa, sonríe a Zeus, tapa su cara pasando la palma de la mano

y luego guiña un ojo... ¡Sublime belleza!, interpreta el dios, la espera... interminable...


Poseidón, tridente en mano, acude al sueño en su carroza de oricalco tirada por delfinoides alazanes.

Barrunta el mar bravo oleaje, Prometeo seduce a Pandora, absorto, forma hombres del arcilloso barro...

Beben del piélago incesantes nubes, acá y allá descargan, anegan montes, hinchan ríos cubriendo las más

altas cúspides... Decaulión y Pirra, en nao titánica, preservan al mundo del castigado ultraje... Solo Olympo

bruñe sus pilastras de enjalbegado mármol...


Despierta Hera y, junto a la Paz, encadenada, la odiosa guerra.

Nada en sueños viene a ser como es, todo ensueño es como era.​
Me encanta tus letras, sobre todo lo que relacione con los dioses del Olympus , ó personajes de la mitología, sea esta romana o griega. ( y otras culturas) Me hace recordar los años de estudiante cuando teníamos que leer tanta literatura y desarrollar temas en las asignaturas Castellano e Historia. Un verdadero placer visitar tu espacio poeta, un abrazo
 
Me encanta tus letras, sobre todo lo que relacione con los dioses del Olympus , ó personajes de la mitología, sea esta romana o griega. ( y otras culturas) Me hace recordar los años de estudiante cuando teníamos que leer tanta literatura y desarrollar temas en las asignaturas Castellano e Historia. Un verdadero placer visitar tu espacio poeta, un abrazo

Agradecido por tu agradable comentario, Bristy. La mitología tiene multitud de semblanzas con lo que llamamos Historia aunque, como su propio enunciado informa, vire más a la fábula que a los hechos históricos reales.
Mi amistad hasta tu espacio, poetisa.

Frankos
 

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