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El sueño de Hugolino

BELLISIMO, con un mensaje muy bonito, yo no creo mucho en los sueños, sin embargo, tal vez estos nos quieran decir algo, claro que es mejor si lo interpretamos optimistamente, no se pero el otro dia se me murio una mascota muy querida y yo estaba inconsolable, era mi gatito que cuide desde pequeño y no pude salvarlo cuando enfermo, entonces ese dia que murió, por la noche soñe con mi padre que esta difunto igual, soñe que me regalaba una gran tortuga y me decia que la cuidara, y bueno no compre una tortuga pero fue un sueño hermoso, ademas sabes que? misteriosamente ese dia que murio mi gato, alos 15 minutos en mi jardin llego un periquito australiano, mi perro lo tenia ya en el ocico y lo rescatamos, estaba ileso, pero decidi regalarlo y a quien se lo di se le escapo, que cosas, bueno me explaye, abrazos y estrellas, siempre es interesante leerte.
 
Es curioso como un mal sueño puede cambiar una vida. Muy curioso.
Un bonita historia, bien contada y bien escrita. Me gustó mucho, amigo, gracias por la invitación a tu rincón de la escritura.
Abrazos, estrellas y reputación merecida por tan correcto y bello escrito.
 
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Llegó una noche de invierno al monasterio franciscano de Friscalia. Decía desconocer su edad y origen, aunque los frailes supusieron por su forma de hablar que debía pertenecer a una familia noble. No recordaba su nombre, y los frailes decidieron llamarle Hugolino.
Una noche, acostado en su celda, soñó que era requerido por Eusebio, el abad del monasterio. Había llegado un mensaje del rey de Francia, en el que le invitaban a visitarlo. Dentro de unos días llegaría el cortejo para acompañarlo en el viaje. Llegó el día señalado. Atravesaron bosques pantanosos y bordearon caudalosos ríos. Sufrieron lluvias torrenciales y nieblas nocturnas y tenebrosas. Por fin llegaron al palacio del rey. Anochecía. El monarca le informó de que era hijo de su hermana. Le asignaron un preceptor. Su vida en palacio era monótona y aburrida. Aún no había cumplido los dieciocho años cuando fue ordenado sacerdote. Siete años después lo hicieron obispo. Se volvió avaricioso y cruel. Se encaprichó de Patricia, joven prostituta lasciva y voluptuosa. Conspiró para enriquecerse. Hizo quemar en la hoguera a un rico mercader para despojarlo de sus posesiones y regalárselas a su amante. Su afán de riquezas no tenía límites. Tuvo tres hijos con ella. A la edad de cincuenta y dos años fue elegido Papa. Se encaprichó de una joven llamada Claudia. Ordenó que asesinaran a Patricia. Tuvo una hija con su nueva amante. Mandó desterrar a sus tres hijos. A los seis años de ser elegido Papa, fue depuesto y encarcelado. El pueblo asaltó la cárcel y lo ataron a la cola de un caballo. Fue arrastrado por las calles de la ciudad. Más de diez horas estuvo el caballo galopando por el empedrado de las calles; lo que quedó de él se lo echaron a los perros.
Se despertó sobresaltado y sudoroso. Oró en su celda en silencio, pidiéndole a Dios perdón por haber obrado tan mal en el sueño. Como todos los días, fue a la biblioteca a copiar algunos libros. Allí estaba cuando Eusebio lo mandó llamar. Había recibido un mensaje del rey de Francia invitándole a visitarlo. Dentro de unos días llegaría el cortejo para acompañarlo en el viaje.
Esa misma noche abandonó el monasterio. Pasó su vida recorriendo los caminos, descalzo. Nunca su corazón ambicionó riquezas ni honores. Gracias a la pobreza y a la humildad salvó su alma.

Eladio Parreño Elías

11-Septiembre-2011

Gran lección que le dió su sueño, de no haber sido
por él que triste habría sido su destino.
Maravilloso escrito mi querido Eladio, te dejo rep.
y estrellas del cielo azul.
Saludos.
 
Una decisión muy inteligente tomar el sueño como un aviso,
la riqueza invita a avaricia y la avaricia a condenar el alma.
Un enriquecedor relato,como siempre,supiste atraparme en la trama de tu historia.
Te felicito,
un beso grande.
 
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Llegó una noche de invierno al monasterio franciscano de Friscalia. Decía desconocer su edad y origen, aunque los frailes supusieron por su forma de hablar que debía pertenecer a una familia noble. No recordaba su nombre, y los frailes decidieron llamarle Hugolino.
Una noche, acostado en su celda, soñó que era requerido por Eusebio, el abad del monasterio. Había llegado un mensaje del rey de Francia, en el que le invitaban a visitarlo. Dentro de unos días llegaría el cortejo para acompañarlo en el viaje. Llegó el día señalado. Atravesaron bosques pantanosos y bordearon caudalosos ríos. Sufrieron lluvias torrenciales y nieblas nocturnas y tenebrosas. Por fin llegaron al palacio del rey. Anochecía. El monarca le informó de que era hijo de su hermana. Le asignaron un preceptor. Su vida en palacio era monótona y aburrida. Aún no había cumplido los dieciocho años cuando fue ordenado sacerdote. Siete años después lo hicieron obispo. Se volvió avaricioso y cruel. Se encaprichó de Patricia, joven prostituta lasciva y voluptuosa. Conspiró para enriquecerse. Hizo quemar en la hoguera a un rico mercader para despojarlo de sus posesiones y regalárselas a su amante. Su afán de riquezas no tenía límites. Tuvo tres hijos con ella. A la edad de cincuenta y dos años fue elegido Papa. Se encaprichó de una joven llamada Claudia. Ordenó que asesinaran a Patricia. Tuvo una hija con su nueva amante. Mandó desterrar a sus tres hijos. A los seis años de ser elegido Papa, fue depuesto y encarcelado. El pueblo asaltó la cárcel y lo ataron a la cola de un caballo. Fue arrastrado por las calles de la ciudad. Más de diez horas estuvo el caballo galopando por el empedrado de las calles; lo que quedó de él se lo echaron a los perros.
Se despertó sobresaltado y sudoroso. Oró en su celda en silencio, pidiéndole a Dios perdón por haber obrado tan mal en el sueño. Como todos los días, fue a la biblioteca a copiar algunos libros. Allí estaba cuando Eusebio lo mandó llamar. Había recibido un mensaje del rey de Francia invitándole a visitarlo. Dentro de unos días llegaría el cortejo para acompañarlo en el viaje.
Esa misma noche abandonó el monasterio. Pasó su vida recorriendo los caminos, descalzo. Nunca su corazón ambicionó riquezas ni honores. Gracias a la pobreza y a la humildad salvó su alma.

Eladio Parreño Elías

11-Septiembre-2011



Dulcinista
me ha encantado, que ingeniosos eres...sabes que acá tuvimos un obispo Hugolino...
Te felicito, dejo estrellas y si me permiten repuntuación
Cariños grandes
Ana
 
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Llegó una noche de invierno al monasterio franciscano de Friscalia. Decía desconocer su edad y origen, aunque los frailes supusieron por su forma de hablar que debía pertenecer a una familia noble. No recordaba su nombre, y los frailes decidieron llamarle Hugolino.
Una noche, acostado en su celda, soñó que era requerido por Eusebio, el abad del monasterio. Había llegado un mensaje del rey de Francia, en el que le invitaban a visitarlo. Dentro de unos días llegaría el cortejo para acompañarlo en el viaje. Llegó el día señalado. Atravesaron bosques pantanosos y bordearon caudalosos ríos. Sufrieron lluvias torrenciales y nieblas nocturnas y tenebrosas. Por fin llegaron al palacio del rey. Anochecía. El monarca le informó de que era hijo de su hermana. Le asignaron un preceptor. Su vida en palacio era monótona y aburrida. Aún no había cumplido los dieciocho años cuando fue ordenado sacerdote. Siete años después lo hicieron obispo. Se volvió avaricioso y cruel. Se encaprichó de Patricia, joven prostituta lasciva y voluptuosa. Conspiró para enriquecerse. Hizo quemar en la hoguera a un rico mercader para despojarlo de sus posesiones y regalárselas a su amante. Su afán de riquezas no tenía límites. Tuvo tres hijos con ella. A la edad de cincuenta y dos años fue elegido Papa. Se encaprichó de una joven llamada Claudia. Ordenó que asesinaran a Patricia. Tuvo una hija con su nueva amante. Mandó desterrar a sus tres hijos. A los seis años de ser elegido Papa, fue depuesto y encarcelado. El pueblo asaltó la cárcel y lo ataron a la cola de un caballo. Fue arrastrado por las calles de la ciudad. Más de diez horas estuvo el caballo galopando por el empedrado de las calles; lo que quedó de él se lo echaron a los perros.
Se despertó sobresaltado y sudoroso. Oró en su celda en silencio, pidiéndole a Dios perdón por haber obrado tan mal en el sueño. Como todos los días, fue a la biblioteca a copiar algunos libros. Allí estaba cuando Eusebio lo mandó llamar. Había recibido un mensaje del rey de Francia invitándole a visitarlo. Dentro de unos días llegaría el cortejo para acompañarlo en el viaje.
Esa misma noche abandonó el monasterio. Pasó su vida recorriendo los caminos, descalzo. Nunca su corazón ambicionó riquezas ni honores. Gracias a la pobreza y a la humildad salvó su alma.

Eladio Parreño Elías

11-Septiembre-2011


Mi querido Dulcinista, qué sueño más afortunado tuvo este hombre. Él le previno de perder todo su ser y encauzar su vida adecuadamente. Eres genial, tu relato engancha y no se puede parar de leer hasta saber cómo concluye la historia. Un placer leerte. Besazos, estrellas y reputación a tus bellísimas letras.
 
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Llegó una noche de invierno al monasterio franciscano de Friscalia. Decía desconocer su edad y origen, aunque los frailes supusieron por su forma de hablar que debía pertenecer a una familia noble. No recordaba su nombre, y los frailes decidieron llamarle Hugolino.
Una noche, acostado en su celda, soñó que era requerido por Eusebio, el abad del monasterio. Había llegado un mensaje del rey de Francia, en el que le invitaban a visitarlo. Dentro de unos días llegaría el cortejo para acompañarlo en el viaje. Llegó el día señalado. Atravesaron bosques pantanosos y bordearon caudalosos ríos. Sufrieron lluvias torrenciales y nieblas nocturnas y tenebrosas. Por fin llegaron al palacio del rey. Anochecía. El monarca le informó de que era hijo de su hermana. Le asignaron un preceptor. Su vida en palacio era monótona y aburrida. Aún no había cumplido los dieciocho años cuando fue ordenado sacerdote. Siete años después lo hicieron obispo. Se volvió avaricioso y cruel. Se encaprichó de Patricia, joven prostituta lasciva y voluptuosa. Conspiró para enriquecerse. Hizo quemar en la hoguera a un rico mercader para despojarlo de sus posesiones y regalárselas a su amante. Su afán de riquezas no tenía límites. Tuvo tres hijos con ella. A la edad de cincuenta y dos años fue elegido Papa. Se encaprichó de una joven llamada Claudia. Ordenó que asesinaran a Patricia. Tuvo una hija con su nueva amante. Mandó desterrar a sus tres hijos. A los seis años de ser elegido Papa, fue depuesto y encarcelado. El pueblo asaltó la cárcel y lo ataron a la cola de un caballo. Fue arrastrado por las calles de la ciudad. Más de diez horas estuvo el caballo galopando por el empedrado de las calles; lo que quedó de él se lo echaron a los perros.
Se despertó sobresaltado y sudoroso. Oró en su celda en silencio, pidiéndole a Dios perdón por haber obrado tan mal en el sueño. Como todos los días, fue a la biblioteca a copiar algunos libros. Allí estaba cuando Eusebio lo mandó llamar. Había recibido un mensaje del rey de Francia invitándole a visitarlo. Dentro de unos días llegaría el cortejo para acompañarlo en el viaje.
Esa misma noche abandonó el monasterio. Pasó su vida recorriendo los caminos, descalzo. Nunca su corazón ambicionó riquezas ni honores. Gracias a la pobreza y a la humildad salvó su alma.

Eladio Parreño Elías

11-Septiembre-2011
si tuvieramos esos sueños, no seriamos lo que somos ahora, talvez seríamos gentes de bien... bueno , el que este libre de pecado... ya saben... saludos...
 
Excelente relato... los sueños son avisos o premoniciones que nos alertan lo que se nos viene o lo que puede suceder. Así como Hugolino salvó su alma a tiempo, esperemos que podamos formar parte del grupo de escogidos. Estrellas y muchos saludos.
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Llegó una noche de invierno al monasterio franciscano de Friscalia. Decía desconocer su edad y origen, aunque los frailes supusieron por su forma de hablar que debía pertenecer a una familia noble. No recordaba su nombre, y los frailes decidieron llamarle Hugolino.
Una noche, acostado en su celda, soñó que era requerido por Eusebio, el abad del monasterio. Había llegado un mensaje del rey de Francia, en el que le invitaban a visitarlo. Dentro de unos días llegaría el cortejo para acompañarlo en el viaje. Llegó el día señalado. Atravesaron bosques pantanosos y bordearon caudalosos ríos. Sufrieron lluvias torrenciales y nieblas nocturnas y tenebrosas. Por fin llegaron al palacio del rey. Anochecía. El monarca le informó de que era hijo de su hermana. Le asignaron un preceptor. Su vida en palacio era monótona y aburrida. Aún no había cumplido los dieciocho años cuando fue ordenado sacerdote. Siete años después lo hicieron obispo. Se volvió avaricioso y cruel. Se encaprichó de Patricia, joven prostituta lasciva y voluptuosa. Conspiró para enriquecerse. Hizo quemar en la hoguera a un rico mercader para despojarlo de sus posesiones y regalárselas a su amante. Su afán de riquezas no tenía límites. Tuvo tres hijos con ella. A la edad de cincuenta y dos años fue elegido Papa. Se encaprichó de una joven llamada Claudia. Ordenó que asesinaran a Patricia. Tuvo una hija con su nueva amante. Mandó desterrar a sus tres hijos. A los seis años de ser elegido Papa, fue depuesto y encarcelado. El pueblo asaltó la cárcel y lo ataron a la cola de un caballo. Fue arrastrado por las calles de la ciudad. Más de diez horas estuvo el caballo galopando por el empedrado de las calles; lo que quedó de él se lo echaron a los perros.
Se despertó sobresaltado y sudoroso. Oró en su celda en silencio, pidiéndole a Dios perdón por haber obrado tan mal en el sueño. Como todos los días, fue a la biblioteca a copiar algunos libros. Allí estaba cuando Eusebio lo mandó llamar. Había recibido un mensaje del rey de Francia invitándole a visitarlo. Dentro de unos días llegaría el cortejo para acompañarlo en el viaje.
Esa misma noche abandonó el monasterio. Pasó su vida recorriendo los caminos, descalzo. Nunca su corazón ambicionó riquezas ni honores. Gracias a la pobreza y a la humildad salvó su alma.

Eladio Parreño Elías

11-Septiembre-2011
 
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Llegó una noche de invierno al monasterio franciscano de Friscalia. Decía desconocer su edad y origen, aunque los frailes supusieron por su forma de hablar que debía pertenecer a una familia noble. No recordaba su nombre, y los frailes decidieron llamarle Hugolino.
Una noche, acostado en su celda, soñó que era requerido por Eusebio, el abad del monasterio. Había llegado un mensaje del rey de Francia, en el que le invitaban a visitarlo. Dentro de unos días llegaría el cortejo para acompañarlo en el viaje. Llegó el día señalado. Atravesaron bosques pantanosos y bordearon caudalosos ríos. Sufrieron lluvias torrenciales y nieblas nocturnas y tenebrosas. Por fin llegaron al palacio del rey. Anochecía. El monarca le informó de que era hijo de su hermana. Le asignaron un preceptor. Su vida en palacio era monótona y aburrida. Aún no había cumplido los dieciocho años cuando fue ordenado sacerdote. Siete años después lo hicieron obispo. Se volvió avaricioso y cruel. Se encaprichó de Patricia, joven prostituta lasciva y voluptuosa. Conspiró para enriquecerse. Hizo quemar en la hoguera a un rico mercader para despojarlo de sus posesiones y regalárselas a su amante. Su afán de riquezas no tenía límites. Tuvo tres hijos con ella. A la edad de cincuenta y dos años fue elegido Papa. Se encaprichó de una joven llamada Claudia. Ordenó que asesinaran a Patricia. Tuvo una hija con su nueva amante. Mandó desterrar a sus tres hijos. A los seis años de ser elegido Papa, fue depuesto y encarcelado. El pueblo asaltó la cárcel y lo ataron a la cola de un caballo. Fue arrastrado por las calles de la ciudad. Más de diez horas estuvo el caballo galopando por el empedrado de las calles; lo que quedó de él se lo echaron a los perros.
Se despertó sobresaltado y sudoroso. Oró en su celda en silencio, pidiéndole a Dios perdón por haber obrado tan mal en el sueño. Como todos los días, fue a la biblioteca a copiar algunos libros. Allí estaba cuando Eusebio lo mandó llamar. Había recibido un mensaje del rey de Francia invitándole a visitarlo. Dentro de unos días llegaría el cortejo para acompañarlo en el viaje.
Esa misma noche abandonó el monasterio. Pasó su vida recorriendo los caminos, descalzo. Nunca su corazón ambicionó riquezas ni honores. Gracias a la pobreza y a la humildad salvó su alma.

Eladio Parreño Elías

11-Septiembre-2011


Hola,
A veces mientras se sueña,
se va adquiriendo la lección,
Reconozco que eres fenomenal
en la creación de personajes.
Hoy intentaré dormir temprano para
no tener pesadillas.
Un gusto leerte
Saludos y estrellas
¡SONRIE!
 
Querido Amigo Eladio. Como siempre, me engancho a fondo, con tus hermosas historias
Siempre nos dejas, un mensaje, en tus escritos. Te mando Estrellas Reputación.
Besos y Abrazos Uruguayos Blanca
 
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