danie
solo un pensamiento...
El mar no es mar, solo un manto de arena,
si miro al océano comprendo
que solo es un inmenso depósito
que alberga a cientos de despojos decadentes
de estos miserables fósiles muertos.
Pronto alzo la vista y observo el cielo,
el cielo no es el cielo, el color añil esta disperso,
fue desterrado por un luctuoso gris perenne.
Las alturas no son las cumbres
del inalcanzable y perdurable edén,
solo hay un velo que nos sofoca con el humo dispersado
por las chimeneas nefastas del urbanismo.
¡Que tedioso contexto nada es lo que parece!
El pasto brilla en la noche
por un color áureo flúorescente
creciendo espesamente
por la tierra árida y desierta.
Escuchó un estruendo,
al horizonte veo un hongo expansivo,
que en un santiamén arrasa mi cuerpo
con una braza de ardor
despojándome la carne de los huesos…
¿Mi dama dónde está?
En un viejo tugurio, aislada de la conciencia del mundo.
Y en esa me surge una migraña
que me desgarra el cerebelo de la raíz,
es que no puedo verte ahí,
sentada con tu mirada cismática, tan indiferente…
Abierta de piernas ante el primer mozo que le hace reverencia.
¡Es que estoy aquí, no me ves!
¡No te hagas la boluda que no te queda!
Es inútil que grite, es como gritarle a mi propio espejo…
Su reflexión flemática es la ruina de mi propio ego.
Así es mi vida día a día, nada es lo que parece,
salvo que soy un cornudo muy consciente.
A veces pienso que es mejor haberme quedado
cuando Chernóbil explotó.
si miro al océano comprendo
que solo es un inmenso depósito
que alberga a cientos de despojos decadentes
de estos miserables fósiles muertos.
Pronto alzo la vista y observo el cielo,
el cielo no es el cielo, el color añil esta disperso,
fue desterrado por un luctuoso gris perenne.
Las alturas no son las cumbres
del inalcanzable y perdurable edén,
solo hay un velo que nos sofoca con el humo dispersado
por las chimeneas nefastas del urbanismo.
¡Que tedioso contexto nada es lo que parece!
El pasto brilla en la noche
por un color áureo flúorescente
creciendo espesamente
por la tierra árida y desierta.
Escuchó un estruendo,
al horizonte veo un hongo expansivo,
que en un santiamén arrasa mi cuerpo
con una braza de ardor
despojándome la carne de los huesos…
¿Mi dama dónde está?
En un viejo tugurio, aislada de la conciencia del mundo.
Y en esa me surge una migraña
que me desgarra el cerebelo de la raíz,
es que no puedo verte ahí,
sentada con tu mirada cismática, tan indiferente…
Abierta de piernas ante el primer mozo que le hace reverencia.
¡Es que estoy aquí, no me ves!
¡No te hagas la boluda que no te queda!
Es inútil que grite, es como gritarle a mi propio espejo…
Su reflexión flemática es la ruina de mi propio ego.
Así es mi vida día a día, nada es lo que parece,
salvo que soy un cornudo muy consciente.
A veces pienso que es mejor haberme quedado
cuando Chernóbil explotó.
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