Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
EL TEMOR EN CIERTOS DÍAS
Sucede que el temor de perderte muerde a veces mi silencio
que escapa de incógnito por la entrada verdadera,
y que suele volver al sitio, en muecas frecuentadas en el espejo.
Son esos ciertos días, en los que salgo por la senda sin retorno,
cuando me inclino por volver sorteando medulosos precipicios.
Mi temor es tan dañino que me agarra como un tigre que no suelta,
se desdobla en dos o más y no quiere escuchar mi música pacífica.
Es consciente de su poder inusitado y de nuevo le temo pues no
pierde ocasión de perseguirme hasta que me acorrala...
Hay ciertos días en los cuales al precipitarme por la senda antes
mencionada, las notas se hacen armoniosas y relajadas,
pero no hay caso, tus ausencias me desbastan, sobretodo me
conturba no lograr memorar tu última mirada...
Hay ciertos días que dejo mis ropas, pero no puedo dejar mi
morada. Allí, hundido en la fragancia de tu almohada imploro
tu perdón, esperando no decir más nada...
Luego, ese temor cierto día clausuró mi vida, la dejó sin arrogancia
desde la última lluvia, cuando te abandoné inundada en lágrimas.
Sucede que el temor de perderte muerde a veces mi silencio
que escapa de incógnito por la entrada verdadera,
y que suele volver al sitio, en muecas frecuentadas en el espejo.
Son esos ciertos días, en los que salgo por la senda sin retorno,
cuando me inclino por volver sorteando medulosos precipicios.
Mi temor es tan dañino que me agarra como un tigre que no suelta,
se desdobla en dos o más y no quiere escuchar mi música pacífica.
Es consciente de su poder inusitado y de nuevo le temo pues no
pierde ocasión de perseguirme hasta que me acorrala...
Hay ciertos días en los cuales al precipitarme por la senda antes
mencionada, las notas se hacen armoniosas y relajadas,
pero no hay caso, tus ausencias me desbastan, sobretodo me
conturba no lograr memorar tu última mirada...
Hay ciertos días que dejo mis ropas, pero no puedo dejar mi
morada. Allí, hundido en la fragancia de tu almohada imploro
tu perdón, esperando no decir más nada...
Luego, ese temor cierto día clausuró mi vida, la dejó sin arrogancia
desde la última lluvia, cuando te abandoné inundada en lágrimas.
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