E.Fdez.Castro
Poeta que considera el portal su segunda casa
EL TESORO DE RANDE
Nunca jamás han cruzado los mares
tantos bajeles colmados de plata
que protegidos por franca fragata
han convertido la Ría en anclares.
Una británica flota sin pares
con almirante gotoso en la pata,
tal bucanero de barco pirata
arremetió con cañón, a millares.
Pero llegaron un mes con retraso,
y los tesoros cogieron camino
rumbo a Madrid en los carros al paso.
Y los franceses con tal desatino
que transformaron ventaja en fracaso
porque debía importarle un comino.
Castro. 6 de octubre del 2012.
[h=2]Epílogo:
[/h] [h=2]La Batalla de Rande:[/h] [h=2]En la mañana de 22 de septiembre del 1702, el príncipe de Barbanzón, capitán general de Galicia, ve pasar por las islas Cíes en dirección a Vigo cuarenta navíos con su velas desplegadas transportando un cargamento en oro y plata equivalente a 50.000 millones de euros, al cambio actual, procedente de las islas occidentales de América. El 27 de este mes ya se procedió a transportarlo a Madrid en unos mil carros de bueyes. [/h] [h=2]El 22 de Octubre de 1702 la Ría vivió un suceso bélico que tuvo una gran repercusión en Europa, la famosa batalla del estrecho de Rande. Tras dicho estrecho se había refugiado la flota hispano-francesa de la que formaban parte diecinueve galeones cargados de oro y plata procedentes de las posesiones españolas en América.[/h] [h=2]Aquellos galeones y los barcos de guerra franceses, que los protegían, se rindieron sin disparar un solo cañonazo, fueron atacados y casi todos hundidos por una gran escuadra, (tres veces mayor), anglo holandesa capitaneada por el almirante George Rooke que padecía un gran ataque de gota. Buena parte de los tesoros se fueron al fondo lodoso de la Ría, donde se supone que todavía permanecen tras los muchos intentos de rescate que tuvieron lugar a lo largo de los Siglos XVIII y XIX.[/h] [h=2]Parte del oro y la plata se pudo salvar, otra se hundió y una tercera fue el botín de los vencedores. Con el oro de Rande se acuñaron en Inglaterra monedas de cinco, una y media guineas; con las de plata de una corona, media corona, un chelín y seis peniques, todas con la efigie de la Reina Ana en su anverso. Circularon a lo largo de muchos años.[/h] [h=2]Ana Mª García-Junco del Pino (Historiadora y documentalista)[/h]
Nunca jamás han cruzado los mares
tantos bajeles colmados de plata
que protegidos por franca fragata
han convertido la Ría en anclares.
Una británica flota sin pares
con almirante gotoso en la pata,
tal bucanero de barco pirata
arremetió con cañón, a millares.
Pero llegaron un mes con retraso,
y los tesoros cogieron camino
rumbo a Madrid en los carros al paso.
Y los franceses con tal desatino
que transformaron ventaja en fracaso
porque debía importarle un comino.
Castro. 6 de octubre del 2012.
[h=2]Epílogo:
[/h] [h=2]La Batalla de Rande:[/h] [h=2]En la mañana de 22 de septiembre del 1702, el príncipe de Barbanzón, capitán general de Galicia, ve pasar por las islas Cíes en dirección a Vigo cuarenta navíos con su velas desplegadas transportando un cargamento en oro y plata equivalente a 50.000 millones de euros, al cambio actual, procedente de las islas occidentales de América. El 27 de este mes ya se procedió a transportarlo a Madrid en unos mil carros de bueyes. [/h] [h=2]El 22 de Octubre de 1702 la Ría vivió un suceso bélico que tuvo una gran repercusión en Europa, la famosa batalla del estrecho de Rande. Tras dicho estrecho se había refugiado la flota hispano-francesa de la que formaban parte diecinueve galeones cargados de oro y plata procedentes de las posesiones españolas en América.[/h] [h=2]Aquellos galeones y los barcos de guerra franceses, que los protegían, se rindieron sin disparar un solo cañonazo, fueron atacados y casi todos hundidos por una gran escuadra, (tres veces mayor), anglo holandesa capitaneada por el almirante George Rooke que padecía un gran ataque de gota. Buena parte de los tesoros se fueron al fondo lodoso de la Ría, donde se supone que todavía permanecen tras los muchos intentos de rescate que tuvieron lugar a lo largo de los Siglos XVIII y XIX.[/h] [h=2]Parte del oro y la plata se pudo salvar, otra se hundió y una tercera fue el botín de los vencedores. Con el oro de Rande se acuñaron en Inglaterra monedas de cinco, una y media guineas; con las de plata de una corona, media corona, un chelín y seis peniques, todas con la efigie de la Reina Ana en su anverso. Circularon a lo largo de muchos años.[/h] [h=2]Ana Mª García-Junco del Pino (Historiadora y documentalista)[/h]